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¿Un mundo mejor para nuestros hijos?

Por Juan Manuel Rosales Moreno

Octubre 14, 2021 03:00 a.m.

A

“De una manera suave, 

puedes sacudir el mundo”. 

Mahatma Gandhi.

Estoy seguro de que todos, o casi todos, alguna vez en nuestra vida hemos escuchado, nos han dicho, o hemos parafraseado la frase que llena muchos lugares comunes al abrir o cerrar discursos o conversaciones reflexivas, emotivas o críticas: construyamos o dejemos “un mundo mejor para nuestros hijos”.

Cada que escucho esta frase -reconozco que en mi entorno cada vez con menos frecuencia, pero no necesariamente tiene que ser así para todos-, me pregunto ¿realmente vivo en un mundo mejor al que tuvieron mis padres?

¿El mundo donde vivo hoy es más justo?

¿El mundo donde vivo hoy es más equitativo?

¿En el mundo que me prometieron mis padres soy más feliz, más pleno, estoy tanto o más satisfecho de lo que ellos alguna vez pudieron imaginar en el suyo?

¿El espacio donde vivo con mi familia es mejor, y el entorno donde me desenvuelvo tiene una mejor calidad de vida que el de mis padres?

¿En el mundo de hoy tengo una mejor en calidad en el uso de mi tiempo para con mi pareja, hijos, familia, amigos?; es decir, ¿tengo más tiempo libre para hacer lo que realmente me gusta, a diferencia de mis padres?

¿El mundo en el que me desenvuelvo y desarrollo mis actividades cotidianas, es más seguro?

¿Vivo en un mundo más limpio, más ecológico, más autosustentable que el de mis padres?

¿En el mundo de hoy tengo mayor seguridad y estabilidad laboral que la que tuvieron mis padres?, ¿se respetan mis derechos laborales?, ¿tengo un mejor ingreso real que el de mis padres y es suficiente para cubrir todas mis necesidades y las de mi familia sin precariedades de ningún tipo?

¿Tengo capacidad de ahorro?, ¿puedo planificar con tranquilidad mi retiro a diferencia de mis padres?

¿Me alimento mejor y accedo a comida mucho más sana y variada que mis padres en su época?

¿En el mundo de hoy tengo un mejor acceso y una mejor educación, y más aún, es de calidad y acceso ilimitado a la sociedad del conocimiento, que invita a razonar, construir para trabajar en equipo? En otras palabras, ¿estoy mejor preparado, tengo más y mejores habilidades y acceso al conocimiento a diferencia de mis padres?

¿En el mundo de hoy tengo un mejor acceso a los servicios de salud, y son de calidad y de cobertura universal, a diferencia que el que tuvieron mis padres?, ¿mi salud es mejor que la de mis padres a la misma edad?

¿En el mundo de hoy tengo un mejor gobierno, una democracia consolidada en donde se escucha mi voz, donde se atienden mis demandas y tengo acceso a una mejor infraestructura, bienes y servicios que mis padres?, en otras palabras ¿el ejercicio de la administración pública es más cercano, eficaz y eficiente que en la época de mis padres?

¿El gobierno de hoy es más abierto y plural que el que conocieron mis padres?

¿La sociedad de hoy es más tolerante, positiva, abierta, incluyente que en la época de mis padres?

Usted y yo somos esos hijos que alguna vez en algún discurso escolar, familiar o arenga que escuchamos en algún lado, nos prometieron un mundo mejor.

¿Realmente quienes nos antecedieron dejaron ese mundo que tanto nos prometieron?

Voy un poco más allá con esta pregunta en un intento de corresponsabilidad: ¿los de nuestra generación estamos construyendo desde hoy un mejor futuro -un mundo mejor- para dejarlo a quienes lleguen después de nosotros?

Es importante que todos nos hagamos estas preguntas en forma de autorreflexión y autocrítica, ya no digamos como sociedad -es mucho pedir-, en nuestro fuero interno es suficiente.

Iniciaron hace pocas semanas nuevos periodos de gestión en las administraciones públicas municipales y estatal. Confío que los funcionarios que estén al frente del gobierno y las instituciones se hagan estas preguntas y encuentren alguna respuesta. En caso de ser así, podemos confiar que probablemente tendremos un buen gobierno y una mejor gestión de la cosa pública.

Confío que desde la administración pública se contribuya a construir ese “mundo mejor” que tanto nos prometieron, y que ahora nos toca construir y heredar.

jmanuelrmoreno@gmail.com