Hoy se termina el ciclo en éste que es nuestro calendario
Un ciclo que nace de la necesidad primordial de las primeras civilizaciones con el fin de ordenar el tiempo, para sembrar, cosechar, gobernar y celebrar rituales tomando como referencia la posición de las estrellas, principalmente del Sol y de la Luna.
Es por ello que en sus inicios hubo calendarios lunares que tenías un aproximado de 29 días y fracción pero al no coincidir con las estaciones cayeron en desuso. Vinieron entonces los calendarios solares, fundamentales para la agricultura compuestos por 365 días. De ambos se derivó un calendario que fusionaba los dos grandes astros, utilizados principalmente para adaptar y ajustar rituales de la época y la duración de las estaciones.
Finalmente tenemos el Calendario Gregoriano cuyo origen se remonta al año 1582, recibiendo su nombre en honor del Papa Gregorio XII quien lo incluye en su reforma corrigiendo así los desfases astronómicos y que permanece hasta nuestros días.
La historia de la humanidad está ligada a la necesidad de entender el tiempo, intentar medirlo para organizar la vida de cada civilización a través de su evolución y nuestros usos y costumbres datan de fechas tan antiguas que nos parece una nimiedad hacer uso de este sistema complejo para manejar nuestras agendar y planear nuestras vidas aunque estemos tan alejados de la observación de los astros para determinar nuestras decisiones financieras o administrativas.
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Hoy en este mundo, el calendario marca el final de un ciclo más de esas mediciones. Un final que trae consigo de manera natural la valoración o los resultados de esos 365: la calidad de nuestras "cosechas", la importancia de nuestros rituales y celebraciones y el discernimiento para hacer las modificaciones necesarias con el fin de que el próximo ciclo sea mejor, más productivo y emocionalmente más satisfactorio.
Un calendario que nos unifica y que a mi, quizá como a muchos, me lleva a un lugar común: desear lo mejor para cada uno de los ocho mil millones de los habitantes del mundo, un mayor entendimiento entre los ciudadanos de todos los 195 países y los territorios no reconocidos como tal; una mejor comprensión de las especies animales –aproximadamente los 8 millones de ellas-; y del ecosistema que es nuestro hogar con casi 300 mil especies diferentes.
Sin añadir más estos deseos para cada uno de los lectores
¡Que venga un 2026 digno de registrarse en los anales de la historia de la humanidad y en nuestros calendarios!



