Un mensaje estruendoso

El atentado contra Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, el pasado viernes 26 de junio en una exclusiva zona de la Ciudad de México es un fuerte, estruendoso mensaje que debe oír, sin duda, el señor López.

No importa si fue tal o cual cosa, tal o cual grupo delincuencial, tal o cual causa. Lo más importante, lo esencial, lo fundamental es que ocurrió en una forma, en un lugar y en un momento en el que su significado cobra la más relevante de las importancias.

El empleo de armamento pesado, operación de múltiples vehículos y un buen número de participantes, debió significar una serie de desplazamientos nocturnos a manera de preparación que a nadie llamó la atención en las cámaras de videovigilancia pública que la propia Secretaria tiene instaladas....si es que las tiene o si es que funcionan. ¿Nadie percibió algo inusual? ¿Había alguien dando seguimiento a esas cámaras o solo sirven post facto pero no de manera preventiva?

Es claro que había que elegir, por parte de los sicarios, un punto para realizar el ataque. ¿Las Lomas fue, por alguna razón, el mejor lugar? Se trata de una zona donde abundan cámaras de videovigilancia privada en las casas, donde se asientan las sedes diplomáticas de muchos países y donde, por el propio nivel económico de quienes ahí habitan, abundan los escoltas y la seguridad privada.

Al margen de la logística y objetivo del ataque, es claro que el mensaje quedó escrito: puede llegarse a cualquier lugar, en cualquier momento, pues no hay temor.

La falta de verdaderos servicios de inteligencia (desmantelados por López), de verdaderos conocedores de los temas de seguridad (obviamente Durazo, nombrado por López, no cuenta entre estos), una visión global del problema de la delincuencia organizada y una corrupción galopante que difícilmente puede achacarse a un gobierno que concluyó en dos mil doce (por alguna razón, los amigos de López y López mismo siempre se saltan, en sus críticas, los seis años de Peña Nieto) son el caldo de cultivo eficiente y suficiente para que alguien pueda permitirse hacer lo que hizo el viernes en contra de Omar García Harfuch.

Y es que el tema va mucho más allá de ser una cuestión de venganza, de enfrentamiento al enemigo, de cárteles y esas cosas: hubo una persona que, pasando por ahí, dirigiéndose a su trabajo, recibió una bala perdida; hay un video que circula ampliamente donde una familia residente en la zona documenta como entró otra bala perdida por la ventana, perforó una puerta y terminó en el piso de un vestidor.

Dijo López que se advirtió de las intenciones que existían por parte de grupos criminales para atentar contra el titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, lo cual permitió prever medidas de seguridad, entre otras, el blindaje de la camioneta en la que viajaba el funcionario. ¿Y si mejor la labor de inteligencia hubiera llevado a tomar decisiones preventivas más agresivas, más profesionales, más serias? Si una de las decisiones fue el blindaje de la camioneta, era porque se suponía el uso de armas de fuego e, incluso, de alto poder, como fue el caso; entonces, ¿y las medidas para proteger a la ciudadanía? 

Supieron, al decir de López, el quien, pero no el cómo y el cuándo. Lo entiendo pero, hay algo previsto para que las balas no entren en cabezas y casas ajenas?

No se trata de un tema de la Ciudad de México únicamente; forma parte de todo un entramado nacional que constituye un problema de todos los niveles de gobierno, la seguridad pública. En la cabeza del sistema, López, quien preside el Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Mientras López ofrece a los delincuentes abrazos, no balazos, la ciudadanía debe echar cuerpo a tierra y orar por su vida. 

@jchessal