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Ciudad de México.- En plena emergencia sanitaria por el coronavirus, los extranjeros están sacando sus inversiones del país a un ritmo sin precedente, anticipándose a que México pierda el grado de inversión el próximo año.
La deuda del gobierno en manos de inversionistas foráneos sumó un billón 896 mil millones de pesos al 4 de mayo, lo que equivale a casi 78 mil millones de dólares al tipo de cambio FIX de ese día, de acuerdo con el Banco de México.
Esta cifra significa una disminución de 318 mil millones de pesos con relación a los 2 billones 214 mil millones que los extranjeros tenían el 21 de febrero pasado.
Convertida a dólares, la tenencia se redujo en 40 mil millones frente a su nivel máximo del año. Sin embargo, al descontar el efecto de la depreciación cambiaria, la desinversión equivale a 16 mil millones de dólares, 14% menos que a mediados de febrero.
Esta salida se debe a que los inversionistas se están anticipando a que la deuda soberana seguirá siendo degradada este año y perderá el grado de inversión en 2021, opinó Ernesto O’Farrill, director General de Bursamétrica Casa de Bolsa.
En marzo y abril, las tres principales calificadoras, Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch, recortaron las notas de México y Pemex.
Las dos primeras lo hicieron con perspectiva negativa, siendo una advertencia de que pueden rebajar las calificaciones de nuevo en los meses siguientes. Por su parte, Fitch dejó a México al borde del precipicio, a solo un peldaño de perder el grado de inversión.
Los mercados se anticipan a los hechos, de manera que la salida de capitales se puede acelerar si, después de la pandemia, se mantiene la crisis de confianza en el gobierno y se sigue sin incentivar la inversión privada en beneficio del crecimiento económico, explicó O’Farrill.
“Cuando las calificadoras te retiran el grado de inversión, las instituciones te sacan de sus portafolios modelo y la salida de capitales se convierte en una estampida”, dijo.
Para Lucía Cárdenas, directora de Estudios Económicos de CitiBanamex, la desinversión se debe a la rebaja en las calificaciones de México y Pemex, la recesión económica, la incertidumbre de los inversionistas por las decisiones del presidente Andrés Manuel López Obrador y la volatilidad generada por el Covid-19, entre otros hechos.








