Vox populi

¿Ha notado que de un tiempo para acá es más frecuente escuchar posicionamientos públicos que proponen someter a consulta pública determinadas decisiones gubernamentales?. Hay quienes por economía de esfuerzo o por notoria pereza intelectual consideran que esto es un acto de populismo puro y duro. Otros miran con escepticismo el repentino surgimiento de algún tipo de democracia participativa que ha tenido una característica peculiar: es alguien del gobierno quien ha iniciado la idea de consultar.

La democracia participativa tiene sentido cuando es la población quien se apropia y protagoniza el proceso de consulta. Cuando no es así, se corren algunos riesgos: desinterés, indiferencia y en algunos casos, la movilización de estructuras de apoyo para legitimar artificialmente determinadas decisiones ya tomadas.

Es este último riesgo, sobre el que quiero compartirle algunas reflexiones breves. En este espacio hemos hablado ya sobre esta noción amplia de la rendición de cuentas que va bastante más allá de la mera exhibición de datos y cifras en discursos controlados -propaganda gubernamental, le llaman- para favorecer una noción de exigencia desde la ciudadanía que impulsa a un gobierno a justificar y demostrar que las acciones que emprende son necesarias, pertinentes, eficaces, eficientes y efectivas. La rendición de cuentas "ex ante" implica que un gobierno se justifique frente a la población y la opinión pública antes de realizar una acción o proyecto público. Recordará que insistentemente hemos sostenido en este espacio sobre el imperativo categórico de Kant o Habermas: si una ley o una política es buena, debe tener la capacidad de sostenerse en un debate público, abierto e informado. 

El problema viene cuando un gobernante tiene una idea firme sobre algo que debe realizarse y busca posteriormente que se realice una consulta para legitimar, en el nombre del pueblo, esta intención. Es problemático porque no solo puede desvirtuar el sentido de la realización de un proceso de consulta, sino que va formando -sobre todo en estas primeras etapas de familiarización de la figura en gran parte de nuestro país- una idea tergiversada de lo que en realidad son los mecanismos de democracia directa. 

Todos estos procesos demandan su tiempo de maduración. Me parece una magnífica noticia que, a propósito de este reciente énfasis por consultar a la ciudadanía determinadas decisiones, se comprenda de mejor manera que la realización de estos procedimientos demanda la activación de mecanismos formales que doten de certeza a estas consultas. Tal como ocurre con la realización de elecciones periódicas en nuestro país, requerimos de una base legal que sustente estos mecanismos; de una autoridad responsable de la organización de estos ejercicios -el CEEPAC para el caso de San Luis Potosí- y de un procedimiento formal que la ciudadanía identifique y haga suyo. 

No conozco un solo caso en el mundo en el que la ciudadanía renuncie a un poder que le pertenece. La ampliación de posibilidades de democracia directa -como consultas o plebiscitos-, o de nuevos espacios de participación -como las juntas vecinales o los comités ciudadanizados- forman parte de un proceso de consolidación democrática cotidiana. Bienvenida sea la apertura de estos espacios siempre y cuando sean auténticos, incluyentes y consecuentes. Pero vamos a hacerlo bien. Y en serio. 

Twitter @marcoivanvargas