logo pulso
PSL Logo

Leer a saltos en la era digital

Para Laura García Arroyo, lexicógrafa, se ha modificado la capacidad de atención, de retención y de análisis

Por Estrella Govea PULSO

Enero 26, 2026 03:00 a.m.

A

Galeria

Sostener la atención durante una hora seguida se ha vuelto un gesto cada vez más raro. Leer sin interrupciones, sin notificaciones, sin saltar de una pantalla a otra, parece hoy una práctica contracorriente. En un entorno marcado por la inmediatez, la fragmentación y el consumo constante de información, la forma en que leemos —y lo que perdemos en ese proceso— comienza a ser una pregunta urgente.

Para Laura García Arroyo, lexicógrafa, traductora y promotora cultural, no se trata de un cambio menor. La sobreabundancia de contenidos tiene ventajas evidentes, pero también ha modificado de manera profunda la capacidad de atención, de retención y de análisis. "Tenemos tantas cosas a nuestro alrededor que nuestra capacidad de concentrarnos y analizar se ha perdido un poquito", señala en una entrevista exclusiva para Pulso Diario de San Luis. El problema no es solo cuánto leemos, sino cómo y con qué nivel de atención lo hacemos.

CONSECUENCIAS

La lectura fragmentada, titulares, textos breves, desplazamientos verticales, se ha vuelto una práctica cotidiana. Se lee rápido, por encima, sin detenerse. Ese hábito, advierte García Arroyo, tiene consecuencias que apenas empezamos a dimensionar: menor comprensión, menor capacidad crítica y un empobrecimiento del vocabulario. Al no detenernos, al no releer ni confrontar lo que leemos, se diluye también la posibilidad de análisis.

¡Sigue nuestro canal de WhatsApp para más noticias! Únete aquí


La lógica de la rapidez se impone incluso en formatos que antes exigían concentración. Los audiolibros, por ejemplo, suelen promocionarse como una actividad compatible con manejar, hacer ejercicio o realizar tareas domésticas. Para García Arroyo, esa idea encierra una contradicción: "¿Por qué querría hacer otra cosa mientras estoy dentro de una historia?". No todas las obras resisten la multitarea; no todas pueden ser escuchadas de fondo sin perder sentido.

MÁS HISTORIAS, MENOS IMPACTO

Nunca había sido tan fácil acceder a libros, textos, artículos e historias. Sin embargo, la cantidad no garantiza profundidad. La pregunta, apunta García Arroyo, es cuántas de esas historias realmente inciden en los lectores, cuántas los sacuden o los obligan a confrontar emociones y situaciones ajenas a su experiencia cotidiana.

La literatura, recuerda, no solo informa: enseña a reconocer sentimientos, conflictos y circunstancias que la vida diaria no siempre ofrece. Al leer de manera superficial, ese aprendizaje se diluye. Se consumen relatos, pero se vive poco la experiencia lectora. El resultado es una relación cada vez más distante con los textos, donde la emoción y la reflexión quedan relegadas por la prisa.

LEER DESPACIO COMO 

ACTO DISRUPTIVO

En este contexto, leer con atención se vuelve un gesto casi subversivo. Para García Arroyo, sentarse a leer durante una hora seguida implica hoy un esfuerzo consciente, una decisión deliberada de ausentarse del ruido digital. No se trata de rechazar las nuevas tecnologías ni los formatos contemporáneos, sino de no desplazar la lectura larga, exigente, aquella que demanda tiempo y concentración.

Defender la lectura lenta también implica defender lecturas que incomodan, que exigen interpretación y análisis. "A los lectores hay que exigirles un poquito de esfuerzo", sostiene. No se trata de eliminar las lecturas ligeras que también tienen su lugar, sino de no renunciar a aquellas que forman ciudadanos críticos, menos vulnerables a la manipulación y más capaces de entender la complejidad del mundo.

UNA DECISIÓN CONSCIENTE

La crisis de la atención no es un fenómeno aislado ni pasajero. Es parte de un cambio profundo en la manera de relacionarnos con el lenguaje y con las ideas. Frente a ello, la lectura atenta no aparece como una nostalgia del pasado, sino como una práctica necesaria. Leer despacio, sin distracciones, sigue siendo una forma de resistencia en un mundo que exige velocidad constante.