La historia de Tayra

La historia de Tayra

2:

Ulises tenía un perro, viejo, como Tayra. 

Hubo una época en que todos leían con el olfato las palabras  labradas en las piedras; manzana huele a fuego, 

el paraíso huele a mester de juglaría. 

Escriben con runas en el muro: el caballo

 es inocente. 

La perra es una rigurosa crítica, experta en detectar el plagio, 

sabe que la sombra es colectiva y, por lo tanto,

 la escritura. 

Vele decir que todo lo que escribo es plagio, 

Tayra lo sabe y por eso me gruñe cuando tomo la pluma. 

Esto quiere decir que hablo, tal vez, desde 

mi muerte, 

desde un borroso pasado que casi no recuerdo. 

El contexto es importante, 

los dados siempre caen en el tapete. 

Lo que sí sé es que alguna vez dejé mi dentadura olvidada en un museo de arte, 

la encontraré seguramente, pero necesito un manual de mecánica del ego.