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Rodada urbana

Por Óscar G. Chávez

Febrero 26, 2022 03:00 a.m.

La principal oferta de Enrique Galindo como candidato en búsqueda de la alcaldía fue la de la seguridad; proteger a la capital de los embates de la delincuencia que en los últimos trienios municipales afectó de manera constante a la ciudad fue su promesa.

Nadie cuestionaba su trayectoria y capacidad, los problemas de San Luis Potosí  no le resultaban desconocidos; parte del origen del famoso combo de candidatos (del que nunca supimos si era la carne, el pan o las papas) se encontraba en su desempeño como director de Seguridad Pública municipal en el trienio de Octavio Pedroza. Luego, es sabido por todos, ocupó la secretaría de Seguridad Pública estatal y durante cuatro años del sexenio de Peña Nieto dirigió a la Policía Federal Preventiva.            

La promesa de seguridad para la ciudad no era cosa nueva. En el último año del sexenio de Fernando Toranzo se desplegaron por toda la ciudad elementos de la Policía Federal que se esforzaban en hacernos ver y entender que su tránsito en esta ciudad obedecía al interés que por ella manifestaba “el jefe Galindo”. La estrategia de destape, más que evidente, pudo haber funcionado pero se atravesó Juan Manuel Carreras.

Ya durante la contienda electoral del 2021 absurdo resultaba dudar de la capacidad del hombre sobre el que había recaído la mayor parte de la seguridad nacional; la mano dura con la que controló, sofocó y reprimió diversas protestas sociales, lejos de causar animadversión generaban simpatía. Era lo que la capital potosina necesitaba, el boleto premiado que todos habían buscado.

Aunque prudente en su discurso de campaña, la lengua resultó más rápida que su capacidad de análisis; quizá supuso que, dados los desaciertos cometidos por su antecesor, la tarea resultaría fácil. Después de Nava (en niño Montessori jugando a ser político) cualquiera podría ser alcalde.

Llegó, sí, y los desaciertos comenzaron; el primero, el más grave, fue el haber limitado al máximo la capacidad operativa dentro del Ayuntamiento del partido que le dio la mayoría de votos, Acción Nacional. Después, la incapacidad de oponerse a los dichos y hechos del todopoderoso gobernador, quien desde el momento que fue invitado a la toma de posesión del alcalde, le hizo ver que le daría oportunidad de administrar su ciudad. 

Novedosas patrullas que fueron presentadas rumbosamente ya recorren las calles; se nos dijo que eran de primer mundo (cosa que nos resulta difícil entender a quienes jamás hemos traspasado las fronteras del estado), que con ellas y la ortografía la delincuencia se mantendría a raya. Después, un gobernador que seguro por no saber de ortografía y mensajes positivos, descalificó el arrendamiento; oficiales de policía de tercer mundo que al pretender conducirlas como si fueran en primer mundo, han protagonizado ya dos absurdos percances; un alcalde que dice que éstos ocurren en medio de complicados operativos al servicio de la ciudadanía, videos que demuestran lo contrario. Una delincuencia que, lejos de ser impresionada por el mensaje subliminal poliSíaco, cada día incrementa. Una ciudad insegura y caótica. 

Ser el gran jefe policiaco y presidente de Ameripol, no garantiza en absoluto ser un buen alcalde. Colaboradores ineficientes que deben su encargo no a la capacidad, sino a las cuotas partidistas; de entre ellos, bocones que en el pasado despotricaban contra la autoridad, y que hoy al verse evidenciados como inútiles, renuncian; problemas que incrementan al diario. 

Media ciudad sin agua y un  responsable del organismo encargado de suministrarla que diario aparece en calidad de plañidera, dando cuenta a la ciudadanía de un nuevo desperfecto en el famoso ducto de El Realito. Y todo parecía tan fácil. 

Una denuncia por malos manejos de recursos públicos amenaza a su secretario del Ayuntamiento; para los que llegaron tarde a la función vale la pena recordar que Fernando Chávez, el aludido, como secretario de Comunicaciones y Transportes en el sexenio pasado, se desentendió, mostro permisivo o incluso actuó con complicidad en el asunto del metrobús que comunicaría el centro de la ciudad con la zona industrial.

Quizá si lo apartara un poco de su lado (aunque un mucho sería mejor) cambiarían un poco las cosas en esta administración. En el pecado de mantenerlo en el puesto, ya que no reunía las características  fijadas por la ley para ocuparlo, ha llevado y llevará la penitencia. El precio de la arrogancia.  

Ayer Enrique Galindo experimentó el primer revés de su administración, dentro de la propia casa, cuando los regidores de los partidos Acción Nacional y Verde le cuestionaron las facultades extraordinarias que pretendía se le otorgaran. Cuesta creer que no los haya podido ilustrar adecuadamente antes de la sesión de Cabildo el costoso despacho de abogados que lo asesora.

Lo anterior resulta curioso, ya que por un lado son los regidores del partido que mayoritariamente lo llevó a la alcaldía, y por el otro son los del partido del gobernador su amigo. Facturas pendientes, mensajes precisos.

La popularidad de Galindo decrece, su imagen se deteriora a pasos agigantados, ni las ridículas fotografías que en redes sociales lo presumen como un virtuoso del ciclismo logran levantarlo y aunque caiga más, San Luis Potosí no es Nochixtlán.  

Gracias por la lectura. Pronta recuperación al periodista Juan José Rodríguez Medina, amigo y maestro que aunque distante, cercano.