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Carlos Arroyo
Como cada viernes antes de Semana Santa, las casas de la calle de Altamirano, también conocida como la Privada de los Dolores, se encargan de organizar los altares a la virgen, que adornan con flores de manzanilla, veladoras, imágenes religiosas y los simbólicos colores morado y blanco.
La calle, que conecta con Damián Carmona, se llena de puesto de algodones, tacos, frituras, mientras en ambos lados de la vía, familias que han estado toda su vida residiendo ahí, ofrecen a los peatones agua fresca y nieve, incluso ponen sillas en la acera para que se sienten.
Del lado este, a unos cuantos pasos de la avenida principal, está la casa de Doña Esperancita, punto obligado en este recorrido, en el lugar un tecladista ameniza la pequeña reunión que se lleva a cabo en su sala, donde un altar que ocupa toda la pared llama la atención de los visitantes, a quienes ingresan a la casa, familiares les ofrecen una copa de nieve mientras charlan o rezan.
Doña Esperancita es devota por tradición a la virgen de los Dolores, “es una tradición que mis padres me inculcaron, mi papá lo heredó de su madre”, comenta, ellos fueron de las primeras familias que empezaron a colocar los altares en el barrio desde el año de 1896.
A su hogar acude familia de otros lados: Querétaro, Guadalajara, o Ciudad de México, quienes año con año acuden a visitarla y la llaman “Tía Esperanza”, el manto de la figura de la virgen tiene varios milagros que representan las veces en que la familia se ha encomendado, “me hace feliz que venga gente de todos lados, que no dejen a la virgen sola, y que continúen esta tradición”.
Unas residencias más allá, se celebra una peculiar misa en la acera, la cual estaba armonizada con música de banda, alrededor de 20 personas se congregan mientras unos cuantos niños disfrutaban de aguas de jamaica y horchata.
A la par, a metros de distancia, devotos realizaban bailes en honor a la virgen, estos son de origen chichimeca, y son particulares de la zona Altiplano del estado, se caracterizan por utilizar penachos de plumas con colores llamativos, así como huaraches que ponen ritmo a la danza, estos son tradicionales para las fiestas patronales.
Puestos de molletes, frituras, dulces y algodones formaban parte de la verbena, así como espadas de luz. Cada altar es organizado según la fe y presupuesto de cada casa, En la parte principal, uno de ellos tenía 2 figuras de Cristo y una virgen, el cual estaba siendo venerado por mariachis, mientras la dueña del hogar ofrecía paletas a las personas que esperaban en fila ansiosamente.
Poco a poco las personas se reunían para el espectáculo principal, un castillo de pólvora, el cual estaba decorado con la imagen de la virgen, la banda toca a la par que los residentes sacan toritos de pirotecnia, la gente observa entusiasmada las luces, en la parte final, la corona de pólvora fue lanzada a los aires, seguida por varias bombas y cohetes que iluminan el cielo, poniendo fin a un año más de esta tradición en los alrededores del barrio de Santiago.
Como cada viernes antes de Semana Santa, las casas de la calle de Altamirano, también conocida como la Privada de los Dolores, se encargan de organizar los altares a la virgen, que adornan con flores de manzanilla, veladoras, imágenes religiosas y los simbólicos colores morado y blanco.
La calle, que conecta con Damián Carmona, se llena de puesto de algodones, tacos, frituras, mientras en ambos lados de la vía, familias que han estado toda su vida residiendo ahí, ofrecen a los peatones agua fresca y nieve, incluso ponen sillas en la acera para que se sienten.
Del lado este, a unos cuantos pasos de la avenida principal, está la casa de Doña Esperancita, punto obligado en este recorrido, en el lugar un tecladista ameniza la pequeña reunión que se lleva a cabo en su sala, donde un altar que ocupa toda la pared llama la atención de los visitantes, a quienes ingresan a la casa, familiares les ofrecen una copa de nieve mientras charlan o rezan.
Doña Esperancita es devota por tradición a la virgen de los Dolores, “es una tradición que mis padres me inculcaron, mi papá lo heredó de su madre”, comenta, ellos fueron de las primeras familias que empezaron a colocar los altares en el barrio desde el año de 1896.
A su hogar acude familia de otros lados: Querétaro, Guadalajara, o Ciudad de México, quienes año con año acuden a visitarla y la llaman “Tía Esperanza”, el manto de la figura de la virgen tiene varios milagros que representan las veces en que la familia se ha encomendado, “me hace feliz que venga gente de todos lados, que no dejen a la virgen sola, y que continúen esta tradición”.
Unas residencias más allá, se celebra una peculiar misa en la acera, la cual estaba armonizada con música de banda, alrededor de 20 personas se congregan mientras unos cuantos niños disfrutaban de aguas de jamaica y horchata.
A la par, a metros de distancia, devotos realizaban bailes en honor a la virgen, estos son de origen chichimeca, y son particulares de la zona Altiplano del estado, se caracterizan por utilizar penachos de plumas con colores llamativos, así como huaraches que ponen ritmo a la danza, estos son tradicionales para las fiestas patronales.
Puestos de molletes, frituras, dulces y algodones formaban parte de la verbena, así como espadas de luz. Cada altar es organizado según la fe y presupuesto de cada casa, En la parte principal, uno de ellos tenía 2 figuras de Cristo y una virgen, el cual estaba siendo venerado por mariachis, mientras la dueña del hogar ofrecía paletas a las personas que esperaban en fila ansiosamente.
Poco a poco las personas se reunían para el espectáculo principal, un castillo de pólvora, el cual estaba decorado con la imagen de la virgen, la banda toca a la par que los residentes sacan toritos de pirotecnia, la gente observa entusiasmada las luces, en la parte final, la corona de pólvora fue lanzada a los aires, seguida por varias bombas y cohetes que iluminan el cielo, poniendo fin a un año más de esta tradición en los alrededores del barrio de Santiago.








