El pibe en pulso
Los reyes descalzos
El fin de semana anterior ha sido espléndido para vuestro servidor, amables seguidores de esta columna que semanalmente aparece en la Sección Deportiva de Pulso.
¿Por qué? Porque el Jurado Calificador del Premio Estatal de Periodismo 2019, seleccionó mi trabajo cabeceado por los responsables de la Sección como “Ellos también fueron los grandes héroes”, una historia de la época de oro del voleibol potosino, publicado el 2 de octubre del año anterior, y con un honroso segundo lugar en la categoría de Crónica Deportiva. Recibiré el reconocimiento, pero les aseguro que ustedes, amigos que me han felicitado, lectores que siguen mi labor periodística ¡son mi premio especial! Por eso, las gracias más expresivas.
Un trabajo propiciado por los grandes exponentes del deporte de las clavadas (y no me refiero a las que cometen los corruptos en el sistema público de ahora y de antes). El voleibol ha tenido una espléndida edad de oro en la pasada centuria y eso me movió a escribir sobre este magnífico deporte que infortunadamente no me conmovían sus pequeños cuerpos delgados, cortos de estatura, pero me maravillaba su ágil forma de jugar al basquetbol ¡descalzos!
Venían de lo más alto de la sierra oaxaqueña a mostrar su acendrada afición por el deporte ráfaga que tanto les había inculcado ese incomparable entrenador Sergio Zúñiga y lo hacían con orgullo, con nobleza, con esa infantil e inquebrantable decisión de triunfar.
Los niños triquis… que ejemplo de la niñez oaxaqueña para el mundo. Chiquitos, esmurriaditos pero con un gran espíritu de indomable guerrero.
Los niños triquis… surgidos de las zonas peor marginadas del sureño estado mexicano, conquistaron la admiración del mundo que los vio jugar con sus pies sin tenis “porque usarlos les restaba velocidad”.
Los niños triquis… bajados de la sierra para ser considerados como el “dream team” del basquetbol infantil, en los primeros años de este milenio.
Alguien preguntó a nuestro Diario: ¿Qué se hicieron los sorprendentes triquis?
Pues nada, que han crecido y se han convertido en positivos jóvenes que siguen impulsando el basquetbol que les hizo famosos mundialmente.
Por principio de cuentas, ganaron un Torneo Nacional de Basquetbol Infantil y luego sorprendieron al mundo coronándose en el Festival Internacional de Baloncesto Infantil en Argentina. Además, en los Estados Unidos mostraron su calidad basquetbolera ganando seis juegos invictos. Y el mundo del básquet no sólo los admiró sino que los puso como ejemplo para la niñez.
Efraín Martínez, uno de los gloriosos integrantes del equipo de ensueño, ha expresado que cuando salen a competir fuera del país, van con la decisión de poner muy en alto los colores del deporte de México y, por supuesto, el orgullo de su origen indígena.
Para aspirar a ingresar a la Academia de Baloncesto Indígena, los niños triquis deben de rendir en su aprendizaje en la escuela y leer por lo menos un libro cada quince días.
Con la comparación respetuosamente guardada, recuerdo a un equipo singular que venía de Agua Señora y Monte Oscuro, del vecino municipio de Mexquitic, con su colorida indumentaria deportiva y canasteando sorprendentemente desde cualquier punto de la cancha Manuel R. Palacios.






