Con equis de cruz
De los 20 a los 40 años el hombre es un roble: fuerte y vigoroso. De los 40 a los 60 es un álamo: flexible, pero aún confiable. En la senectud es un pino de Navidad: las esferas le sirven nada más de adorno... "Te casaste conmigo porque tenía dinero". Tal reproche le hizo Uglicia a Bragueto, su marido. "Todo lo contrario -opuso él-. Me casé contigo porque yo no lo tenía"... Don Ramón María del Valle Inclán, el genial escritor de las barbas de chivo que dijo Rubén Darío, vino a México. Alguien le preguntó después en su natal España por qué había viajado a ese país tan remoto. Explicó: "Porque su nombre se escribe con equis". Con equis, en efecto, ha de escribirse la palabra "México". Ciertamente algunos ilustres mexicanos la escribían con jota, como don Francisco J. Santamaría, insigne lexicógrafo, y don Alfonso Junco, gran historiador y poeta regiomontano a quien no se le ha hecho justicia. Jovenzuelo yo, tenía los arrojos que la ignorancia da, y polemizaba con ese sabio intelectual, que escribía siempre "Méjico". En mis artículos yo me refería a él como "don Alfonso Xunco". Pecado de juventud es ése, pero de ninguno de mis pecados de juventud me he arrepentido nunca. Actualmente la Real Academia de la Lengua Española registra la palabra "México" con equis. Reconoció por fin el modo en que los mexicanos escribimos el nombre de nuestra patria. Fiel a mi linaje hispánico -igualmente soy fiel a mi linaje indígena-, celebré la presencia en nuestro país de Isabel Díaz Ayuso, política española -periodista también- actual presidenta de la Comunidad de Madrid. Aplaudí su visita a la Basílica de Guadalupe, y admiré la consistencia de los discursos que aquí dijo. Un leve reproche, empero, debo hacerle: en el curso de su estancia escribió el nombre de nuestro país con jota, y no con equis, como hacemos los mexicanos y como prescriben incluso los académicos de España. Debo evocar en este punto un olvidado poema "El credo", de Ricardo López Méndez, "El Vate". Tuve el honor y el privilegio de conocer a la señora Ligia, viuda de este preclaro yucateco, y me emocioné cuando me dijo que por mi voz y mi conversación le recordaba a su marido. En los sonoros y sentido versos de su poesía el bardo de Izamal habló de la equis de México, y dijo que esa letra "algo tiene de cruz y de calvario". Nuestro país está atravesando en estos tiempos por un via crucis doloroso, y carga una cruz que le ha sido impuesta por malos mexicanos. Aquí traigo también a la memoria a otro personaje, caballero a la antigua, saltillense, excelente poeta y orador de altos vuelos: don Felipe Sánchez de la Fuente. Pronunció un discurso en el Teatro de la Paz, de San Luis Potosí, y lo terminó con una frase que hizo que el público se pusiera en pie y lo ovacionara: "Para salvar a un México crucificado es necesario crucificarnos en él". A los mexicanos de hoy nos atañen también esas palabras. Si el tal -talísimo- Rocha Moya vuelve a su puesto de gobernador de Sinaloa nuestro país habrá sido crucificado nuevamente en cruz de corrupción e impunidad. López Obrador pondrá el madero, y Claudia Sheinbaum aportará los clavos. Sonorosa frase es también esta última, columnista. No esperes, sin embargo, aplauso alguno, pues al escribir como escribes no haces sino cumplir tu deber de mexicano preocupado por el bien de tu país. Deja a un lado ahora los coturnos del arúspice y narra un cuentecillo final que nos aligere el ánimo, conturbado por el sombrío panorama nacional... Acnerito, muchacho adolescente, le pidió a su padre: "Háblame de sexo". Respondió el señor: "Ya me he olvidado de esas cosas, hijo. Tengo 20 años de casado"... FIN.










