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Había espejos,
siete para ser exactos,
como los ángeles.
Un hombre de polvo
en un caleidoscopio.
Nada más,
sólo el olvido
y un hadrón dorado.
El hombre coloca
un corazón de piedra
en cada nido,
colecciona palabras
de ceniza
y calendarios rotos.








