Invisibilizar el feminicidio es violencia machista: Cristina Rivera

CIUDAD DE MÉXICO, febrero 19 (EL UNIVERSAL).- Hay un antes y un después en la literatura de Cristina Rivera Garza tras la escritura de El invencible verano de Liliana (Literatura Random House, 2021). Lo es porque logró reconstruir y poner sobre papel el feminicidio de su hermana Liliana, ocurrido en 1990, que permanecía en "un silencio dolorido, forzado, impuesto", porque descubrió que hay miles de sobrevivientes como su familia, que en México siguen en silencio y esperando justicia, y también porque le ha dado otro rumbo a su forma de contar y a su literatura, tanto que incluso ha pensado en escribir un segundo libro de Liliana.
--Alguna vez platicando con la periodista Daniela Rea, una amiga muy querida, me decía hace muchos años que cada vez teníamos más información sobre feminicidios, pero seguíamos sabiendo muy poco sobre los procesos del duelo, sobre qué se sentía perder, qué nos pasaba a la sociedad civil cuando esto ocurría. En esa época yo le había contado a Daniela de mi historia, ni de la historia de mi hermana, pero ahora me pongo a pensar en que gran parte de esa respuesta, que ha sido muy generosa, muy empática y muy entusiasta con Liliana y con su historia, tiene mucho que ver, creo, con esta invisibilización del duelo en homicidios, en pérdidas que se deben a esta desatada violencia machista.
-¿Sacuden a la acción los nombres de las mujeres asesinadas que se escriben en muros, las cruces que se levantan, las movilizaciones?
--Los especialistas en el terreno de la salud, de la psicología, de la sociología insisten en decir que el feminicidio es el punto más extremo y letal de una violencia que se ha ido acumulando y que ha ido creciendo, es muy difícil que alguien nada más se levante un día y asesine a una mujer sin previo récord de violencia, usualmente lo que se da es un escalamiento de distintas formas de violencia, algunas muy naturalizadas como los celos. El paso de un cierto tipo de violencia al peligro inminente es un riesgo mayor y creo que hace falta el trabajo por parte de las instituciones de salud, por parte del Estado y también por parte de la sociedad civil, también por parte de nosotros como parte de una sociedad. Estas historias que son tan tristes también son muy necesarias porque necesitamos ese recordatorio de que esto no es una situación que haya pasado, ni que se quedó en los 90, hace 30 años, es por desgracia nuestra tragedia de nuestros días.
-¿Al final nombrar, contar la historia es sanar un poco?
--Hablando sobre las nociones de la justicia, la penal por la que estoy luchando también, hay también toda la justicia en relación a la memoria, a la narrativa acerca de la vida de Liliana; la justicia también significa restitución y creo que en estos últimos sentidos que le he dado a la palabra justicia sin duda el trabajo a través de la escritura es fundamental, menos en un sentido psicológico y más en un sentido de articulación de este duelo compartido y de esta gran solidaridad compartida que hemos sentido tanto yo como mi familia.
-¿Sigues muy puntual el caso de Liliana, estás cerca de la Fiscalía de Feminicidios?
--A lo largo de la historia moderna en México ha habido una indiferencia casi estructural. Una cosa buena es que existe la Fiscalía de feminicidios y que la dirige Sayuri Herrera, una abogada que yo respeto mucho. Ojalá que cuente con toda la infraestructura y todos los recursos humanos y financieros para que hagan el trabajo que quieren hacer. He recibido de ella consejos importantes, me ha dado vías para pensar qué es la justicia y qué de justicia busco obtener. Muy pronto pienso dar información más concreta sobre cómo va el caso de Liliana porque los lectores del libro no sólo lo han leído, se han hermanado y han adoptado a Liliana y para mí es un deber decirles en qué va y cuáles son los últimos acontecimientos de su caso.
-¿Restituir su memoria y la de los sobrevivientes?
--Eso es lo que desató. Pensé que esto era un silencio mío y de mi familia, un silencio dolorido, forzado, impuesto. De lo que me fui dando cuenta es que no era individual, que esta es la manera en que muchos sobrevivientes nos las arreglamos para seguir adelante, entonces imagínate encontrarnos, vernos a los ojos. Creo que a Liliana le habría gustado pensar que habiendo contado su historia, de su mano, pueda tocar a otros.






