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CRÓNICA: Las dos Rocíos y un amor correspondido

Por Iraís Valenciano / PULSO

Julio 16, 2023 03:00 a.m.

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Un paseo de emociones y sentimientos que se convirtió en algo más. Un encuentro España-México que se materializó gracias a las canciones de Rocío Dúrcal y Rocío Jurado. Una intérprete que se enamoró de San Luis Potosí aun sin conocerlo y que “amenazó” con volver. Así fue el “Homenaje a las grandes Rocíos”.

Pasadas las ocho de la noche, las y los integrantes de la Orquesta Sinfónica Universitaria ocuparon sus lugares en el escenario del Centro Cultural Universitario Bicentenario, donde bajo la dirección del maestro Alfredo Ibarra abrieron el concierto con “Interludio y Danza de la vida breve”. Junto a ellos, unos claveles, rosas y un abanico sobre un manto con bordados españoles daban una pista de lo que estaba por venir.

Terminados los primeros aplausos, apareció en el escenario impecable, ataviada con un vestido rojo y unos pendientes color plata brillante, la cantante española Pilar Boyero, a quien después de persignarse, le bastaron unas cuantas notas para dejar en claro la potencia de su voz y su calidad interpretativa.

“Cinco farolas”, compuesta por Juan Solano y popularizada por Rocío Jurado fue el tema con el que Boyero abrió su participación, para después continuar con “Mi amigo”, canción que dedicó a la comunidad homosexual, a la que resaltó como un gran caldo de cultivo para un público extraordinario, pues el amor es el mejor regalo de la vida.

La velada continuó con “Aquella Carmen”, compuesta en honor a la gitana Carmen Amaya, una cantante, bailaora y actriz española por quien Boyero dijo sentir una profunda admiración. Con la ayuda de un abanico y el movimiento de sus manos, tan característico del flamenco, Pilar logró transmitir al público el pesar descrito en la canción: “Se murió Carmen Amaya, y España entera lloró”.

Siguiendo con las coplas que han formado parte esencial de su carrera de más de 30 años, la cantante originaria de Cáceres recordó uno de los temas más ortodoxos de Rocío Jurado y narró que en España, cuando alguien intenta engañar a otra persona, se le dice “no me vengas con ruedas de molino”. Sin embargo, en un tema que Jurado volvió un éxito, la protagonista de la canción sabía que se enfrentaba a un engaño, pero por miedo a perder a su pareja, “comulga con 'Ruedas de molino'”.

Ya con el público metido en el bolsillo, la Sinfónica Universitaria interpretó “Fandango” y “La leyenda del beso”, para luego recibir otra vez a Pilar Boyero, quien ahora portaba un elegante vestido y pendientes negros, así como unos tacones del mismo color pero adornados con unos detalles rojos.

Después de “Como a nadie te he querido”, Boyero tomó uno de los claveles dispuestos en el escenario y relató que en el tiempo en el que en España no se podían decir muchas cosas, los compositores se las ingeniaban para contarlas de una manera sutil. Añadió que al clavel se le relaciona con el sexo de la mujer. Fue así que Rafael de León escribió “Un clavel” y Rocío Jurado -a quien Boyero describió en una entrevista previa como una pionera que defendió a las mujeres de una manera orgánica, natural”- interpretaba ese tema “para decir que ella estaba con quien se le diera la gana”.

Y el clavel, al verte, cariño mío, se ha puesto tan encendi'o que está quemando mi piel”, cantó Pilar con su característica voz y acento español.

Ya a la mitad del concierto, habló también sobre el cálido recibimiento que en México se da a los cantantes españoles y recordó que hace 100 años nació una de las españolas más icónicas, Lola Flores, quien fue muy bien acogida en nuestro país, al grado de que aquí se le bautizó como “La Faraona”.

Para homenajear a Flores, Boyero bajó del escenario sin micrófono, solo portando un clavel. Acompañada en el piano por el cubano Lázaro Zaldívar recorrió los pasillos del Bicentenario para cantarle al público, muy cerquita “¡Ay pena, penita, pena!”, arrancando los aplausos de los asistentes y para cerrar esa intepretación, besó el clavel y lo ofrendó al cielo, allá, donde espera que esté “La Faraona”.

Llegó el climax de la noche. Jaime Reyes con su trompeta acompañó las notas de piano de Zaldívar. Boyero se sentó en la escalinata del escenario y la emoción del público se desbordó cuando en todo el recinto resonó: “Amor, tranquilo no te voy a molestar, mi suerte estaba echada, ya lo sé…”

Así como en “Aquella Carmen” Pilar transmitió el pesar por la muerte de una famosa bailaora, con “La gata bajo la lluvia” consiguió erizar más de una piel y transmitir una infinita tristeza y hasta resignación forzada por decir adiós. Incluso, al terminar la canción calificó como una frase llena de ternura y una buena forma de despedirse aquella que dice: “Si alguna vez nos vemos por ahí, invítame un café y hazme el amor, y si ya no vuelvo a verte ojalá que tengas suerte…”

Boyero destacó la sutileza y elegancia de Rocío Dúrcal y mencionó que durante las entrevistas suelen preguntarle cuál es su canción favorita de “Homenaje a las grandes Rocíos”. En el caso de “Marieta” es “La gata bajo la lluvia”, mientras que de Jurado destacó que una que considera casi una religión es “Señora”.

