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Washington.- Los países que lideran las estadísticas de muertos por COVID-19 en todo el mundo no son los más pobres, ni los más ricos, ni siquiera los más densamente poblados. Pero tienen una cosa en común: líderes populistas y poco convencionales.
El populismo en política implica aprobar medidas populares entre “el pueblo”, y no entre las élites y los expertos. Donald Trump en Estados Unidos, Boris Johnson en Gran Bretaña y Jair Bolsonaro en Brasil, así como Narendra Modi en India y Andrés Manuel López Obrador en México, han llegado al poder en países democráticos desafiando el viejo orden, prometiendo ayudas sociales a las masas y rechazando a las instituciones tradicionales.
Pero resulta que cuando se trata de combatir una nueva enfermedad como el COVID-19, las políticas de los populistas están teniendo pobres resultados en comparación con las de países con modelos democráticos liberales como Alemania, Francia o Islandia en Europa, y Corea del Sur o Japón en Asia.
Estados Unidos, Brasil, Gran Bretaña y México tienen líderes que han sido escépticos con los científicos y que en un principio restaron importancia a la enfermedad. Esos cuatro países suponen la mitad de las 618.000 muertes por COVID-19 registradas por ahora en todo el mundo, según conteos recopilados por la Universidad Johns Hopkins. De esas muertes, 142.000 se contabilizaron en Estados Unidos.
“La pandemia y la crisis económica revelan el precio de la incompetencia, y en realidad esto importa”, dijo el politólogo Thomas Wright, de la Institución Brookings. En su opinión, la enfermedad “toca todos los puntos ciegos que tienen los populistas”.
“Básicamente cuestionan el estado y las instituciones. Y la realidad objetiva es que el virus refuta todo eso”, dijo. “Porque necesitas una burocracia funcional, tienes que tener confianza en los números y tienes que responder de forma científica”.
Cuestionar hechos corroborados es una característica de los líderes populistas. Otra es que recomendaciones como decirle a la gente que se quede en casa o que lleve mascarilla en público suponen un riesgo de enojar a sus seguidores.








