Estamos ya en momentos en que la educación debe entenderse de manera diferente, ya no es simplemente que los niños, adolescentes y jóvenes asistan a un plantel de cualquier nivel educativo a “adquirir conocimientos”; y entrecomillo la última frase, porque resulta evidente que, en las escuelas, lo mismo que en todos los escenarios sociales, se aprenden muchas cosas más y que resultan de tanta o mayor relevancia que las destinadas tradicionalmente en los planes de estudio.
Ante este panorama, la Educación Integral Diversificada, plantea que, tan importante son los conocimientos teóricos y científicos, como lo son la promoción y fortalecimiento de valores, actitudes, habilidades sociales, entre otros; pero no solamente en la escuela, sino también en otros ámbitos como lo son las familias, los medios masivos de comunicación y en general todos los espacios en donde se desenvuelven los individuos.
Lo anterior implica una comprensión del fenómeno en dos aspectos: por un lado, entender que si bien es cierto que la educación escolarizada ya reconoce que su misión y objetivo con los alumnos se ha diferido hacia otras esferas de la persona, abarcando aspectos psicosociales y culturales; los cuales ya desde hace tiempo algunas escuelas privadas lo hacían y ahora las públicas lo hacen evidente con la inclusión en su plan de estudios de los aspectos socioemocionales.
Por otro lado, comprender que, como sociedad, las familias y todos los diferentes grupos estamos inmersos en este proceso educativo, reproduciendo hábitos, costumbres, habilidades, valores y muchos elementos más que de manera muy efectiva quedan impregnados en nuestros hijos y en todas las personas con las que interactuamos.
Precisamente en este último aspecto, encontramos lo que llamo: Maestros de vida.
Están inscritos en un marco de educación no formal e informal y consta de todas aquellas personas que, consciente o inconscientemente, difunden con sus acciones, enseñanzas que muestran de manera efectiva y elocuente “habilidades para la vida”; es decir, nos referimos a todas aquellas formas de atender y resolver problemas, diferentes maneras de comunicarse y expresarse, proyectos de actividades laborales de micro o macro empresa para “ganarse la vida” y brindar esa oportunidad a otros, mediante la generación de empleos; trato hacia su propia familia y las demás personas; actividades religiosas, grupos de activistas y de filantropía que ven por el beneficio de los que lo necesitan y muchos más, que son y están ejerciendo ese magisterio.
En esta dinámica social, vamos tan inmersos en la actividad y vértigo cotidiano, que ya no nos detenemos a pensar en lo que con nuestras acciones proyectamos y enseñamos; por eso, baste algunos ejemplos para resaltar este tipo de personas y lo que enseñan.
Maestra de vida: aquella mujer que, con un salario mínimo, hace literalmente milagros para brindarle a sus hijos alimento, vestuario, apoyos para la educación y lo que se necesite para sus necesidades; de igual forma, aquella mujer que, con todos los medios y recursos a su alcance, logra tener un equilibrio en todos los aspectos en la formación de sus menores. En ambos casos, con un total sentido de responsabilidad y dignidad.
Maestro de vida: aquel empresario socialmente responsable, emprendedor, con una visión basada en el respeto por las personas, los valores éticos, la comunidad, el medio ambiente y la sustentabilidad de las generaciones futuras (AliarSE, 2019); al igual que, el padre de familia que carente de grandes recursos, tiene el ingenio para crear una actividad micro o mediana y que, con ella, logra mantener a su familia. En las dos situaciones con una gran enseñanza para sus hijos y las demás personas.
Maestros de vida: aquellos padres que no obstante los errores, mayúsculos o menores que cometan sus hijos, se encuentran siempre “al pie del cañón”, escuchando, guiando, resolviendo y sobre todo comprendiendo que, equivocarse y reencauzar el camino es de humanos.
Maestros de vida: los abuelos que, ante la ausencia de los padres, se hacen cargo de sus nietos, cual si fueran sus propios hijos; y no obstante dolencias, el no poder agacharse o correr al igual que ellos, tienen la experiencia para llevarlos y traerlos de la escuela, alimentarlos, vestirlos y hasta para corregirlos, si fuera necesario.
Maestros de vida: los adultos que, ante una existencia azarosa y llena de tropiezos, que los ha llevado a consumir alcohol, tabaco y otras sustancias; al ver y entender lo que reflejaban en su familia y otras personas, de manera individual o con la ayuda de otras instituciones, tuvieron el valor de alejarse de esas prácticas y enseñar que estos cambios son posibles.
Maestro de vida: la persona que, ante una enfermedad importante, levanta la cara y sonríe a su familia y a las personas que le rodean, en señal de templanza, valentía y transmitiendo el mensaje de que todo saldrá bien.
Maestro de vida: el profesor, la profesora de cualquier nivel educativo, que aparte de enseñar los contenidos de un programa escolar, ha logrado influir en sus alumnos a grado tal de generarles la confianza en ellos mismos, así como la visión de que son seres importantes y que de ellos es el futuro real; que las puertas se abren, si se atreven a buscar la llave y a cruzar el umbral.
No desconocemos que también existe el lado negativo; los maestros de vida que, con sus acciones, son ejemplos totalmente nefastos y que, ante la gran cantidad de casos que todos los días inundan los titulares de la prensa y redes sociales, preferimos apostar por lo opuesto y resaltar lo que proactivamente mucha gente demuestra día a día.
No hace falta un título universitario, ni de una escuela Normal para Profesores. Todos, de una forma u otra, somos maestros, Maestros de vida.
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