Boyero contó hace unos días a Pulso que “el público sabe cuando el artista está cantando, cuando está sintiendo, cuando las cosas son reales”, y al interpretar “Señora”, vaya que Pilar sintió y no solo eso, transmitió a cada una de las personas presentes esa resistencia de una mujer a separarse del hombre al que ama, aun cuando se entera de que es casado.

Ya cuando los sentimientos del público estaban a flor de piel, volvió la Sinfónica Universitaria para intepretar la zarzuela “La boda de Luis Alonso”, para luego recibir de nueva cuenta a Boyero, quien tras un tercer cambio de ropa portaba un elegante vestido verde satinado.

Pilar relató que su siguiente canción la había compuesto Manuel Alejandro para Rocío Jurado cuando ella se encontraba enamorada del torero José Ortega Cano, pero Raphael -amigo de Jurado- se adelantó y la grabó primero, generando una disputa entre ellos, que más adelante se solucionó.

Acto seguido, Boyero dedicó ese tema a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, a la que reconoció por su decisión de contar con una Sinfónica Universitaria, así como por fomentar la cultura y el arte entre las y los estudiantes pues, consideró, solo así se educa a personas más sabias.

Asimismo, agradeció al rector Alejandro Javier Zermeño Guerra por su hospitalidad y a la secretaria de Difusión Cultural, Cynthia Valle Meade “por su amabilidad, su sensibilidad y su corazón para mimar un proyecto que es tan importante para mí”.

Y fue así que comenzó una emotiva intepretación de “Como yo te amo”, en la que demostró aún más su potencia vocal y habilidad para remover las fibras más sensibles del público, el cual estalló en aplausos cuando casi al terminar el tema, Boyero cantó “Yo te amo San Luis y quiero volver a estar aquí…”

Tras ese amor declarado a tierras potosinas y sus habitantes, la española habló nuevamente de Rocío Jurado, quien al igual que Dúrcal y otras de sus compatriotas fue muy bien recibida en México, donde también fue conocida como “La más grande” y “La Chipionera”. De ella, recordó la canción “Ese hombre”.

Y luego de un arranque muy español, la noche dio un giro hacia acordes más mexicanos que sirvieron como marco musical a Boyero para intepretar “Así son los hombres”, un tema compuesto por Juan Gabriel y que Rocío Dúrcal solía cantar acompañada por un mariachi.

Cuando la canción parecía haber terminado, Pilar continuó con la letra a capela, lo cual pareció meter en aprietos a la Sinfónica, pero ésta resolvió de buena manera, hasta lograr juntos un apropiado y hasta divertido cierre.

A esas alturas del concierto, Pilar hizo una pausa para narrar que en su tierra natal, Cáceres, conoció a una pareja de potosinos, Elisa y Pepe, quienes abrieron allá un restaurante y con quienes entabló una muy buena amistad. Fueron ellos quienes le mostraron a numerosos artistas mexicanos y le contaron también sobre su ciudad de origen. En esta, su primera vez en San Luis Potosí tuvo oportunidad de conocer a familiares de la pareja y calificó como un privilegio poder amar aun sin conocer.

También recordó que México ha tenido extraordinarios artistas como Armando Manzanero, Vicente Fernández, Chavela Vargas, Marco Antonio Solís y Alejandro Fernández y añadió: “Si alguien conoce a alguno de estos dos últimos, díganles que estuvo aquí una española loca que muere por cantar con ellos”.

Ya en un ambiente muy mexicano, Boyero interpretó “Me gustas mucho”, para seguir con “Como una ola” y antes de dar por terminado el concierto, resaltó su devoción por la Virgen de Guadalupe, quien -confiaba- le permitiría alguna vez homenajear en tierras mexicanas a dos personas que ella tanto admira: Dúrcal y Jurado aunque siempre consideró hacerlo con el debido respeto, pues ambas son insuperables.

“Amor eterno” era el último tema previsto en el programa y fue durante esa interpretación que muchos asistentes se deshinibieron, y los pocos celulares que antes grababan alguno de los temas se multiplicaron para guardar evidencia de una gran noche.

Boyero se despidió una primera vez, pero ante el grito de: “¡Otra, otra!”, regresó al escenario y a sugerencia del maestro Ibarra volvió a interpretar “Aquella Carmen”, con el mismo sentimiento que la primera vez.

Llegó ahora sí el momento de despedirse y para ello, Boyero cantó una copla en la que recalcó que se lleva a San Luis en el corazón, que promete volver y pidió a la Virgen del Carmen trabajo y libertad para las y los potosinos. Dijo adiós a San Luis Potosí, con la promesa de volver y con un amor y complicidad con su público potosino, ese al que con su voz guió entre sentimientos y emociones que, como ella misma lo dijo, se convirtieron en algo más.