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“a 20 años, roberto bolaño”

Por PULSO

Julio 24, 2023 03:00 a.m.

A

Disculpen, ustedes la omisión de la columna hace una semana, y es que la vida se burla de la organización y de los obsesivos – compulsivos, como yo, ya que tenía prevista la nota de Roberto Bolaño a los veinte años de su partida a no sé dónde, el pasado 15 de julio, y de pronto ¡pum!, la noticia que retiembla el mundo literario, la muerte de Milan Kundera, y entonces sentí una especie de culpa por no saber a quién retribuirle más, en una disputa absurda en mi cabeza, cuando al final decidí regresar a mi paz y mostrarles lo que ya había escrito sobre Bolaño, pues Kindera había partidos después del punto final, y además, aún sigo sin ordenar adecuadamente lo que Kundera dejó en mí, pero lo muestro la próxima semana.

Hablemos del eterno joven rebelde, el que como Bolívar se alzaba con la bandera de latinoamericano y no solo chileno. El siempre sedicioso, Roberto Bolaño, quien apenas husmeaba lo tradicional, neoliberal y normado, y salía huyendo en un avión o a través de la literatura. Escritor del exilio, de la distancia, de la orilla, de aquellos que ofrecen miradas como “estrella distante”, y ya alejados del entorno, exclaman y exigen con voz poética y crítica aquello que les incomoda.

Bolaño fue conocido como gran crítico de la literatura y escritores chilenos, de eso que te bajan los ánimos porque tú crees que has valorado a Neruda, Donoso, Isabel Allende, y te sale con su humor ácido y te hace sentir un falto de conocimiento del arte literario. De Gabriela Mistral dijo que era una extraterrestre, queriendo entender (yo) que la está valorando, pero con este rebelde, no se sabe. Por ahí se salvó de la tijera, Nicanor Parra. ¡Ah!, pero no le toquen ni a Borges ni a Cortázar.

México fue su patria, su hogar, aunque al final de sus años prometió no volver nunca más, pero nos conoció bien y, sobre todo, nos delineó con esa aguda mirada que a veces cala hasta el tuétano, sino lean “Los detectives salvajes”. En el país admiró y fue amigo de poetas como Efraín Huerta y Mario Santiago Papasquiaro. Siendo un adolescente de quince años, con el contexto de la guerra sucia en el país y en su figura de “rechazado” por la dictadura chilena, entonces imaginen le efervescencia rebelde que emerge de él y que junto con otros más, logran canalizar ese desatado hastío contra lo oficial y sistemas rígidos o lo que simbolizaba el estilo de Octavio Paz, en el conocido grupo de los “infrarrealistas”, o ya en corto, “los infras”.

Un escritor prolífico, con poesía, cuento, crónica, ensayo, novela, sobran las opciones para los lectores. Quizá fue exigente crítico a su propia poesía, aunque inició su carrera de escritor con este género, percibo que no se sentía suficientemente “alto” como sus referentes Rimbaud, Baudelaire o Lautréamont. Tuvo la constante de poner en tela de juicio el papel del escritor, como esos necesarios mirones, pero también actores de ejercicio miserable, como lo muestra en “La literatura nazi en América”. La historia de México, Chile, América Latina, pero también de los “decaídos” del mundo, pueden encontrar en Bolaño una especie de elixir que no precisamente curará su angustia, pero que sí empatará con la idea de que siempre hay algo en el día a día que nos incomoda, y de ahí, hay que moverse. Conmemore, pues, la ausencia del rebelde Bolaño.