Taxistas criminales
"¿Por qué quieres ser taxista, Travis?
- No puedo dormir por las noches.
- Para eso están los cines porno.
- Sí, lo sé. Eso ya lo intenté.”
“Taxi Driver”. Robert de Niro.
Subirse a un taxi en nuestro país o solicitar algunas apps de transporte privado de traslado, se ha convertido en una “corrida” contra la muerte, literal.
El taxista todo lo sabe y si no lo inventa. Tiene información privilegiada, no tiene controles y sí se agrupa a alguna organización o agrupación semisindical, se vuelven intocables. Son utilizables y reutilizables por partidos políticos, toman partido, son buenos para generar movilizaciones, bloqueos, madrizas, revientan actos políticos contrarios, en fin, son toda una suerte de “tontos útiles” para los políticos. Hasta ahí, bien, cada quien hace se su vida y profesión un papalote, de sus inclinaciones políticas partidarias, allá ellos.
El problema es que también son bandidos y trabajan para bandidos. Ya son un factor significativo de inseguridad en muchas partes del territorio mexicano. Ser taxista en México, es peligroso, juegan un doble papel, el de victimas y de victimarios, igual los desaparecen, les roban y los matan. Pero también, son “dealers”, padrotes, halcones, adictos, alcohólicos, pendencieros, cobra cuentas, cometen robo de vehículos y a vehículos, robos a casa habitación, levantones, son sicarios, venta de armas de fuego y cuidadores de casas de seguridad, así como de traslado de encajuelados, entre otras, estas meramente enunciativas más no limitativas.
Otra faceta delincuencial recién explotada y que se maneja como suerte de franquicia, es mantener el servicio de taxis en aeropuertos, centrales camioneras y centros comerciales. Tiene varios propósitos: Quién llega y quien se va; Qué trasladan de equipaje; Quién cambio dólares; Paisanos en retorno; Quién lleva Rolex; Quién trae droga y recibirlo; Llegada de grupos contrarios; Señoras adineradas de compras; Vehículos de alta gama; Jovencitas solas, etc.
Un taxi no es sospechoso, hay muchos y todos son iguales, vehículos y chofer por igual, por más tarjetas de identificación que traigan colgadas. Cuando alguien, máxime si es mujer, solicita el servicio de taxi, se convierte en la victima ideal, entra en un “cosmos” siniestro de puertas cerradas, vidrios, velocidad, es la ratonera perfecta para cualquier tipo de crimen.
Como todo en la vida, no generalizo, pero tampoco se tiene un control efectivo personalizado ni mucho menos de las concesiones y permisos otorgados. Me cuenta un taxista de la vieja guardia - ¡huy joven!, (le doy las gracias por lo de joven), sí le contara-. - Mire, hay bandidos camuflados de taxistas y taxista con vocación y honestos, a los que les “apretó la tripa” y se metieron en porquerías-.
TAPANCO: Cinco pasos al solicitar un servicio de taxis o de traslado: Identificar al taxista y el número económico desde la solicitud vía telefónica o en la vía pública; Antes de abordarlo, nunca con vidrios polarizados, o adornos excesivos en ventanas y vidrio trasero, tómale una fotografía al vehículo y al taxista y que se de cuenta de ello y envíasela a un conocido tuyo; Al abordarlo, verifica que los datos coincidan cuando lo solicitaste, si genera desconfianza bájate, el sexto sentido si funciona; Durante el trayecto, no converses, ni des datos personales, verifica que las puertas no tengan seguro contra niños, realiza una llamada a algún conocido o finge hacerla, diciendo que ya vas para allá, en un taxi número tal y que lo maneja el señor fulano de tal; y finalmente la llegada tu destino, ten tu pago listo, no demores en descender, nunca enfrente de tu casa o negocio.
Mis respetos a las mujeres taxistas, valerosas y mucho más confiables.
@franciscosoni



