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LEER SIN CULPA

Celeste Alba, hacia una relación más libre con los libros

Por Estrella Govea

Enero 04, 2026 03:00 a.m.

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LEER SIN CULPA

Cada inicio de año suele venir acompañado de propósitos lectores ambiciosos que, con el paso de los meses, se diluyen. Para Celeste Alba Iris, mediadora y acompañante de procesos lectores, el problema no está en la falta de disciplina, sino en la forma en que se concibe la lectura: como una lista de pendientes y no como una experiencia vital.

Desde su trabajo con lectores, Alba Iris identifica que uno de los errores más comunes es planear el año desde la cantidad "tantos libros al año" y no desde el sentido. Leer, afirma, debería responder a una necesidad personal: acompañar un momento de vida, detonar preguntas o generar disfrute. A ello se suma la comparación constante con lo que "se supone" que hay que leer, una exigencia que termina por vaciar de gozo el acto lector.

Para quienes buscan reconciliarse con la lectura, la especialista propone volver a la memoria afectiva: recordar el último libro que realmente tocó algo íntimo, sin importar si fue considerado "alta literatura". Dejar de juzgarse como lector es, dice, el primer paso para recuperar el placer de leer desde la curiosidad o incluso desde una necesidad emocional.

En cuanto a la planeación anual, Alba Iris sugiere pensarla como un mapa flexible y no como un calendario rígido. Organizar el recorrido lector a partir de ejes emocionales, temáticos o vitales permite asumir los desvíos, las pausas y los abandonos como parte natural del proceso, y no como fracasos.

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Un año lector significativo, explica, se construye desde el equilibrio: libros que reten, libros que acompañen y libros que sorprendan. La diversidad de géneros, extensiones y voces es clave, así como dejar espacio para el azar, las recomendaciones inesperadas y los encuentros fortuitos con los libros.

Frente a un contexto marcado por la distracción constante, la mediadora apuesta por estrategias simples: pequeños rituales en lugar de grandes promesas. Leer en el mismo lugar, en un horario posible, aunque sea por pocos minutos, apagar notificaciones y aceptar que hay días de lectura breve y otros de lectura profunda. La constancia, subraya, nace más de la amabilidad con uno mismo que de la disciplina estricta.

La dimensión emocional ocupa un lugar central en su visión: nadie sostiene en el tiempo algo que no le produce sentido. La lectura no solo informa, también conmueve, acompaña y nombra aquello que no siempre sabemos decir. Cuando el disfrute está presente, leer deja de ser una meta para convertirse en una forma de habitar el mundo.

Alba Iris también destaca el valor de la lectura acompañada. Clubes, charlas y comunidades transforman el acto solitario en una experiencia compartida que amplía la comprensión de los textos y sostiene el compromiso lector desde el deseo de dialogar, no desde la presión.

En 2026, el Club de Lectura que coordina en San Luis Potosí cumple ocho años, un aniversario que, señala, confirma que la lectura acompañada sí genera comunidad y procesos duraderos.