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Confesemos (11)

Por Carlos Pérez García

Agosto 22, 2026 03:00 a.m.

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    Preguntas y respuestas

      Regreso aquí a la serie de memorias o recuerdos, que he dado a conocer estas semanas a excepción de algunas en que volví a mis columnas acostumbradas.

      * REFIERO AHORA VARIOS NOMBRES que no tuvieron cabida en anteriores capítulos, con comentarios mínimos:

      Enrique Peña Nieto fue un presidente que inició bien con sus pactos (tan odiados por los resentidos anti-neolibrerales) pero luego cayó en corruptelas y errores. Nunca me buscó ni yo lo contacté de ninguna forma.

      Rogelio Ramírez de la O, secretario de Hacienda con López Obrador, fue amigo cercano de mi hermano mayor, no mío. Tenía una buena formación progresista en Inglaterra, y lo traté años antes de que se sumara al lamentable gobierno populista, donde se alejó de la racionalidad económica al plegarse a la ignorante voluntad ideológica del autoritario presidente. Con todo, RRO no quería escuchar ni saber nada más.

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      La médica Mercedes Juan llegó a ser secretaria de Salud con Peña Nieto. Habíamos hecho buena amistad en la campaña de Miguel de la Madrid, y nunca pareció sentirse cómoda y segura en la política. Años después la vi una sólo vez en su despacho de la Secretaría.

      La doctora en Economía Georgina Kessel fue secretaria de Energía con Felipe Calderón y antes directora general de la Casa de Moneda con Vicente Fox. Era una buena académica del ITAM que se integró a la SEMIP y me tocó iniciarla en los vericuetos del sector público. Luego la fui a ver a su oficina un par de ocasiones, aunque no me hizo mucho caso; sólo me llamó una vez para sondearme sobre si me interesaba ser liquidador de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro... creo que no mostré reservas, pero ya no me buscó.

      El economista Rogelio Gasca era subsecretario de Energía cuando entré de Oficial Mayor a la SEMIP. Muy astuto y socarrón, rápido nos hicimos amigos aunque no se llevaba bien con el secretario y yo quise ser mediador; fracasé y, bueno, eso me abrió la posibilidad de ascender.

      El notario potosino Felipe Mier fue un gran amigo y excelente funcionario en el IMSS y el ISSSTE. Su eficacia y honestidad se sumaban a su sencillez y disposición... Un ejemplo para mí.

      * EN LA SECCIÓN DE anécdotas incluyo hoy estas adicionales, que tampoco alcanzaron lugar en las entregas previas:

      Con el director del IMSS, Arsenio Farell, me avisaron que al día siguiente lo acompañaríamos a Tapachula en un vuelo privado a las 8 de la mañana. Era una visita para confirmar a los chiapanecos que la delegación del Instituto se iba a cambiar a la capital del estado, Tuxtla Gutiérrez, con lo que había oposición en la localidad. Camino del aeropuerto al evento, un nutrido grupo de manifestantes nos detuvo y rodeó la combi, bamboleándola un buen rato de un lado a otro. Ya allí, el discurso fue "Queridos habitantes de Tapachula, les confirmo que la delegación permanecerá en esta ciudad...". Como a las 4 de la tarde estábamos de regreso en las oficinas del DF desde la frontera con Guatemala, y yo lo único que quería era vomitar y dormir un poco.

      En sus largas jornadas del Seguro Social, él se daba tiempo de reunirse con Evanivaldo Castro ´Cabinho´, futbolista brasileño que era la estrella del equipo Atlante de Primera División, propiedad del Instituto. Le relataba su tristeza lejos de la familia, y el director general lo escuchaba y le daba consejos (en lugar de aumentos salariales) para que estuviera en su mejor forma en  el partido del domingo. Con gusto, nos encargamos del Oaxtepec en Segunda y luego Primera División.

      Al negociar con el poderoso Sindicato en un enorme salón, me podía preguntar: A ver ¿son correctas estas cifras de salarios y prestaciones que acabo de mencionar? Y, claro, aunque yo no las conociera, con el micrófono le reviraba: ¡Sí señor! Por su parte, las enfermeras gritaban que no tenían gasas en algunos hospitales, y de inmediato daba órdenes que las atendieran. Igual cuando alguien le exigía, contestaba: ¡Si está en las condiciones de trabajo, no lo vamos a negociar... se cumple! Para lo demás era muy duro.

      Ya en la Secretaría del Trabajo, cada día estaba él en sus oficinas un promedio de 14 horas bastante bien organizadas, que incluían una rápida salida a ejercicio, una comida sana que le llevaban y a veces una siesta, con lo que sostenía unas 10 horas de trabajo efectivo (incluso desveladas hasta que se rindieran de cansancio los negociadores de patrones y trabajadores, sin baños a su alcance para que no se tardaran demasiado).

      * NO DEJO DE MENCIONAR el absurdo de hoy: ¡Un escondido tiranuelo que busca protección con un gobernador cómplice, por encima de la enfermita presidenta!

      cpgeneral@gmail.com

      X: @cpgarcieral y Fb: carlosjavierpérez