Berrinche por el Nobel
”Todo el mundo dice que yo debería recibir el Premio Nobel de la Paz por cada uno de estos logros. Para mí el premio real serán los hijos e hijas que crezcan con sus madres y padres”.
Donald Trump, Asamblea General de la ONU, 23.09.2025
Por increíble que parezca, el presidente Trump le escribió una carta al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, en la que relaciona su propósito de anexionar Groenlandia a la Unión Americana al hecho de que no recibió el Premio Nobel de la Paz.
“Querido Jonas: Considerando que su país decidió no darme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido 8 Guerras y MÁS, ya no siento la obligación de pensar puramente en la Paz, aunque siempre será predominante, pero puedo ahora pensar qué es bueno y propio para los Estados Unidos de América. Dinamarca no puede proteger esa tierra de Rusia o China, ¿y por qué tienen un derecho de propiedad de cualquier forma? No hay documentos escritos, es solo que un bote arribó allí hace cientos de años, pero nosotros también teníamos botes que llegaron allí. He hecho más por la OTAN que cualquier otra persona desde su fundación, y ahora la OTAN debería hacer algo por los Estados Unidos. El Mundo no está seguro mientras no tengamos Control Completo y Total de Groenlandia. Gracias. Presidente DJT” [redacción y mayúsculas del original].
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Es difícil creer que esta carta la escribió un adulto y, mucho menos, el presidente del país más poderoso del planeta. El texto deja claro que todos los esfuerzos por encontrar sensatez y congruencia en las posiciones del presidente están condenados al fracaso. Trump actúa por ocurrencias y sin preocuparse de las consecuencias. Como al bully del jardín de niños, solo le interesa llamar la atención y demostrar que es el niño más fuerte del salón.
El gobierno de Noruega no tiene injerencia en las decisiones del Comité del Nobel que otorga el Premio Nobel de la Paz. Trump no ha detenido ocho guerras, aunque se le puede acreditar el actual cese al fuego en la guerra de Gaza y la suspensión momentánea de algunos conflictos. Su obsesión con ganar el Premio Nobel, sin embargo, está fuera de lugar. Quizá está celoso porque Barack Obama lo recibió a menos de ocho meses de haber asumido la presidencia de Estados Unidos, aunque sin haber hecho nada para merecerlo.
Los países de Europa han optado hasta ahora por ceder ante las exigencias de Trump. Este les impuso ya una serie de aranceles, por los cuales las naciones europeas no aplicaron impuestos compensatorios, ya que Trump los amenazó con aumentarles el castigo si lo hacían. Sin embargo, ahora Trump ha ordenado que se imponga el 1 de febrero un arancel adicional de 10 por ciento a los países europeos que participaron en maniobras militares con Dinamarca en Groenlandia. Dijo también que los subirá a 25 por ciento si no se le entrega el territorio danés. Esta decisión está obligando a los países de Europa a formular un plan de impuestos compensatorios que afectaría a productos por valor de 93 mil millones de euros.
Tanto Estados Unidos como el mundo saldrán lastimados por una nueva guerra arancelaria. La Unión Americana, sin embargo, tendría una pérdida mayor, aunque más difícil de medir. Muchos países del mundo, entre ellos los de Europa occidental, han visto desde hace décadas a Estados Unidos como un defensor de la democracia y del sistema de libre empresa. Ahora se dan cuenta de que la Unión Americana está regresando a los tiempos del imperialismo más cínico y al rechazo del mercado como mecanismo de regulación económica. El ugly American está de regreso. Los ganadores de este cambio serán China y Rusia.
Concierto
Siempre el Foro Económico Mundial de Davos se inaugura con un concierto, pero el de ayer fue muy divertido. Empezó con interpretaciones de música barroca por la Orquesta de Cámara Mahler conducida por René Capuçon, pero concluyó con el talentoso Jon Batiste que reconvertía temas clásicos en piezas de jazz o de R&B.
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