Semáforo de detrimento
Continúa en el misterio, o resguardada bajo total seguridad en alguna bóveda bancaria, la metodología que se empleó para evaluar a los funcionarios del gabinete estatal; aunque es muy probable que nunca nos enteremos, y no por la seguridad que amerita, incluso ni siquiera por la falta de transparencia que caracteriza a esta administración, sino más bien porque todo debe ser una ocurrencia más del gobernador.
Todos en San Luis lo hemos escuchado decir que la gente pide, que la gente quiere, que las encuestas, que las necesidades, que las preguntas que se han hecho, que las encuestas, pero nunca ha sustentado sus dichos o remitido a alguna metodología confiable. Recordemos, por ejemplo, aquella ocasión en que dijo que el 90% de los potosinos estaban de acuerdo con aplicar la pena de muerte y castración a violadores. Por cierto, ¿qué ha pasado con esa iniciativa de ley que incluso iba a ser propuesta a nivel nacional?
En el llamado Semáforo estatal de rendimiento gubernamental (¡vaya alarde de creatividad!), que más bien parece una alerta epidemiológica, se evalúan 43 entidades del Ejecutivo, sobre las que se utilizan los colores de los semáforos viales para enfatizar los resultados obtenidos por esas dependencias, quién sabe desde cuándo, hasta esta semana; así, el verde se utiliza para aquellas que han presentado (según el gober) resultados óptimos o según lo ahí dicho, rendimiento alto, en tanto que el amarillo resalta el rendimiento medio, el naranja el bajo, y el rojo insuficiente.
El verde fue alcanzado por 19 dependencias, a saber: General de Gobierno, Contraloría, Oficialía Mayor, Desarrollo agropecuario, Desarrollo económico, Desarrollo social, Desarrollo urbano, Educación, Finanzas, Seguridad, Turismo, Salud, Centro de Convenciones, Instituto de capacitación para el trabajo, Instituto de las Mujeres, Seer, Cobach, Protección Civil, y DIF. Muchos de estos pudieran objetarse y es fácil darnos cuenta que están maquillados, pero se pueden explicar desde dos ópticas: ser sus cotos privados y guardar distancia para que no le avienten el arpa. Hay dos excepciones: Desarrollo económico y Salud, en la que los titulares y su equipo hacen bien su chamba.
La General, desde luego es otra cosa (¡miren qué lindo es Lupe!) y ni modo que lo desconociera; pero, nadie con un mínimo de percepción de la realidad, aceptaría que Seguridad ha realizado una labor sobresaliente, definitivamente es la dependencia que más deja qué desear. Otras, como Contraloría, Oficialía, y Finanzas, le han maquillado de tal forma las cuentas que de alguna forma había qué reconocer; pero que no nos diga que Turismo o el Icat son una maravilla, cuando allá la secretaria nada más le falta proponer regatas en el río Santiago, y en éste no han hecho otra cosa que saquearlo (una caja chica más).
Los resaltados en amarillo, que son los de rendimiento medio, también son los más abundantes: Cultura, Trabajo, Gobernación, Catastro, Migración, Archivo histórico, CEA, Consejo estatal de Población, Pensiones, Caminos, Fenapo, Consejo estatal de Seguridad pública, parques Tangamanga, Sifide, Inpode, Inpojuve, Consejo de patrimonio de áreas y Centros históricos, Registro Civil, Vivienda, Promotora, Pueblos Indígenas, y Fortalecimiento de los municipios; 22 en total que difícilmente alguien cree que (salvo el Archivo Histórico y los Tangamanga) puedan tener algún rendimiento. Por ejemplo, nadie creería que Pensiones hace buen trabajo, en tanto que Cultura es una nulidad, y qué lástima porque entre quienes dirigen operaciones se encuentren los hermanos Gamboa López, de quienes se hubiera esperado (por razones obvias) mucho más.
Por último, un solo apartado en naranja, para Comunicaciones, y otro en rojo para Ecología. Del primero, aunque hubiera mucho que decir, no se lo quiere decir (si no es miedo al menos es precaución), así que mejor le enseña colorcitos; en el caso de Ecología bien pudiera pensarse que deriva de los reveses que ha sufrido esta dependencia por los recursos interpuestos por el abogado ambientalista Luis González Lozano, quien les ha hecho ver en repetidas ocasiones que no sirven para nada.
Si bien, muchos ya debían haber renunciado, jugándole al misterio del conejo se fingen daltónicos, ya que a nadie le gusta reconocer que no se tiene la capacidad para desempeñar la función. Pero, también, es más que evidente que (aparte de no tener más que un perfil empírico) no reciben el suficiente apoyo logístico ni económico, la ordeña presupuestal sigue a todo lo que da.



