Vehículos eléctricos y cambio climático
Si, como punto de referencia, consideramos que el 28 por ciento de la energía que consumen los Estados Unidos lo emplea la industria del transporte, y que de este porcentaje el 53 por ciento corresponden a los vehículos de gasolina, no es difícil llegar a la conclusión que los automotores de combustión interna contribuyen de manera significativa a la contaminación atmosférica causante del cambio climático. En estas condiciones, resultan alentadores los anuncios de Volvo y General Motors en el sentido que descontinuarán la producción de automotores de combustión interna a partir de 2030 y 2035, en forma respectiva, para ser sustituidos por vehículos eléctricos.
Se esperaría, por supuesto, que en la medida en que se sustituyan los automotores de combustión interna por vehículos completamente eléctricos se limitaría la emisión de gases de invernadero a la atmósfera, dado que un motor eléctrico no emite este tipo de gases. Habría que matizar, no obstante, esta última afirmación.
Ciertamente, durante la operación de un motor eléctrico no se emiten gases de invernadero. Para que el motor funcione, sin embargo, hubo que cargar previamente el banco de baterías del automóvil y para esto hubo de transferirse energía eléctrica desde una estación generadora a través de la red eléctrica -la estación termoeléctrica de Villa de Reyes, por ejemplo-. Cabe preguntarse por la forma en que dicha estación obtiene la energía que transfiere al banco de baterías: ¿la obtiene por medio de una fuente de energía no contaminante como la del Sol, o por una fuente que emite gases de invernadero quemando combustibles fósiles? En el segundo caso no podemos afirmar que los automóviles eléctricos sean totalmente no contaminantes.
En realidad, tampoco podemos hacerlo en el primer caso, pues aún si el banco de baterías del automóvil obtuviese su energía de una fuente totalmente limpia, como sería el caso de un banco de paneles solares, para fabricar dichos paneles habría sido preciso utilizar procesos industriales y de extracción de minerales que requirieron de energía que, con seguridad, no fue generada por una fuente limpia sin producción de gases de invernadero. Podemos también añadir que la misma fabricación del automóvil, incluyendo su carrocería, sus interiores, su banco de baterías, etc., requirió de procesos que produjeron gases de invernadero. Podemos así afirmar que no existe un automóvil que no genera contaminación, y que todos lo harán en cierto grado.
Dicho lo anterior, lo relevante es comparar los grados de contaminación generados por ambos tipos de automóviles, eléctricos y de combustión interna. Un documento preparado para el Congreso de los Estados Unidos por Richard Lattanzio y Corrie Clark, especialistas en políticas ambientales y energéticas, nos ofrece esta comparación. El documento, con fecha 16 de junio de 2020, puede ser consultado libremente en Internet.
Cuando Lattanzio y Clark comparan los niveles de emisión de gases de invernadero durante la fabricación de los automotores -incluyendo aquellos producidos durante la extracción y el procesamiento de materias primas- encuentran que son mayores para los vehículos eléctricos que para los de combustión interna. Encuentran que, durante la fase de producción, las emisiones de gases de invernadero para vehículos del mismo tamaño, los automotores eléctricos emiten entre 1.3 y 2 veces mas gases de invernadero que los de combustión interna. La desproporción en la generación de contaminantes entre los dos tipos de vehículos también se cumple en cuanto a la emisión de otros gases como óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre.
Por otro lado, hay que señalar que, según Lattanzio y Clark, los automóviles eléctricos aprovechan un 77 por ciento de la energía que reciben de la red eléctrica, mientras que los automóviles de combustión interna emplean apenas del 12 al 30 por ciento de la energía almacenada en la gasolina. En estas circunstancias, la mayor producción de gases de invernadero durante la fabricación de los automóviles eléctricos en comparación con los automóviles de combustión interna es compensada en favor de los primeros durante el tiempo de vida de los vehículos, a pesar de que las baterías les añaden un peso adicional.
Del análisis de Lattanzio y Clark se desprende que los automóviles totalmente eléctricos podrán tener un impacto positivo en la mitigación del cambio climático. En qué grado se producirá esta mitigación dependerá, sin embargo, de la mezcla de fuentes de energía, contaminantes y limpias, de las que se abastezcan las redes eléctricas. Con el peligro de que si esta mezcla no es favorable podría incluso resultar peor el remedio que la enfermedad. Después de todo, no es posible crear energía de la nada y la que usen los automóviles eléctricos tendrá que ser generada de algún modo. Que más nos vale procurar que sea no contaminante.
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