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Daca, Bangladesh.- La ayuda humanitaria no resolverá por sí sola la crisis de los refugiados rohinya, sino que se necesitan soluciones políticas inclusivas para las 700.000 personas que huyeron de Myanmar a Bangladesh escapando de la violencia, dijo el martes el presidente de Cruz Roja Internacional.
Según Naciones Unidas, la represión del ejército birmano contra la minoría musulmana rohinya el pasado agosto tras un ataque insurgente constituyó una “limpieza étnica”. Myanmar y Bangladesh firmaron un acuerdo para la repatriación de los refugiados, pero su aplicación no está clara por cuestiones de seguridad y verificación, entre otras preocupaciones.
Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, visitó el estado birmano de Rakhine, donde vivían los rohinya antes del éxodo, además de los campos en los que se instalaron en el distrito bangladesí de Cox’s Bazar. En las dos zonas, la gente está sufriendo, declaró.
“Me reuní con quienes se quedaron y con los que se fueron, y está claro que la gente está sufriendo en las dos partes”, señaló Maurer. “Carecen de viviendas seguras, electricidad, letrinas, medicinas y atención médica. Hay pocas opciones para que obtengan salarios que les permitan abandonar la ayuda y las condiciones de emergencia”.
Maurer agregó que las condiciones para la repatriación a Myanmar eran difíciles: “No existen las condiciones para que un gran número de personas regrese a casa”.
Durante generaciones, los rohinya han enfrentado discriminación en Myanmar, una nación de mayoría budista.
Su regreso requeriría “medidas para asegurar su libertad de movimiento, el acceso a servicios básicos, libertad para realizar una actividad económica y el acceso a los mercados en Rakhine, y lo más importante, confiar en los acuerdos de seguridad para los retornados”, apuntó.
Según Naciones Unidas, la represión del ejército birmano contra la minoría musulmana rohinya el pasado agosto tras un ataque insurgente constituyó una “limpieza étnica”. Myanmar y Bangladesh firmaron un acuerdo para la repatriación de los refugiados, pero su aplicación no está clara por cuestiones de seguridad y verificación, entre otras preocupaciones.
Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, visitó el estado birmano de Rakhine, donde vivían los rohinya antes del éxodo, además de los campos en los que se instalaron en el distrito bangladesí de Cox’s Bazar. En las dos zonas, la gente está sufriendo, declaró.
“Me reuní con quienes se quedaron y con los que se fueron, y está claro que la gente está sufriendo en las dos partes”, señaló Maurer. “Carecen de viviendas seguras, electricidad, letrinas, medicinas y atención médica. Hay pocas opciones para que obtengan salarios que les permitan abandonar la ayuda y las condiciones de emergencia”.
Maurer agregó que las condiciones para la repatriación a Myanmar eran difíciles: “No existen las condiciones para que un gran número de personas regrese a casa”.
Durante generaciones, los rohinya han enfrentado discriminación en Myanmar, una nación de mayoría budista.
Su regreso requeriría “medidas para asegurar su libertad de movimiento, el acceso a servicios básicos, libertad para realizar una actividad económica y el acceso a los mercados en Rakhine, y lo más importante, confiar en los acuerdos de seguridad para los retornados”, apuntó.








