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Emilia Cervantes, la voz de la niña, la periodista

Por PULSO

Junio 07, 2022 03:00 a.m.

Por: María Alejandra Ruiz Cervantes

Los periódicos ya se apilaban en aquella casa ubicada en la calle de Manuel Mier y Terán cuando Emilia nació, era el año de 1958.

La tinta y la tipografía helvética del papel se quedaron impresas en las huellas de sus manos, como un anuncio que avisaba que años después aquel territorio de lo escrito se convertiría en el refugio y hogar de una niña acrisolada por el trabajo.

Desde muy pequeña aprendió el oficio de sus padres, para trabajar como voceadora en las calles del Centro Histórico de San Luis Potosí. Vendió revistas, cuentos, periódicos, enciclopedias y hasta los clásicos de la literatura, en los que a través de sus páginas comenzó a conocer otros mundos, otras realidades y a alzar la voz con la sabiduría de la palabra. 

Sobre aquella calle adoquinada que la vio crecer, Emilia despertaba de ensoñaciones constantes provenientes de su imaginación inocente, para reencontrarse con su realidad y esperar, como todos los días, a la clientela que buscaba la nueva edición de Buen Hogar, Doctoralia, Vanidades y la publicación periódica de LIFE. 

El trabajo era pesado y la responsabilidad mucha. 

Una pequeña que aprendería casi en completa secrecía, que existía en otra vida lejos del negocio de sus padres.

Ella soñaba en convertirse en Oriana Fallaci, Martha Gellhor, o bien en algún personaje de las novelas policiales de Agatha Cristie; aunque su aspiración más cercana fue ser la adolescente que caminaba hacia la escuela mochila en mano.

Emilia estudió la primaria y secundaria a escondidas de su padre, con el apoyo total de su madre, quien la impulsó para que despertara de las labores que amurallaban su mente y que supiera así, hacer realidad sus más profundas libertades.

Sus días discurrían agitados y laboriosos, pero nada se opuso a su ambición de salir adelante. Siempre con una lectura entre sus manos, pues sabía que se trataba de una herramienta transformadora que la ayudaría a cambiar su camino y aquel destino que compartió desde el momento de su nacimiento.

Comprendió entonces que aquel negocio de periódicos y revistas fue su primera escuela, y supo que podía encaminar su pasión escondida por la escritura y humanizarla a través de la noticia.

Así fue que Emilia comenzó a buscar otros espacios dónde poder adquirir más nociones de periodismo.

En medio de un mundo que no estaba hecho para las mujeres decidió aprender por su propia cuenta sobre esta profesión y su interés por conocer la historia detrás de cada nota se acrecentó hasta convertirse en su gran pasión.

Fue así que, en el pleno transcurso de sus 20 años de edad, Emilia, quien estaba convencida de la fertilidad de su pensamiento y de ese entusiasmo fugitivo que poseía por la escritura, se motivó a inscribirse en un curso de periodismo local realizado por la escuela Carlos Septién García en San Luis Potosí.

En esa etapa construiría una alianza con su madre Antonia, quien en completa discreción la apoyó para obtener su independencia, pero, sobre todo, de quien aprendió a ser una mujer sujeta de su propia historia y hacer de aquel oficio del periodismo una herramienta social para cambiar su vida.

Entonces Emilia adquirió las bases del periodismo que sobrevivía al contexto social de la década de 1980, una profesión que se resistía por conservar su carácter liberal y veraz.

Así, durante un año, aquella joven de personalidad reservada aprendió a ver la vida con una mirada crítica y puso en práctica la episteme de esta profesión para comenzar a adentrarse en la naturaleza y la virtud de una buena periodista.

Fue así que en 1978 Emilia entró a trabajar al periódico El Sol de San Luis, dónde comenzó como muchas otras mujeres que se desenvolvieron laboralmente dentro de los medios de comunicación, en espacios comúnmente estereotipados por su género.

Cubrió la fuente de sociales y espectáculos, y aunque no le molestaba, Emilia siempre tuvo la ambición de que sus palabras trascendieran más allá de lo impreso en una plana.

En el año de 1982, se adentró al periodismo cultural donde pudo exponer el empoderamiento de su narrativa, la cual fue reconocida por sus superiores.

En ese mismo año, construyó una identidad femenina dentro del periodismo local y que sin saberlo abonó a la construcción de la difusión cultural de su estado.

Emilia Cervantes Ávalos escribió siempre con una mirada profundamente revolucionaria, donde la virtud de la razón prevalecía, una labor que le hizo merecedora del primer lugar del Premio de Periodismo Estatal, por una entrevista realizada al escritor Gabriel García Márquez.

Un trabajo en donde relató la creatividad, práctica y la curiosidad por la vida ante el periodismo hiperbólico que García Márquez desarrolló por muchos años.

Este hecho fue uno de los primeros pasos que Emilia dio para trazar su camino como periodista cultural, por el que trazó una trayectoria de 35 años, en los que pudo desarrollarse en diversos medios de comunicación.

Tras 12 años de laborar para El Sol de San Luis, tuvo que buscar otros espacios para desarrollarse ampliamente y fue así que comenzó a trabajar para los periódicos San Luis Hoy y Pulso.

Una etapa en la que pudo encontrar otras maneras de hacer periodismo; un trabajo que influyó en la aproximación cultural de la entidad, a nivel local, nacional e internacional.

Para la década de 1990 encontró en el valor narrativo de la Danza Contemporánea un espacio para llevar a sus textos la emotividad y la conjunción que significa el discurso de un cuerpo creando arte.

Trabajos por los que también obtuvo cuatro veces el premio a “La Mejor Crítica sobre Danza” en el Certamen Periodístico inherente al Festival Internacional de Danza “Lila López”.

No obstante, Emilia siempre estuvo deseosa de atraer aquellas historias que por mucho tiempo fueron consideradas tabú, historias que se mantenían silenciadas.

Realizó periodismo desde la “diferencia” y cuando nadie se atrevió a hablar sobre las identidades, ella llegó a romper con estigmas y a develar aquellas historias que de alguna manera reivindicaron a estos sectores de la sociedad. 

Por estos trabajos le otorgaron el Premio Estatal de Periodismo en el año 2002, por la entrevista realizada al bailarín de Danza Contemporánea José Rivera Moya y su grupo dancístico “La Cebra Danza Gay” y en el año 2007 por la entrevista al modisto y travestí, “Summer Winter”.

Así transcurrieron más de tres décadas en las que Emilia Cervantes Ávalos creó un espacio de reflexión en la plana local donde obtuvo un poco más de 12 premios por su labor periodística.

Su trabajo puso de manifiesto que la cultura no es solo aquello que se consume en recintos gubernamentales, sino que también son los relatos de vida de quienes a través de su trabajo creativo hacen frente a las desigualdades sociales.

Emilia es una mujer periodista que siempre trabajó desde su espíritu crítico, con gran agudeza y comprensión, pero sobre todo que logró un diálogo armónico, intelectual y político del acontecer del círculo cultural que atravesó San Luis Potosí por muchos años.