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Familia y escuela Capítulo 301: ¿Dónde quedó la imaginación?

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Enero 21, 2026 03:00 a.m.

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Resulta muy interesante observar y escuchar a alumnos, maestros y maestras del nivel preescolar desarrollando sus actividades diarias; en ese momento mágico de estar dentro de un mundo diferente denominado: salón de clases.

Todavía para esa edad inicial de estudios los niños y niñas, ahora convertidos en flamantes alumnos y alumnas de un sistema escolarizado, muestran facultades y herramientas del pensamiento verdaderamente asombrosas: creatividad ilimitada, libertad de expresión en todo momento y espacio, sin barreras ni prejuicios sobre lo que van a mencionar, lo mismo que esa maravillosa manera de imaginar todo lo que su mente, de manera infinita, pueda crear.

Desde luego que todo este bagaje de conocimientos, creencias, valores y otros contenidos que adquieren y que estos pequeños van acumulando y reflejando de manera natural es impulsado, en primera instancia, por su convivencia familiar y todo lo que en su dinámica se presente; además de incrementarlo por los medios masivos de comunicación y redes sociales, las cuales, desde esa primera infancia los menores entienden, dominan y practican a la perfección.

La imaginación que estos preescolares demuestran se ha ido transformando y adaptando hacia los requerimientos que el mundo de la información y de convivencia en planos virtuales ha generado; en una reciente encuesta en un plantel escolar acerca de los regalos que recibieron en el último periodo navideño, resulta que de 20 alumnos que conformaban el grupo escolar, 10 niños recibieron aparatos de telefonía celular, 6 recibieron consolas y aparatos con juegos de video, 2 con carros o móviles a control remoto, 1 con un dron con cámara integrada y 1 con un patín con tracción eléctrica; muñecas no, juguetes tradicionales tampoco.

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Resulta fabuloso darnos cuenta del desarrollo social de estos pequeños estando compartiendo con sus compañeros y docente todas sus charlas, comentarios, ideas, habilidades, cosmovisión, creatividad; opiniones sobre casos que se presentan, incluso, sobre costos de insumos y productos, artistas en programación radiofónica o televisiva y hasta de política.

Una de esas herramientas que estos infantes poseen, sin duda es el poder de la imaginación: "la facultad mental de crear imágenes, ideas o sensaciones en la mente sin la presencia de estímulos externos, permitiendo visualizar lo real o lo ideal, planificar el futuro y generar creatividad; funciona conectando memoria y percepción para desarrollar lo nuevo, siendo crucial para la innovación, el aprendizaje y la comprensión del mundo" (IA).

En este nivel educativo se viven experiencias inéditas estando en desarrollo e interacción todo su potencial imaginativo; sus diálogos, propuestas, opiniones, opciones para abordar temáticas y resolver problemas; todo ello con un desparpajo tan natural y espontáneo que rebasa todos los límites y obstáculos, como si éstos solo se presentan para ser derribados por la imaginación de los menores.

Sin embargo, al egresar y comenzar su trayecto formativo en los niveles subsecuentes, comienza un proceso gradual que recorta y mutila la cualidad de imaginar, así como el pensar en libertad y tener la capacidad creativa como una característica más de nuestro desarrollo; a partir de este momento se ingresa a una dinámica restrictiva de diversas cualidades humanas.

Se imponen límites y se emiten prohibiciones de diferentes conductas y acciones como el reír, ponerse de pie en el momento en que, por cansancio o simplemente por gusto se desea estar en esa posición; en algunos casos se castiga o se reprende el no estar mirando al profesor cuando ésta habla o explica algún tema; estar tarareando alguna tonada o canción mientras se trabaja pareciera ser un insulto y falta no permitida.

Todavía se premia el orden; al observar que los docentes tienen a su grupo de alumnos, en todo el tiempo que transcurra el lapso de clases en silencio, sin pararse y centrados en libros o cuadernos, es sinónimo de calidad del docente y de aprovechamiento escolar de éstos.

Académicamente se privilegia la entrega recepción de contenidos y conocimientos de manera dosificada y precisa, ni más ni menos y en los tiempos estipulados en una planeación; de igual forma y con la misma precisión el evaluar los aprendizajes correspondientes como reflejo que se han adquirido.

Toda la rigurosidad que el proceso educativo exige comienza a mutilar aspectos que son tomados como "poco serios" o incluso no útiles e inservibles para la formación y educación de alumnos e hijos de familia, todo ello bajo la premisa de una calidad educativa fundamentada en aspectos científicos, objetivables y comprobados en nuestra realidad.

Luego entonces, todo el proceso que educativamente se desarrolla, queda "bajo control", no hay lugar para supuestos, "corazonadas", sentimientos, sueños y esperanzas; y, desde luego, no hay lugar para imaginar.

Lentamente va desapareciendo esa cualidad, que con los preescolares era una actividad innata y valiosa, como base para innovar visualizando elementos, acciones, respuestas, soluciones y hasta futuros posibles.

Tendriamos que entender que el ser humano está conformado de diferentes dimensiones, no solo de los aspectos cognitivos de nuestra memoria y pensamiento lógico; ¿qué hay de malo en imaginar? En soltar y liberar nuestra mente de forma tal que recorra el tiempo y el espacio creando infinitamente todo lo que nuestra creatividad se atreva a generar.

No dudaría ni un segundo en admitir que en espacios escolares y en hogares, se tengan sesiones específicas para imaginar: "¿en dónde te gustaría vivir cuando seas mayor? ¿En qué te gustaría trabajar? ¿qué aspectos de tu escuela o familia te gustaría mejorar?"

Seguramente el desarrollar esta actividad imaginativa, servirá de objetivo para conformar la personalidad de quien la ejecuta y, más importante, resulta útil al plantear en el horizonte futuro su trayecto de vida.

Si algo tenemos que recuperar de las cualidades desarrolladas por los menores preescolares, sin duda es el retomar la imaginación como parte de nuestras actividades.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx