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Familia y escuela Capítulo 298: Ciclos de esperanza

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Diciembre 31, 2025 03:00 a.m.

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Desde tiempos ancestrales, los ciclos naturales han marcado diversos acontecimientos en la vida cotidiana de las civilizaciones, originando diversas acciones sociales, culturales y hasta religiosas aparejadas a la ocurrencia de estos fenómenos cíclicos.

Desde el simple hecho de cumplir inexorablemente el ciclo del transcurrir del día con la entrada majestuosa y vital de sus tonos del amanecer, hasta los colores rojizos y melancólicos del final para dar paso a la oscuridad y el "encendido" maravilloso de todos los cuerpos que se presentan en el firmamento nocturno.

Este proceso impacta en el ser humano de manera determinante; derivado del día y la noche, denominado como: "Circadiano" se refiere a los ritmos biológicos naturales que siguen un ciclo aproximado de 24 horas y regulan funciones como el sueño, la temperatura corporal, las hormonas y el apetito, principalmente influenciados por la luz y la oscuridad, y controlados por un "reloj biológico" en el cerebro, siendo vitales para la salud (IA).

De manera paralela a este proceso vital biológico, tenemos que el simple hecho de descansar y dormir después de un día ajetreado, lleno de preocupaciones y tareas por realizar, resulta ser que siempre se presenta, como una característica humana, el tener la esperanza de que al día siguiente todo va a estar mejor, como si se le atribuyera al amanecer y su acompañamiento solar, las cualidades que mágicamente influirán positivamente sobre todos los asuntos no resueltos el día anterior.

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La salida del sol representa el inicio de un ciclo enviando un mensaje de esperanza, el cual, de manera natural parece provocar en todas las personas esa sensación de reiniciar procesos, labores, acciones propositivas y todo ello, mediante la proyección de sus rayos y todo lo que éstos tocan e iluminan; bien sea al recorrer los campos de cultivo, aguas marinas, lagos, ríos y lagunas; al reforzar a cada árbol, planta y vegetal o al ingresar por una ventana de algún hogar, oficina y hasta una celda de prisión.

Muchas de las culturas originarias en el mundo, tomaron en cuenta para el desarrollo de sus actividades cotidianas, religiosas, agrícolas y de planeación estratégica, precisamente calendarios lunares y solares, como fue el caso de Egipto, Incas, Persas, Aztecas y Mayas siendo este última cultura la que logró elaborar un calendario solar con una perfección impresionante.

En las culturas mencionadas y otros pueblos, el uso de su calendario representaba mucho más que un simple conteo de días o meses; era el ciclo en el que se depositaba la esperanza de un período final que daba paso a un porvenir alentador, con renacimiento y florecimiento de todas las actividades encomendadas, grandes y mejores cosechas, reducción o anulación de catástrofes y enfermedades mortales; en fin, el momento idóneo para sembrar motivos alentadores para el periodo siguiente.

Para el caso de las mujeres que están deseando procrear, el ciclo natural por el cual se presenta la ocasión de la fecundación, representa nada menos que la esperanza de concretar una de las funciones que ya desde los más antiguos pueblos indígenas asignaban a ellas: la madre tierra, la que da frutos y con ello, la esperanza de la supervivencia y la entrega del amor infinito entre ella y su hijo.

En las tareas profesionales y laborales en general, se presentan los ciclos en donde se trabaja durante días y posteriormente se otorga el o los días de descanso, los cuales sirven para reponer energías, descansar o ejecutar actividades diferentes a las habituales, para luego continuar con el trabajo formal.

Aún en la actividad laboral se tiene la esperanza que al paso de diferentes ciclos se obtenga un descanso y cambio de actividad mayor representado por la jubilación correspondiente.

En el ámbito escolar, dicha actividad está también regida por ciclos de inicio y final de labores académicas, en algunos casos de manera intermedia con la asignación de periodos vacacionales o bien, mediante el inicio y fin de cursos; estos últimos representan un episodio relevante en la vida escolar de alumnos, padres de familia y desde luego de los maestros.

Cuando se inicia un nivel educativo o el ingreso a un grado escolar, existe inevitablemente en la familia, la esperanza de que el cursar los estudios, así sea desde preescolar hasta posgrado, durante su trayecto todo salga bien y de la mejor manera, hasta su culminación.

Por el lado de los maestros, aquellos que han visto pasar ante ellos múltiples generaciones de alumnos y el trato con los correspondientes padres de familia, siempre mantienen la esperanza en que cada ciclo sea mejor que el anterior, sin que se presenten obstáculos mayúsculos y si se presentan, que se resuelvan de la mejor manera.

El día de hoy 31 de diciembre de 2025, la tierra va a terminar de dar una vuelta completa alrededor del sol, representando que ha concluido un ciclo en donde se depositó la esperanza como ese motor interno que nos permitió trascender las adversidades, visualizar un porvenir más positivo, y nos dio la fuerza para trazar caminos y estrategias que nos llevaron a la realización de metas y sueños, actuando como un ancla emocional en momentos difíciles. Tuvimos esa capacidad de acción y una perspectiva que intentó transformar la realidad, convirtiendo los obstáculos en oportunidades y la incertidumbre en motivación (IA).

Para padres de familia, alumnos, docentes y la sociedad en general, desde esta columna auguramos un cierre de ciclo con paz y salud, pero también con el arrojo y la valentía necesaria de mirar el nuevo amanecer de frente, con esa esperanza que todo ciclo natural otorga para encarar de manera firme y decidida todas las vicisitudes, positivas o negativas que el 2026 nos presente.

¡Felicidades!

Comentarios: gibarra@uaslp.m