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> El ogro democrático > Privilegiados

Por Redacción

Enero 04, 2026 03:00 a.m.

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El mundo entró en una nueva, peligrosa e incierta etapa ayer, luego de que infringiendo leyes internacionales y de su país, el presidente Donald Trump ordenó un ataque a Caracas para buscar y capturar a su contraparte venezolana, Nicolás Maduro, para trasladarlo a territorio estadounidense para responder a las acusaciones de narcoterrorismo y tráfico de armas.

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No se niega lo evidente: el gobierno de Nicolás Maduro nunca fue democrático. Heredó el germen del autoritarismo de Hugo Chávez y lo hizo evolucionar a niveles que hacían su existencia indefendible. Tenía que caer.

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Sin embargo, la vía de una intervención extranjera, que contrarió totalmente el Estado de Derecho, es también indefendible.

Y no es que sea el primer derrocamiento de un gobierno extranjero por parte de Estados Unidos. La lista es larga. 

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Sin embargo, en América Latina, no había ocurrido uno desde que en los 80, el vecino país invadió Granada y Panamá para deponer a gobiernos que consideraba adversos.

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El problema con Estados Unidos es que la enorme eficacia y éxito que muestra en los derrocamientos en que ha intervenido, muy frecuentemente y en especial las más recientes, no se refleja en el proceso de reconstrucción material y la recuperación democrática. Irak, Afganistán y Haití son muestra de ello.

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Sobre todo, porque, en esta ocasión, el gobierno de Estados Unidos, o más bien Donald Trump, no muestra el más mínimo interés por el bienestar del pueblo venezolano. Los dichos del mandatario naranja sobre el control del petróleo del país sudamericano o el hecho de decidir la transición son signos de ello.

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Pero además de derrotar a un enemigo ideológico y hacerse de recursos naturales, el derrocamiento de Maduro es para Trump un ejemplo de lo que es capaz de hacer. México, que ayer fue mencionado por el mandatario estadounidense, debe estar muy pendiente de esto. 

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Los diputados locales se aprovecharon de sus facultades para concederse un aumento que, si bien en proporción con lo que ya ganan, puede considerarse no muy elevado.

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Pero habrá que ver cómo le caerían a cualquier mortal un alza de 80 mil pesos en el año.

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Por cierto, el truco que les permite decir a los legisladores que sus dietas no se incrementan es concentrar los incrementos en otras prestaciones. Ahí es donde sucede la magia.

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Parece que esta legislatura está dispuesta a reinstaurar los onerosos privilegios que disfrutaban sus antecesores y que se perdieron al ser demasiado escandalosos. Hacia ese rumbo se enfila esta diputación,