"Mamá... no te voy a dejar sola"
Alan, un niño milagro, pasó a la historia por vencer el cáncer, un tanto a fuerza de su equilibrio emocional, otro poco para acompañar a su mamá, reír otra vez y soñar con ser oncólogo

Resumen
Destacados
Preguntas y respuestas
"Mamá... no te voy a dejar sola", dijo el niño milagro Alan, cuando con sentimientos encontrados y miedo, pero con una fortaleza emocional inusual, se enteró por sus tratamientos que padecía cáncer.
Sus palabras se hicieron profecía. El toque de la campana le entregó el trofeo de la lucha por librar un tumor en la cabeza, mismo que en poco más de un año desapareció con cirugías, terapias y una fortaleza emocional que no solo le regresó la salud, sino que lo vio nacer como líder de otros pacientes que recuperaron el ánimo. Y es que este mes de la lucha contra el cáncer, Alan lo venció.
De sus compañeros que lo hallaron de vez en cuando en el Hospital General de Zona número 1 del IMSS, pasó sus internamientos viviendo entre sus propios apuros y las ganas proactivas de inyectar buena vibra a otros pequeños pacientes.
Alan volvió a nacer
¡Sigue nuestro canal de WhatsApp para más noticias! Únete aquí
Un pastel de chocolate, enfermeras jubilosas, familiares y amigos lo recibieron al salir de su último diagnóstico. Luego, harían una caravana con carros arreglados con globos desde el Hospital rumbo el centro de la ciudad y luego hasta la iglesia.
Alan acumula sueños como ser un médico oncólogo, admira a los que lo atendieron, al Hombre Araña y a su mamá Karina Marente, la primera a quien se le derrumbó el mundo cuando recibió la noticia de la resonancia magnética, presentada a través de un reflejo de un tumor canceroso, como la causa de que perdiera la vista y ni siquiera los lentes le funcionaran.
LA FE MUEVE TUMORES
La historia empezó en julio de 2025. Fue tan inesperado. Alan, un niño lleno de vida, salud y sueños por cumplir, vivía una adolescencia hiperactiva, una escuela con amigos y el anhelo de perfeccionar su deporte.
Un día manifestó un dolor de cabeza. Lo que parecía algo pasajero, en uno o dos días dio un vuelco que le cambió la vida, por una señal, cuando su vista comenzó a nublarse, decía que veía borroso y unos días después, todo se volvió negro frente a sus ojos.
Karina Marente, su mamá, soltera, de carácter firme, convencida de la férrea defensa de su condición femenina, trabaja para mantener a su familia y Alan es todo su amor.
Preocupada, se dio cuenta de que la vista en caída fue la señal para correr a buscar atención médica, que primero encontró en un médico particular. Un oftalmólogo le aplicó una resonancia. El 22 de julio de 2025, el resultado del escaneo le entregó la noticia que ningún padre quiere escuchar, al advertir un tumor de más de tres centímetros de diámetro en su cabecita.
En cuestión de días y como era previsible para esos casos, Alan se debilitó, "pero Dios puso en nuestro camino a un gran equipo de médicos que le salvaron la vida: el doctor Humberto Mercado, neurólogo y el doctor Sandoval, cirujano, quien junto al doctor Cristian Alvarado, endocrinólogo, realizaron la intervención. El 1 de agosto de 2025 se realizó la resección del tumor.
La siguiente parte de la historia lo llevó a casi tres días en terapia intensiva: Tres días de oraciones infinitas de toda la familia, de miedo y de fe, y la cirugía fue un éxito.
EL DIAGNÓSTICO DEL CÁNCER
Luego vino la biopsia y el diagnóstico más duro: un linfoma muy raro del sistema nervioso central, linfoma de Hodgkin, que se aloja y en caso de crecer, provoca en los pacientes la pérdida de diversos sentidos, hasta que en casos muy graves pega directamente en la movilidad y en las acciones que requieren de la electricidad del cuerpo. Para Karina, era hasta entonces el peor momento de su historia personal.
A ENTRARLE...
Alan y Karina decidieron no rendirse. Casi de inmediato, en septiembre, se le realizaron resonancia y PET. "Gracias a Dios y a la mano de sus médicos, solo quedó un 10 por ciento del tumor... ahí conocimos a un angelito en nuestro camino, personificado en la doctora Yadira Sánchez, oncóloga padriatra quien le dio el tratamiento adecuado a través de seis ciclos de quimioterapia, de la primera semana de septiembre de 2025 a enero de 2026".
