Del amor en tiempos de Covid

El amor y el aprecio no está en el regalo más costoso o en una cena en el restaurante más exclusivo de la ciudad, sino en el valor dado a cada persona con quien a diario se convive, sí, a la madre, a la hermana o al compañero de trabajo, pues otros miles han fallecido en la soledad de una sala de hospital, en la calle o en su habitación esperando un simple “te quiero”.
“Todo giraba en torno al trabajo”.
Desde hace casi ocho años Ana sostiene una relación con Arturo, al principio y durante los primeros tres años era común celebrar el 14 de febrero, pero al igual que una vela que se va apagando, su romance fue decayendo hasta llegar al inicio de la pandemia de la Covid-19.
La joven relata que el noviazgo comenzó a desgastarse de forma alarmante, pues aunque viven juntos tenían turnos laborales opuestos: ella matutino y él vespertino. “Estaba bien cañón vernos”, lamenta.
Con la declaratoria de la contingencia sanitaria en el país, la rutina no cambió, siguió así por varios meses hasta que un día ella resultó positiva al nuevo coronavirus, y a la postre él también se contagió.
Frente a ese panorama, se aislaron en su hogar, pero a diferencia de los años previos, todo el confinamiento dio un giro de 360 grados: no hubo una sola palabra del ámbito laboral, sino pláticas de qué pasaría ante un eventual fallecimiento.
Una vez superada la enfermedad, refiere que al retornar a la vida rutinaria comprendieron la importancia de tenerse empatía, paciencia y no dejarse olvidados al final del día. “Es importante el mensajito, la llamada o un chascarrillo de vez en cuando”, destaca.
“Fíjate que no me ha afectado tanto la pandemia…me ayudó la pandemia porque trabajamos juntos, pues estamos expuestos al Covid y a muchas cosas (…) nuestra vida y todo giraba en torno al trabajo, o sea, llegábamos a la casa y discutíamos cosas del trabajo”, relata Ana, quien reside en Monterrey, Nuevo León.
“Sola he estado
todo este tiempo”.
Un hola por redes sociales dio pie a que Erika comenzara un noviazgo a distancia con Pedro, que hasta hace 15 días todavía persistía y que estaba por cumplir su octavo aniversario, pero una serie de circunstancias sumadas a la pandemia evidenció que tarde o temprano la lejanía cobra factura.
En marzo de 2020 fue la penúltima vez que se reunieron, justo en el inicio de la contingencia sanitaria…meses después, en diciembre pasado, volvieron a reencontrarse, pero un cúmulo de aspectos y detalles terminaron por evidenciar los hechos: la ruptura estaba a la vuelta de la esquina y era tiempo de decir adiós.
El envío de mensajes por Whatsapp, pactar videollamadas y mantener la conversación a lo largo del día se diluyó hasta no quedar cenizas de aquel sueño de no solo conformarse con visitarse una vez al año, ella en San Luis Potosí y él en Guerrero, sino de establecerse y tener “una relación normal”.
Erika admite que el distanciamiento remarcado por la Covid-19 le abrió los ojos, pues para mal no se llevaría a cabo la posibilidad de vivir juntos, en cierta medida porque cada uno tenía concepciones diferentes de las aspiraciones y objetivos.
“A muchos, aunque la pandemia nos afectó más a unos que a otros, nos abrió los ojos en muchísimas cosas (…) llegué al punto que yo no merecía lo que tenía en esa relación (…) terminó por pesarme el tiempo”, comenta la entrevistada.
Dificultad para el amor.
Aunque no hubo tantas rupturas como se preveía, quienes ya tenían dificultades para relacionarse o comunicarse con los demás han visto un recrudecimiento de esa condición, incluso presentan angustia, aislamiento y frustración, advierte Esperanza Alonso Castañón, profesora investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).
“Nos confundimos mucho por esta comercialización del amor romántico, y ahí es donde pensamos que si tenemos un lazo cercano con alguien, entonces tendría que ser nuestra pareja (…) no siempre va a ser así. Hay relaciones muy buenas de amistad que van a ser malas relaciones de pareja”, enfatiza.
Mientras en el caso de Erika, la especialista explica que la relación no iba a dar más después de tanto tiempo a distancia, porque no se puede esperar ni construir algo a futuro cuando no hay cercanía para su fortalecimiento.
En cambio, dijo que la experiencia de Ana revela la profundidad del noviazgo y el revalorar a la pareja, aunque existan dificultades de gran magnitud como una pandemia.
“Me ha tocado escuchar en el consultorio de jovencitas que intercambian mensajes con otros, que podrían estar interesados en ser novios, pero que ahorita es complicado ser novios en estas condiciones. Más bien terminan siendo como amigovios o amigos cercanos”, dijo.
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