Gobierno Abierto al interior del gobierno 3ª y Última Parte
“No hace falta un gobierno perfecto, se necesita uno que sea práctico” Aristóteles
Con esta tercera parte finalizo el ciclo que abordé el mes de diciembre del año pasado sobre el tema de Gobierno Abierto (GA). Recupero tres párrafos de la segunda parte (17/12/2020):
“El GA es un movimiento reciente (no más de 10 o 12 años) en el ámbito internacional y nacional…”.
“En la base del movimiento del GA radica un fuerte cuestionamiento a la forma en que se planean, ejecutan y evalúan asuntos públicos de una manera tradicional… Dicha situación en los últimos años ha venido presionando a los gobiernos e instituciones públicas a presentar información con mayor calidad, veracidad y transparencia”.
“Hoy presenciamos un cambio paradigmático hacia un modelo emergente que es importante responda oportunamente y esté en sintonía a la configuración de una sociedad en red de la que forma parte. De esto se trata el GA”.
A estas reflexiones, comparto otras que he tenido al departir con amigos y colegas sobre este tema, y que van en el sentido sobre como el ciudadano “de a pie” pudiera entender, comprender y, mejor aún, involucrarse directamente con este proceso de GA; es decir, como podemos crear conciencia para implicarnos e interesarnos en participar, y que el “gobierno” o la administración pública nos incluya.
Repaso conceptos simples y universales como responsabilidad, participación, compromiso; y otros más complejos como innovación social, conciencia social o conciencia de clase. ¿Será posible reunir todos ellos en un solo recipiente para obtener una participación colectiva y conjunta que trascienda el interés particular?
Aquí es donde cobrarían un sentido real los 4 principios del GA: Transparencia, Colaboración y Participación, apoyados en las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TICs). En otras palabras, aplicarlas sin simulación y con convicción.
Encontrar maneras para que el ciudadano sea la parte central del ejercicio de la política y del gobierno, en lugar de como sucede actualmente en muchos ámbitos de las relaciones gobierno-ciudadano, es mero espectador, resulta complejo.
Por otra parte, también es válido cuestionar lo siguiente: ¿Cómo ciudadano estoy realmente interesado en saber o conocer “que hace” el gobierno?, ¿Qué beneficios obtengo de ese ¨que”? Pueden considerarse preguntas útiles si partimos de la idea que vivimos en una democracia. Si pretendemos ir más allá, también podemos preguntar ¿está realmente interesado y comprometido mi “representante popular” o servidor público en atender mis demandas y necesidades?
Tengo estas controversias a manera de pregunta porque antes de tan siquiera intentar transitar hacia un GA tanto a su interior, como a la sociedad, al menos en nuestro país, sería interesante responder y hacer lo necesario para atenderlas, además de las que también otras muchas que me surgen, como estas dos:
¿Como ciudadano tengo acceso a información suficiente, relevante, que se difunde de manera sencilla, ya sea por medios tradicionales y/o digitales, es entendible y oportuna, que me permita tomar decisiones razonables, razonadas y objetivas para mi bienestar y el de los míos? Por ejemplo, conocer hacia donde será el crecimiento urbano de la ciudad en los próximos años para, a partir de ello, decidir la compra de mi casa o, si soy emprendedor, abrir un comercio, negocio o empresa.
¿Existe una interconexión real en la segunda década del siglo XXI al interior de las instituciones (se “comunican” entre ellas) que me permita acceder a información útil para agilizar algún trámite u obtener un servicio, haciendo un uso óptimo de las TICs? Por ejemplo, la posibilidad que el Estado, al tener mi información básica como ciudadano de este país, me facilite un documento único y universal que me de identidad, permita identificarme y que con su presentación quede exento de entregar información personal para la realización de algún trámite (solicitud de empleo, acceso a servicios de salud, votar), u obtener la prestación de un servicio (contratación de agua, luz, teléfono).
En otra frase de mi anterior artículo menciono que “en la presente coyuntura social y política, un verdadero GA podrá ser realidad si construye su base en dos sencillas premisas: convicción y compromiso”.
A unos días de iniciar el proceso electoral en San Luis Potosí para elegir Gobernador, Presidentes Municipales y Diputados Locales, sería interesante que todos los contendientes reflexionen sobre la convicción y compromiso que impondrán a las estrategias que aplicarán durante sus campañas para, en caso de resultar favorecidos con nuestro voto, apliquen todas sus capacidades en atender, por ejemplo, los dos temas que mencioné líneas atrás (además de muchos otros), que en mi sentir, no hemos solucionado, y son mucho más importantes, trascendentes y sensibles para muchos ciudadanos “de a pie”, que otros que comenzamos a escuchar como el “prohibir la caza deportiva”, por citar uno.
Con verdadero sentido del compromiso, y con convicción, siendo realmente creativos, implicándose y aplicando los 4 elementos de GA para implementar y/o robustecer políticas públicas que beneficien al ciudadano común, se pueden obtener grandes resultados de los que estoy convencido, ayudarán a reducir poco a poco la gran brecha social y económica que nos separa.
Es una gran verdad que el discurso político, y más en las campañas inéditas que se avecinan, tendrá una importancia capital, pero también es cierto que deberá tenerse mucho cuidado en su construcción y evitar caer en tentaciones de promesas absurdas.
Para ello, será transcendental considerar estrategias de administración y gestión pública sencillas, pero al mismo tiempo realistas e innovadoras, que den soporte y sustento a sus propuestas de campaña. Si se hace correctamente, eventualmente se tendrá una mayor probabilidad de que esas propuestas se transformen en realidad y, con el tiempo, sean exitosas; es decir, las promesas de campaña, se convertirán en compromisos de gobierno.
El GA aplicado con inteligencia desde adentro, utilizando oportunamente, de manera ordenada y sistemática todos los recursos disponibles (técnicos, tecnológicos y humanos), e involucrando una participación ciudadana vigorosa para integrar propuestas viables de gobierno, se correrá el afortunado riesgo de incrementar la probabilidad de crear políticas públicas exitosas que se transformarán, a mediano plazo, en beneficios reales y útiles que redunden en el bienestar del ciudadano, y una eventual legitimación del ejercicio gubernamental.
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