Bailar solo o con el palo de la escoba, el aislamiento no detiene al tango

Bailar solo o con el palo de la escoba, el aislamiento no detiene al tango

BUENOS AIRES (EFE).- La esencia del tango reside en el baile en pareja, en la unión de dos cuerpos mediante un abrazo, que ahora, por el aislamiento social, se separó. Pero este baile, orgullo y patrimonio del Río de la Plata, no se detiene, y bien sea en solitario o con el palo de una escoba, los tangueros argentinos siguen bailando.

Hace más de seis meses que en Argentina comenzó la cuarentena por la pandemia de coronavirus, más de medio año en el que las restricciones se han flexibilizado en algunos lugares y permitieron el retorno de muchas actividades, pero no de las milongas, cuna del tango de Buenos Aires donde convergen bailarines, músicos y todo tipo de aficionados al melancólico sonar de esta música.

Ante esta situación, la imaginación se hizo fuerte y surgieron nuevas formas de mantener el baile con vida, como ocurre con las clases, que pasaron de ser presenciales a virtuales y persisten gracias al esfuerzo de gente como Oscar García, organizador de milongas y profesor durante los 10 últimos años, quien ha encontrado en internet la plataforma ideal para mantener el contacto con sus alumnos.

"Es muy difícil bailar solo, nosotros lo que pensamos es en llevar a la casa de la gente un entretenimiento, un rato de esparcimiento, un rato donde vos te divertís bailando, aunque bailes solo y te sentís ridículo, porque bailas tango solo, y les hacemos agarrar (a los alumnos) un palo de escoba, o un globo o un pañuelo y yo te puedo asegurar que después de bailar un rato te sentís distinto", afirmó a Efe.

SITUACIÓN DE INFORMALIDAD Y FALTA DE AYUDAS

La llegada de la pandemia sorprendió al mundo del tango en "una informalidad muy grande en un montón de aspectos", ya que gran parte de la escena de esta música, más allá de su vertiente turística, se sustenta en la actividad barrial, que no tiene un organigrama definido y muchas veces es casi anónima, por eso ahora se ven en la obligación de organizarse para aunar esfuerzos.

Por este motivo surgieron iniciativas como la Milonga Federal Virtual, auspiciada por la Asociación de Organizadores de Milongas (AOM), de la que García es miembro, que este domingo reunió a organizadores de eventos de todo el país; o una encuesta para aportar "datos concretos de lo que son los trabajadores del tango", que además de bailarines y músicos incluye diseñadores de ropa y zapatos y otras actividades

Según los cálculos de la AOM, hay unas 500 milongas en el país que no pueden abrir, lo que afecta a cerca de 5.000 familias que hasta la fecha no recibieron ningún tipo de ayuda por parte de las instituciones.

"Desde que empezó la pandemia no hemos recibido ningún tipo de ayuda. Por más que digan que sí, no hemos recibido nada concretamente", destacó García, más conocido en la escena como "el Colo", quien agregó saber que "el Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aires tiene un presupuesto millonario para el tango".

Esta situación es extensiva a todos los trabajadores culturales, que en algún momento protagonizaron manifestaciones por este motivo, y esperan que fruto de la organización puedan ser escuchados.

"Gracias a esta pandemia, el tango, como otros sectores, se unió fuerte y estamos empezando a hacernos escuchar y a hacernos visibles en una actividad que mueve muchos millones al año, que está muy relacionado con el turismo, con lo cual consideramos que tiene un valor no solamente social y cultural, sino económico, y estamos esperando que nos ayuden", subrayó.

TANGO Y TURISMO, REALIDADES INSEPARABLES

Esa es la doble realidad del tango, una actividad informal en sus orígenes pero altamente profesionalizada en otros aspectos vinculados al turismo, que encuentra en este baile uno de sus principales reclamos, como ocurre en el icónico paseo de Caminito, uno de los lugares de Buenos Aires predilectos para los turistas por sus coloridas viviendas y por el apasionado baile de muchos profesionales que viven de esto.

"Todos los años entran millones de personas acá, de todo el mundo, que viene hacer un circuito turístico, van a las Cataratas del Iguazú, van al Calafate, van a la Patagonia, pero también van al tango, muchos vienen por el tango y de paso hacen otra cosa", matizó.

Papel importante en todo esto juega el Mundial de Tango, un evento en creciente expansión y que este año, por primera vez, se celebró de manera virtual con una organización en la que a modo de protesta no estuvieron muchos de los principales profesores y profesionales del país, quienes denuncian que les pidieron que participaran gratis y con poca antelación.

"Nosotros dijimos 'no', ¿cómo gratis? Encima de que estamos sin trabajar, que no hay respuesta, que no nos han convocado, ¿Querés que se haga gratis? Entonces todo el mundo del tango, o la gran mayoría, le dio la espalda, no participamos en nada", declaró.

VUELTA INCIERTA

Por el momento no se vislumbra el retorno de las milongas, a pesar de que los aficionados y bailarines, en muchos casos, están por la labor de buscar un protocolo que permita una práctica segura, como afirma Andrea Fachelli, aficionada y practicante desde hace unos 6 años.

"Con barbijo (mascarilla) tal vez se pueda, no habría tanto inconveniente me parece a mí, y tener todos los recaudos (...). Yo me animaría, la verdad que tengo tantas ganas de bailar... me gusta ser respetuosa, pero si se pudiera de alguna manera retomar estaría bueno, pero no sé cuán riesgoso podría ser", señaló a Efe.

Fachelli es un ejemplo de los bailarines que encontraron en la pandemia una oportunidad para practicar de otra manera, y en su caso, aunque a veces agarra la escoba o utiliza una silla como punto de referencia, prefiere mantener el abrazo, aunque sea individual.

"Yo prefiero armar el abrazo, que tiene su técnica, y a partir de ahí sentir que estoy bailando con alguien. Es un trabajo con uno mismo el tango, entonces aprovechas esos momentos para registrarte donde estás y para hacer un trabajo interno", agregó.

Ella seguirá acudiendo a clases virtuales, como viene haciendo, dos veces por semana, para mejorar su técnica, aunque siempre con el deseo de que el bandoneón vuelva a sonar con la orquesta en la milonga, y es que tiene claro que "el tango nunca muere, se levantará".