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SOLUCIONES, NO PLEITOS

Por Juan José Rodríguez

Mayo 11, 2023 03:00 a.m.

A

Conchalupe, para ti y los tuyos un gran abrazo cargado de afecto, de todos nosotros.

En lo que hace al abasto de agua potable en esta capital y su zona conurbada, lo peor que nos podía ocurrir a sus habitantes es justamente lo que nos está ocurriendo: que un problema esencialmente técnico, financiero y jurídico esté convertido en motivo de una malhadada disputa política y burocrática entre los tres niveles de gobierno. Ese actual estado de cosas amenaza con agravar más la problemática, antes de resolverla.

Uno esperaría que habida cuenta de que se trata de un problema que de una u otra forma los involucra a todos, llevarían días sentados a la misma mesa el gobernador y su director de la Comisión Estatal del Agua, el alcalde y el director del Interapas, y el delegado de la Comisión Nacional del Agua con sus mejores técnicos. A como están las cosas, resulta mucho pedir. Eso no lo veremos, salvo que obrara un milagro.

Sobre todo por lo que hace al Gobierno estatal y la Presidencia Municipal de la capital, es evidente, evidentísimo, que les interesa más hacerse daño, políticamente hablando, el uno al otro y viceversa, que responsablemente buscar juntos una solución. 

Dice el gobernador Gallardo que él quiere ayudar y que tiene con qué, pero que no lo ha hecho porque el alcalde Galindo no se lo ha pedido en determinada forma ni le ha mostrado y explicado un plan completo que lo convenza. Éste responde que el que quiere ayudar, ayuda.

Aquí hay un dato tan obvio y relevante que a manera del elefante en la sala es ridículo que nadie lo haya mencionado: la bronca es entre dos actores políticos que alguna vez se llevaron más o menos bien pero que traen ratos distanciados y cada vez más confrontados, pero que lo cierto e importante hoy es que sus diferencias perjudican a decenas o centenas de miles de potosinos que padecen escasez o falta total de agua.

Dicho de otra forma, si Gallardo y Galindo quieren partirse y repartirse su sacratísima crisma, muy su gusto, a condición de que en el proceso no causen penurias, molestias o adversidades a gente de a pie que nada tiene que ver con sus riñas preelectorales.

Para enredar más el enredo, la instancia federal directamente involucrada, la Comisión Nacional del Agua, agarró pleito con el gobierno estatal luego de que Gallardo Cardona informara equivocadamente al presidente López Obrador -por ignorancia o por perversidad, da lo mismo- que lo de cancelar la concesión del acueducto de El Realito lo estaba viendo el director de esa dependencia, Germán Martínez Santoyo, lo cual era y es absolutamente falso. El contrato con la empresa Aquos lo firmó la CEA sin que su homóloga federal tuviera nada que ver. Tan serio fue el disgusto en Conagua que días más tarde del desatinado informe del mandatario potosino al jefe del Ejecutivo Federal, Martínez Santoyo vino a esta ciudad, se reunió largas horas con el personal de su delegación estatal y se fue, haciendo notorio que ni por teléfono buscó comunicarse con Gallardo Cardona.

De esa reunión, lo único que ha trascendido es que la Conagua se propone cumplir con su obligación de reparar la cortina de la presa, que está bajo su jurisdicción, pero dejando enfáticamente en claro que todo lo que tiene que ver con el ducto -desde la corrección de sus fallas hasta la eventual rescisión del contrato respectivo- es única y exclusivamente responsabilidad de la administración gallardista. Ni siquiera el ayuntamiento de la capital tiene vela en ese entierro.

Desde otra perspectiva, si en lugar de andar de rijosos todos los involucrados tuvieran un mínimo de voluntad de coordinación, cooperación y solidaridad, lo menos que con algo de visión de futuro podrían estar iniciando sería una intensa y extensa (y ojalá también inteligente) campaña de comunicación masiva para fomentar una mejor cultura del agua. Hasta donde recuerdo, hace muchos años, décadas, que no se emprende una labor así, que oriente sobre mejores hábitos de consumo y conservación del vital líquido. A lo mejor es mucho pedirles, pero nada se pierde.

A fuer de ser honesto, no sé qué cantidad o porcentaje sea, pero me quedo con la reconfortante idea de que muchos potosinos, incluso aquellos que no han padecido ni padecerán escasez de agua, tienen muy claro qué papel y por cuáles intereses está jugando cada uno de los actores de esta obra.

Es ineludible también la convicción de que una problemática que afecta, que causa daño a miles de familias potosinas, no está siendo ni eficaz ni éticamente atendido por los responsables de hacerlo.

PROPAGANDA PARA BOBOS

Es un documento que entiendo tiene más de un año de formulado y distribuido, pero hasta muy recientemente tuve un ejemplar en mis manos. No tiene un título propiamente dicho, al menos en las fotocopias que me proporcionaron, pero se trata de una especie de manual de estilo elaborado por encargo de la Coordinación General de Comunicación Social del Gobierno del Estado, de observancia obligatoria para todas las dependencias y organismos del Ejecutivo. 

Es un trabajo bastante profesional y bien hecho. Incluye orientaciones y prescripciones muy de actualidad. Por ejemplo, para el uso del lenguaje incluyente, con propuestas concretas para evitar el masculino genérico. También, hay aportaciones expertas para referirse con corrección política a los pueblos indígenas, y a las niñas, los niños y los adolescentes.

