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En altavoz

Por Yolanda Camacho Zapata

Enero 14, 2025 03:00 a.m.

A

La ventana por la que tomo el sol en estos días de frío se encuentra en una esquina que da al sur, por lo que puedo confiar en ella para que, a cierta hora de la mañana, deje entrar los rayos del sol. También deja entrar conversaciones ajenas. 

No sé si se han dado cuenta de que a la gente le ha dado por sostener conversaciones por teléfono en altavoz, así que aun sin querer, uno acaba enterándose de cualquier cantidad de cosas. 

El otro día me tocó escuchar la voz de un hombre joven. Nunca le vi la cara, dado que estaba recargado en la pared de a lado de mi ventana, justo en el marco. Tenía un timbre de voz varonil pero inseguro. Primero empezó a hablar en un volumen normal del cual únicamente me llegaban palabras sueltas: “cena”, “año nuevo”, “regalo”, “piénsalo”. Nada suficiente para crear una historia. Sin embargo, conforme los minutos pasaban, él comenzó a subir el volumen. La voz se volvió más aguda, tartamudeaba, se quebraba: “-No me puedes hacer esto. Yo te amo, entiendo que estás encandilada, pero tenemos juntos casi dos años, nadie se enamora en 15 días. Yo se que nos soy guapo y que quedo muy por debajo de tu liga, pero lo que hemos vivido…no entiendo, no entiendo.-“ Yo, a unos metros de distancia, aunque separada por una gruesa pared antigua, me sentí una invasora. 

Ella habló: “-Lo siento tanto, eres muy bueno, muy bueno-“ Y lo decía como si fuera un defecto. Él se sonó los mocos. “-Por eso, no me puedes hacer esto, o sea, si puedes; no lo hagas, es un error, tu y yo somos el uno para el otro.-“ Yo le di un trago a mi café, como si eso le ayudara a pasar el trago amargo. “-De verdad lo siento, Luis. Jaime no tiene nada que ver en esto, fue la convivencia, el …-“ Luis no la dejó terminar: “-Es que no entiendo, te vas de prácticas menos de un mes, con un bato que ni te caía bien y ahora me dices que estás enamorada de él, que vas a dejarnos..-“ Dejarnos, así dijo. Y yo entendí perfectamente que era cierto, porque cuando uno abandona una relación nunca dejas a alguien solo, se deja lo que ambos eran. Quería salir a consolarlo.

Luego ella le dijo “-No es cosa de él, tu sabes que tu y yo ya estábamos en la monotonía.-“ Luis por primera vez usó un tono de voz molesto: “-¿Monotonía? Lo que tu llamas monotonía, era certeza, saber que uno está al lado del otro como una constante, como saber que el sol sale diario, eso no es monotonía.-“. Ella nada más dijo: “-No, o sea, es que ya no sentía emoción-“ “-Pues es que no soy montaña rusa. Yo  quise ser para ti lo que no habías tenido, que no vivieras lo que tu mamá vivió con tu papá por andar buscando tanta emoción. No me arrepiento de no ser tu shot de adrenalina, yo quería ser tu compañero de vida. Ser la tierra a la que siempre regresabas. -“ Ella también comenzó a llorar. Ninguno dijo nada por unos minutos. Entonces ella eligió las peores palabras que pudo haber dicho: “-Perdóname, seamos amigos.-“ Luis contestó lo único que se podía en aquél momento “- Por supuesto que no.-“ Y colgó. 

Escuché cómo se quedó llorando por largos minutos. Luego, otra voz se escuchó desde su teléfono “-¿Bueno?-“ “-Mamá, soy yo-“ “-¿Me tienes en speaker? Quítalo, me chocha que la gente se entere de  las cosas-“ Del susto me fui para atrás en la silla de rueditas. “-Me cortó, mamá, me cortó.-“  Nunca supe que dijo la mamá de Luis, porque para ese entonces, ya había apagado el altavoz.