Un país resiliente Parte II: Cambiar a las instituciones. (Segunda de cuatro partes)
¿Qué es lo que ocurre cuando las instituciones políticas -las leyes y los organismos que las ejecutan- no alcanzan para contener a las expresiones legítimas de la voluntad pública? Se trata de la crisis de representación, pero también la crisis del estado mismo. Sobre eso dimos cuenta en la entrega anterior cuando recordamos algunos episodios -no tan- recientes de la historia política de nuestro país. Hoy que se habla de reforma político-electoral, conviene revisitar las razones que impulsaron el cambio político en México.
Un cambio que no debe ser confundido con la alternancia del partido que gobierna. Soy de la idea de que antes de la alternancia, la sociedad obtuvo otras victorias políticas sobre el poder hegemónico. Una de ellas se relaciona con la ciudadanización del aparato administrativo responsable de la organización de los comicios y antes de eso, la creación de una conciencia colectiva del cambio necesario. Ninguna transformación política realmente importante ocurre si no cuenta con una amplia base social que la demande.
Pero la historia de nuestro país no siempre ha sido así. Aun y cuando se celebran elecciones en México desde hace casi un siglo, no podía decirse que éstas fueran competitivas; es decir, que existiera la posibilidad real de que cualquier contendiente pudiera ganar los comicios. Es la historia de la democratización de nuestro país que usted ya conoce y que hemos relatado en este mismo espacio en repetidas ocasiones. Pero quiero regresar al cuestionamiento de origen: ¿qué es lo que ocurre cuando las instituciones políticas ya no alcanzan para atender a las demandas democráticas de una sociedad?
Fueron los episodios de crisis postelectoral los que propiciaron que la gente saliera a las calles a demandar transformaciones institucionales de forma y fondo que no solo atendieran a las coyunturas de corto plazo o a los conflictos concretos relacionados con la organización de una elección. La transformación institucional en México suele transitar por 2 vías: la primera -que es menos frecuente- se relaciona con los cambios de raíz, de fondo, y que son consecuencia de crisis políticas de dimensiones considerables; la segunda vía tiene que ver con las transformaciones incrementales, los cambios pausados, los pequeños ajustes de perfeccionamiento que se realizan sobre una base funcional y probada. En este mismo espacio hemos dado cuenta de 8 reformas electorales que han ocurrido durante los últimos 30 años pero, si lo pensamos un poco, en ese mismo intervalo de tiempo no hemos observado transformaciones sobre la estructura y la organización del poder público en nuestro país. ¿A qué se debe esto? ¿En dónde se encuentra el núcleo de la insatisfacción pública por las instituciones de la sociedad? ¿Quién demanda cuáles cambios? ¿Y por qué esos y no otros?
Pienso que la última gran transformación institucional en materia electoral fue la que ocurrió hace 3 décadas y que dio origen a la creación del Instituto Federal Electoral -hoy INE- y del Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana en San Luis Potosí -el CEEPAC- como organizaciones ciudadanizadas responsables de la organización y conducción de las elecciones en un país convulso donde la salud política y la gobernabilidad dependían de la capacidad del estado para garantizar imparcialidad de los comicios. Lo que ha ocurrido después de eso es que la consolidación democrática ha servido para procesar y catalizar el conflicto político por medio de la alternancia. Es decir, que una vez que se logró garantizar la celebración de elecciones auténticas, la ciudadanía ha privilegiado al voto como un mecanismo de expresión de la voluntad de transformación.
El día en el que el voto resulte insuficiente para contener o procesar al descontento público entonces vendrá una nueva crisis política mayor en nuestro país. Más que el colapso del sistema electoral o la ineficacia del voto, pienso que es más probable que la ciudadanía demande otros instrumentos de control sobre el desempeño gubernamental y la vida pública de nuestro país. Otras herramientas para combatir y sancionar la corrupción, la ineptitud, el prevaricato. La democracia también alcanza para eso.
Reconocimiento
El CEEPAC cumple treinta años de organizar elecciones y de establecer a la democracia como forma de vida en el estado de San Luis Potosí, uno de los primeros organismos electorales ciudadanizados en todo el país. Sirvan estas líneas como un reconocimiento a todas las personas que han contribuido para que la vida política en San Luis Potosí se relate en clave democrática. El CEEPAC pertenece a las y los Potosinos. Enhorabuena.
Twitter. @marcoivanvargas
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