DE LA QUIMIO A LA RADIO
Para Alan, todo este proceso fue fundamental, porque también reconoce el acompañamiento del doctor Pablo Zermeño, nutriólogo clínico, quien cuidó de su alimentación y fortalecimiento en el proceso para superar cada sesión de quimioterapia
En ese lapso, Alan y Karina conocieron "a personitas increíbles", desde médicos, enfermeros y todo el personal del hospital que les proporcionó no solo atención médica, sino un trato que consideraron muy humano para el tamaño del apuro.
No había que conformarse con la quimioterapia, porque era necesario asegurarse de un combate efectivo al cáncer. El pequeño Alan, de ya casi 15 años de edad, recibió veinte sesiones de radioterapia, que concluyeron en marzo de 2026.
Para Karina fueron meses de incertidumbre y de miedo, pero siempre con la fe por delante. "Nos encomendamos a la Virgencita de Guadalupe, a San Judas Tadeo, al Arcángel Gabriel".
DE PORQUÉ ES UN MILAGRO...
Y el milagro llegó el 10 de junio. La resonancia y PET aplicadas en esa última sesión, encontraron un resultado donde los análisis salieron libres de actividad tumoral. Lo programaron para mantenerlo en vigilancia médica.
Esta siguiente etapa comprometía otros estudios. Fue así como el 2 de octubre, este mes que termina, se repitió la resonancia "y Dios nos regaló la noticia más hermosa: ya no había nada en su cabecita. Su cuerpecito estaba limpio".
DIAGNÓSTICO DE SU PROPIA BOCA
Karina Marente mencionó algo que asegura que a ella y a su hijo les marcó: Cuando Alan ingresaba al hospital para recibir sus quimioterapias, él no sabía su diagnóstico. Sólo se le dijo que era un tratamiento para quitar el 10 por ciento que había quedado del tumor.
Fue hasta que recibió ayuda psicológica que él comprendió que tenía un tipo de cáncer raro. Fue ahí, en el hospital, donde él mismo se dio cuenta y aún así, nunca perdió el ánimo. Alan, para muchos, fue una voz que en muchas ocasiones iluminó esa sala silenciosa de tratamientos contra el cáncer.
Siempre alegraba a los médicos y a los que ahí se encontraban, permanecía con buen ánimo. No tardó en hacer muchos amiguitos. Quizá, o tal vez por eso, Alan venció el cáncer y lo cuenta con orgullo y alegría.
EL GESTO DE LA VICTORIA
Ganarle al cáncer no es cosa fácil, y lo saben aquellos que encuentran en los tratamientos una etapa ruda de la vida.
Por eso, para Alan hay sonidos que marcan un antes y un después y a veces, un "para siempre", por superar aquellas horas que parece que se quedaron detenidas en el tiempo y marcan un silencio prolongado.
Justo por ello existe un instante sagrado, aquel de tocar la campana frente a todos, orgulloso de vencer el cáncer.
Así le sucedió a Alan este jueves, en el área oncológica del IMSS Zapata. Su toque de campana fue la culminación, un acto de alegría y una fiesta que ni él esperaba. Fue sorpresa para él. Cuando salió del consultorio y vio a todos aquellos que ya lo esperaban, entre ellos su familia, sus amigos, sus compañeritos, sus amigos de oncología, todo el personal médico y enfermería, y hasta a Spider-Man (el señor Miguel Ángel Román Zapata) que llegó a alegrar ese momento tan emotivo, su carita de felicidad lo dijo todo.
Hoy Alan está en vigilancia constante, pero con la fe intacta de que todo seguirá saliendo bien. "Quiero agradecer de corazón a la familia Marente, familia Álvarez y familia Durán, y a todos los amigos que siempre nos acompañaron, nos dieron aliento y con sus oraciones nos ayudaron a salir adelante".
Para Karina, la doctora misma les dijo que fue un milagro.
Es la historia de Alan Fernando Marente. Es un niño milagro. Es un niño que demostró lo fuerte que es y que el cáncer sí tiene cura cuando hay fe, amor y esperanza.
Recuperación tras cáncer: recomendaciones de nutrición y ejercicio
Tratamientos oncológicos pueden afectar masa muscular y salud ósea, por lo que se requiere atención personalizada

no te pierdas estas noticias

















