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Violencia Arbórea

Por Luis González Lozano

Septiembre 10, 2022 03:00 a.m.

A

(2da parte)

El cambio climático es entonces una realidad, pero su peligro es exponencial si todos nos normalizamos a sus efectos y pensamos que: “simplemente así es y yo no puedo hacer algo”. Ejemplo de lo peligroso de esa línea de pensamiento es la normalización de la violencia en la percepción de muchos mexicanos que consideran que la estela de muertos que ha convertido al país en un cementerio, “es normal”. Si normalizamos el cambio climático, la lucha ambiental estará perdida.

Hay estimaciones escalofriantes como aquella que señala que para el año 2050, es posible que 700 millones de personas sean desplazadas por una escasez de agua severa, motivada por el aumento de las temperaturas globales. El cambio climático es solo uno de los temas que cada vez preocupan más a la sociedad, sin embargo son pocas las personas que reflexionan sobre los problemas ambientales, económicos y sociales que existen en el planeta, no obstante, nunca es tarde para hacerlo.

Recordemos que Michelle Bachelet afirmó que el cambio climático es la mayor amenaza a los derechos humanos desde la Segunda Guerra Mundial y que a 71 años de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la lucha en pro de la justicia climática no debe ser motivo de un enfrentamiento político, ni una cuestión de derechas e izquierdas, sino un asunto de derechos y agravios.

Parece entonces que nuestro deber es romper la normalización y luchar día a día en pro de la justicia climática y los árboles urbanos nos deben ayudar para ello, por eso debemos conservarlos.

Los grandes árboles de las ciudades son excelentes filtros para los contaminantes urbanos y las pequeñas partículas (PM 10 y PM 2.5). Un árbol maduro puede absorber hasta 150 kg de gases contaminantes por año. Como resultado, los árboles juegan un papel importante en la mitigación del cambio climático, además proporcionan hábitat, alimentos y protección a plantas y animales que van aumentando la biodiversidad urbana. La ubicación estratégica de los árboles en las ciudades puede ayudar a enfriar el aire entre 2 y 8 grados centígrados. Los árboles colocados de manera adecuada entorno a los edificios reducen las necesidades de aire acondicionado en un 30% y ahorran entre un 20% y un 50% de calefacción.

Existe una Ley para la Protección y Conservación de Árboles Urbanos del Estado de San Luis Potosí, cuyo objetivo es la eliminación de toda práctica nociva que atente contra el desarrollo de estos. Sin embargo, tiene severas lagunas que dejan en incertidumbre las acciones y sanciones por podar, cortar y/o talar un árbol sin previa autorización municipal, empero no está prevista una metodología para llevar a la practica la imposición de sanciones por esas acciones, es decir, no hay armonización entre la legislación, el reglamento y los procedimientos. Peor: ni a los ciudadanos, ni a las autoridades, nos ha importado promoverlo.

Esta clara falta de modulación da pauta a los muchos “ECOCIDIOS” presenciados por todos en más de una ocasión, documentados en redes sociales y simplemente ignorados.

Los elementos para proteger y preservar el árbol urbano en la ciudad están presentes, pero carecemos de interés gubernamental para establecer una regulación efectiva que establezca parámetros claros y exigibles por cualquier ciudadano para cuidar de los árboles; una educación ambiental con contenidos escolares aludidos para que niños y jóvenes puedan reconocer sus muchas funciones primordiales; así como la eco-concientización sobre la verdadera importancia que tienen los árboles dentro de las ciudades más que una mera sombra o “estorbo” visual.

En la siguiente entrega exploraremos las consecuencias legales que teóricamente tendría la tala, el derribo o la poda irracional de un árbol.

Delírium trémens.- La Reina Isabel II durante su reinado destacó varios proyectos medioambientales que han dejado huella para la posteridad, destacando el “Norfolk Wildlife Trust” que tiene como objetivo proteger y mejorar la vida silvestre en la región de Norfolk, Reino Unido, la “Real Sociedad Forestal” que busca una mayor comprensión y conocimiento de los árboles, bosques y selvas para gestionarse de forma sostenible y “Bees for Development” (abejas para el desarrollo) que apoya la apicultura sostenible para ayudar a las familias de zonas remotas y pobres a obtener ingresos para satisfacer sus necesidades básicas.

@luisglozano