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Protocolos de la muerte Repensando la tragedia

Por PULSO

Septiembre 25, 2022 03:00 a.m.

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Día 19 de septiembre de 1985, 19 de septiembre del 2017, y 19 de septiembre de 2022. Pasan los sismos de gran magnitud, y las generaciones no terminan de aprender a salvar su vida. Los protocolos de Protección Civil, parecen solo formar parte de un memorial de tragedias, que solo son recordadas en fecha de aniversario. Edificios oficiales, son escenarios representativos de la que debería ser una simulación de evacuación, en caso de presentarse un movimiento telúrico. Solo algunos lo entendieron, y aparecieron simulacros en al menos quinientos edificios de la zona urbana de la capital. 

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La medición de los tiempos es otro asunto. Tan solo en sitios como el Servicio de Administración Tributaria (SAT) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el personal todavía no se despabila de los dos años de suspensión de gran parte de las actividades presenciales. Parece ser que se les olvidaron los protocolos, y en ambos casos llegaron al peligroso tiempo de cuatro minutos para salir de sus edificios y ponerse a salvo de cualquier emergencia. Los dos minutos recomendados, son los equivalentes al tiempo transcurrido desde que suena la alarma sísmica, es decir con un minuto aproximado de anticipación a la sensación de mayor intensidad, la presencia del movimiento telúrico y el minuto aproximado que transcurre de sacudida. Esos 2 minutos a partir de la reacción con reflejos para moverse desde una oficina hasta un punto de reunión, son vitales en el caso de evitar una tragedia.

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Asunto aparte, es el hecho de que San Luis Potosí ya no puede ser considerado zona asísmica; tan solo en nuestra ciudad capital, por décadas ni siquiera tuvo a la mano un acelerógrafo como el que utiliza en forma permanente el Instituto de Geología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ahora, ya es posible detectar la intensidad de un sismo con un análisis preciso del valor del movimiento, en las escalas oficiales, procedimiento en tiempo real que hace la diferencia con la sensación de un sismo que sólo fue resentido sin ningún dato preciso, el 19 de septiembre de 1985. A las 7:19 de aquella fecha, por ejemplo, un profesor de matemáticas, de nombre Emilio Agundiz Moreno, llegaba con sus pupilos de 1o. “D” de la Escuela Secundaria Dionisio Zavala, y contaba a detalle lo que él sintió, del Hotel Regis en el Distrito Federal que quedó hecho sándwich, de las calles destrozadas, las fugas de gas y los heridos y muertos. “El temblor se sintió hasta acá”, decía en esa aula de planta alta, en San Luis Potosí.

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El Sistema Educativo Estatal Regular (SEER) ni siquiera tiene un plan de simulacros. El único edificio evacuado, es su propio inmueble administrativo de la avenida Coronel Romero. Para las escuelas, el sismo fue a segundo término. Un espacio recordatorio como el de siempre, con honores a la bandera, algún acto Cívico alusivo a la fecha por recordar, y un minuto de silencio por las víctimas de los sismos de los días 19 de septiembre de 1985 y 2017. Gran error para el aprendizaje significativo, si lo que necesitan los estudiantes, es entender que encerrarlos en honores a la bandera con efemérides, forma parte de los protocolos de la muerte, si llega un sismo y no saben cómo reaccionar.

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Repensando la tragedia, es lo que ya deberían hacer autoridades estatales y municipales de la capital, luego del terrible accidente con saldo de un estudiante muerto, en los carriles centrales de la avenida Salvador Nava Martínez con dirección a Cordillera de los Alpes. Es verdad que todo ciudadano tiene derecho a ser el tipo de negocio que le guste y crea que le reditúa la supervivencia, pero también lo es el hecho de que la venta descontrolada de alcohol llega a los límites de envenenar a la juventud, y venderle todo lo que se pueda meter al cuerpo. 

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¡HASTA LA PRÓXIMA!