Pero la cosa se pone mejor cuando bajo el rubro “Recomendaciones para la elaboración de boletines”, se encuentran instrucciones tan precisas como chocantes. Por ejemplo, “El primer párrafo debe contener la idea principal del comunicado y debe incluir al Gobernador del Estado Ricardo Gallardo Cardona, como propulsor de las acciones, logros e iniciativas”. (El subrayado es nuestro).

Luego viene otra indicación que según lo que vemos en el día a día, se cumple con puntualidad: “Hasta en tanto no se emita contraorden, los boletines deberán contener las ideas-fuerza del discurso pronunciado durante la toma de protesta del Gobernador”. Estas son, seguro usted ya lo adivinó: “Herencia Maldita”, “Convocatoria al cambio urgente y necesario”, “Inicio de la transformación que nuestra sociedad esperaba”, “El esfuerzo de las y los potosinos ya no será en vano” y (esto es tan sensacional como increíble) “¡Este es el momento de la reconciliación, dejemos atrás las diferencias!” (los signos de admiración y el subrayado son nuestros). Lo cierto es que esta última idea-fuerza ya casi no lo utilizan. Sería mucho burlarse del respetable.

Finalmente, en el documento encontramos una prescripción que sin duda es observada rigurosamente (asumo que las sanciones por no hacerlo deben ser terribles): “Establecer como regla ineludible que los aciertos se atribuyen al Gobernador. Cuando se redacten boletines justificativos, aclarativos o se responda a alguna crítica, las y los titulares (de las dependencias) deben asumir la responsabilidad”.

O séase, Ricardo Gallardo, por lo menos para sus subordinados, nunca se equivoca, nunca hace aclaraciones y menos da explicaciones. Ya lo sabíamos.

Lo que sí, que a la luz de este instructivo para los comunicadores de la administración gallardista, nos queda más claro todavía que el uso de ciertas expresiones (como la muy frecuente de “La Herencia Maldita”), no responde ni a una convicción profunda ni a una expresión espontánea. Es la repetición cual periquitos de frases hechas, preparadas en despachos de comunicación política. Es el caso de la muy apresurada “Ya se nota”, lanzada a todo trapo cuando el sexenio iba en su primer semestre.

En resumen, la comunicación oficial impulsada desde Palacio no es información tal cual sino subterfugios de propaganda cada vez menos disfrazados. Poco hay ahí de genuino, de confiable, de creíble. Los boletines no reflejan la realidad, intentan burdamente crear un mundo de fantasías gallardistas. 

COMPRIMIDOS

Es obvio que nadie oculta lo que hace bien, al contrario, muchos tienden a difundirlo, a presumirlo. Si alguna entidad gubernamental, obligada por la ley y por la ética, se niega a hacer pública la información de su responsabilidad, es evidente que algo tiene que ocultar. La Secretaría de Finanzas lleva más de siete meses sin transparentar el ejercicio del gasto público. ¿Qué oculta? Nada bueno, téngalo usted por seguro.

Cosas que no checan: En su penúltima visita a San Luis, hace tres meses, el presidente López Obrador defendió al gobernador Gallardo Cardona ante los abucheos de que era objeto en un evento morenista. “Es nuestro amigo, es un aliado”, precisó. De las tres principales obras federales emprendidas en nuestra entidad del 2018 para acá, dos ya se cancelaron -la vía alterna a la zona industrial y la ampliación y modernización del aeropuerto de Tamuín- y la única que queda -la ampliación a cuatro carriles de la carretera Valles-Tamazunchale- está en riesgo presupuestal. Por si no fuera suficiente, en las últimas semanas la Secretaría de Hacienda le ha recortado 700 millones de pesos a las participaciones que nos envía. No checa, no checa.

Se necesita mucha desvergüenza, mucho cinismo o una oligofrenia aguda para equiparar al movimiento navista con el gallardismo, como lo hizo el lunes el secretario General de Gobierno Uñas Largas alias El Guapo Hechizo. No sé si al restirarle el pellejo le hayan lastimado el cerebro o si se les pasó la mano con la anestesia, pero mire usted que decir esas cosas.

Ya tenemos otro misterio sin aclarar. En círculos de Morena y del Gobierno del Estado se supo desde principios de la semana pasada que Claudia Sheinbaum vendría en visita proselitista a esta capital el sábado 6. No vino y nadie ha informado las razones. Lo más curioso es que no se fijó nueva fecha y quedó todo en el aire. Quién sabe si haya tenido algo que ver el hecho de que ese mismo día Ricardo Gallardo Cardona apareció en la primera plana de Reforma portando tremendo fusil de asalto, como ilustración de la nota principal referida a la presencia delincuencial en el altiplano potosino. Aunque las malas lenguas afirman que no vino porque le habían incluido a Héctor Serrano en el comité de recepción.

 La semana pasada estuve varios días en la Ciudad de México, como pocas veces puse atención al equipamiento urbano en los diversos recorridos, algunos bastante largos y por distintos rumbos. No me tope con un solo puente atirantado. Y mire que hay centenares de pasos elevados. Una de dos, o a lo largo de las décadas los urbanistas capitalinos han sido muy tontos y nosotros, últimamente, muy listos. O al revés. (O, lo más probable, aquí todo lo define el moche). 

Hasta el próximo jueves.