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Roberto

Por Jorge Chessal Palau

Marzo 29, 2021 03:00 a.m.

Mi amigo Roberto García, Alarcón ha dejado de estar con nosotros, luego de enfrentar de manera valiente, con templanza y sobrehumana fortaleza, una enfermedad que lo fue minando en su salud desde hace ya un tiempo, pero que nunca logro tocar su espíritu.

Hombre de familia, expresión que con él alcanzaba su más pura y acabada esencia, nunca se rindió ante la adversidad, siempre con la mirada al frente y la cabeza erguida, dispuesto a soportar lo insoportable y tolerar lo intolerable, con el silencio guardado donde no se echara de ver, oculto a los ojos de los demás.

Fue precisamente su familia, Gilda, Renata y Romina, el motor que le mantenía en pie, desde siempre, mucho antes de que la salud empezara a jugarle una mala pasada. Siempre todo por ellas, siempre todo con ellas, siempre todo para ellas.

En el conocí a uno de los más ingeniosos sentidos del humor con los que me he cruzado en mi vida. Hablar con el hacía imposible la seriedad, pues aún en los momentos de la conversación más formal, en el entorno más solemne, siempre tenía la observación precisa, la broma inteligente, el comentario perfecto para demostrar que la vida, sin sonreír, poco vale. Eso sí, jamás supe que ofendiera, que lastimara con sus palabras, que con ellas causara malestar o agravio, pues la risa era de todos y no monopolio de nadie. 

Trabajador como pocos, siempre encontraba tiempo para ser un hombre hogareño. Si había que salir temprano y tomar carretera para alguna obra en curso, siempre se las arreglaba para estar de regreso pronto, con la misión cumplida, para convivir con su esposa y sus hijas, a quienes no robaba nunca ni un minuto del tiempo que podía estar con ellas. 

Pareciera que cuando alguien nos adelanta en el camino, estuviéramos obligados a decir lo mejor, a solo recordar lo bueno y ocultar bajo la alfombra lo malo. En el caso de Roberto, así debo confesarlo y me hago responsable de mis recuerdos y palabras, no tengo presente una sola desavenencia, alguna discusión o incluso alguna controversia, salvo por alguna preferencia diversa en cuanto a algún equipo deportivo o respecto a si tal o cual juego de video era mejor, más entretenido o con mayor dificultad. Me disculpo con el lector si acaso duda de mis palabras, pero no puedo escribir lo que nunca pasó.

Aristóteles escribió que: “Sin amigos nadie querría vivir, aunque tuviera todos los otros bienes; incluso los que poseen riquezas, autoridad o poder, parece que necesitan sobre todo amigos; porque ¿de qué sirve esta abundancia de bienes sin la oportunidad de hacer el bien, que es la más ejercitada y la más laudable hacia los amigos? ¿O cómo podrían esos bienes ser guardados y lo preservados sin amigos? Pues cuanto mayores son, tanto más inseguros. En la pobreza y en las demás desgracias, consideramos a los amigos como el único refugio. Los amigos ayudan a los jóvenes a guardarse del error; y ayudan a los viejos, los cuales, a causa de su debilidad, necesitan asistencia y ayuda adicional para sus acciones; y los que están en la flor de la vida les prestan apoyo para las nobles acciones. “Dos marchando juntos”, pues con amigos los hombres están más capacitados para pensar y actuar”.

Con Roberto estas palabras cobraban especial relevancia. Sabía ser amigo de sus amigos, sabía construir puentes con las personas desde la primera impresión, sabía edificar afectos, sabia compartir, sabia acompañar, sabia ayudar. Lo que no supo, tal vez, es la cantidad de corazones que dejó tocados a su paso, el enorme número de personas que, por siempre, guardaremos un grato recuerdo de haberlo conocido. 

Yo, en lo personal, me quedo con la enseñanza de una persona que, ante lo adverso, tuvo la osadía de querer luchar hasta el final y no rendirse, por malos que fueran los augurios; me quedo con la satisfacción de haberle confesado mi admiración por su valentía; me quedo con el alto honor de que me considerara su amigo.

Hasta siempre, Roberto.

@jchessal