La crisis que viene La batalla de los migrantes
La crisis que viene no se encuentra tan lejos de ser una realidad, como la que viven Tamaulipas, Zacatecas, Jalisco y Guanajuato. Los delincuentes han entrado progresivamente a zonas que históricamente se consideraban más seguras, tales como oficinas de gobierno, instalaciones que hasta cuentan con equipos de vigilancia en video... y a Las Lomas.
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El modo de operar es exactamente el mismo, pero también en zonas donde los hampones parecen no estar tan “quemados” como en el Centro Histórico, donde los malhechores ya hasta son conocidos por la policía. Versiones aseguran que hay bandas de delincuentes muy amigas de policías de investigación, por eso no hay detenidos por robos en ciertas zonas de la ciudad como la Industrial Aviación, el centro y colonias y barrios de los alrededores, Jardines del Estadio, San Miguelito, San Sebastián, Alamitos y Las Lomas.
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Muy lejos quedó aquel episodio histórico donde un ciudadano podría abrigar un concepto romántico y esperanzador de la policía. Sábado y domingo, vecinos de colonias que se supone son más seguras, sufrieron asaltos de una banda que anda suelta. Ayer, según los propios vecinos, cerca de un asalto hasta había patrullas, pero no policías. El servicio de atención de emergencias 911 ni siquiera contestó.
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“Al pobre viejo ni le hacen caso”, decía convencido un migrante mexicano originario de Ciénega de Flores, Nuevo León, que ingresaba a territorio nacional desde el puente internacional Benito Juárez, allá por diciembre de 2005, cuando el entonces presidente de México, Vicente Fox Quesada, presumía que personalmente acudiría a la frontera a revisar la llegada de los paisanos mexicanos para pasar la temporada decembrina con su familia. La respuesta se aproximaba a la realidad, si se consideraba la larga cadena de extorsiones que sufren los mexicanos residentes en Estados Unidos, desde el famoso kilómetro 26 de la carretera 85, hasta Monterrey, y después en San Roberto, Nuevo León, y así sucesivamente hasta sus destinos.
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En 2022, la situación no es diferente. Los viajeros se tienen que organizar en caravanas para entrar al país, porque ya los esperan con gran colmillo, algunos mordelones profesionales. A López Obrador tampoco le hacen caso, como los policías y agentes aduanales ignoraron las instrucciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Menos al actual, que hasta trata a los delincuentes con pincitas y los celebra cada que puede, con el pacto de los abrazos.
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De intervenciones de autoridad, solo se ha sabido de diputados y funcionarios oportunistas, que se presentan en las caravanas para tomarse la foto y promover su imagen de buenos samaritanos, según ellos preocupados por la situación de los migrantes. Los hay que circulan fotos dialogando con los viajeros, otros hasta posan con banderitas. Algunos más dan entrevistas, según ellos con movidos por la situación de riesgo de los viajeros. Lo cierto es que la organización en caravanas fue la respuesta a largas cadenas de extorsiones que técnicamente envuelven a los cuerpos de seguridad de los tres niveles de gobierno en toda la ruta.
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Otro sitio de la ciudad en la orfandad es el Centro de Abastos. Hace años que autoridades policiales de dos niveles de gobierno prometieron regular las horas de carga y descarga, y dirigir el tráfico en horas pico. En temporada navideña, lo menos que apareció fueron policías, y el caos vehicular refleja poca o nula planeación vial. A veces, el gobierno del estado dice que el Centro de Abastos es suyo, otras veces la alcaldía interviene. En la zona hay una comandancia central de seguridad municipal y una base de la Guardia Civil en la Tercera Oriente. Ni con eso hay operativos para redistribuir el tránsito.
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¡¡HASTA MAÑANA!!



