Loco, pero no tanto
Cuando las "ocurrencias" de alguien priman sobre el bien común no puede pasar nada bueno. Y menos cuando nadie cuestiona o pone en la balanza lo que dice "el de arriba", incluso cuando parezca irracional. La locura también es una forma de identidad ante el mundo.
Dicen que alguna vez el presidente de México Porfirio Díaz preguntó la hora, y que alguien le respondió: «la que usted diga, señor presidente». Así seguimos.
«Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es la única cosa que me puede parar [...] No necesito el derecho internacional. No busco hacer daño a la gente», dijo Donald Trump cuando en una entrevista le preguntaron sobre si hay algunos controles a sus acciones. Gulp. Diría la chaviza: «tiene la realidad bien alterada».
Luego de "extraer" al presidente de Venezuela, esta semana el presidente de Estados Unidos ha amenazado con incursiones y "extracciones" similares en otros países. Pese a que se cayó por falta de pruebas la acusación contra Nicolás Maduro de liderar el inexistente "Cartel de los Soles", el proceso va para largo. En un país empobrecido, el "comunista" tenía cuentas millonarias en Suiza, hoy congeladas. Trump insiste en que Venezuela entregará 50 millones de barriles de crudo e invitó a inversores gringos a ir por el petróleo venezolano.
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La moralidad no parece ser un atributo del empresario metido a presidente. Moralidad es guiarse por lo que la sociedad en la que se vive considera "correcto y aceptable". Trump no tiene remordimientos. Su dicho recuerda al cacique de San Luis Potosí, Gonzalo N. Santos, quien decía que "la moral es un árbol que da moras". Recuerda, sobre todo, al emperador francés Luis XIV: "el Estado soy yo". Esta semana también retiró a su país de representación en 66 organizaciones internacionales, 31 de ellas ligadas a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Ahora, dice, va por la isla de Groenlandia, actualmente bajo soberanía de Dinamarca, antes de que China o Rusia se la agencien. Lo hará "por las buenas o por las malas". De Colombia, "también está muy enferma, gobernada por un hombre que le gusta producir cocaína y venderla a Estados Unidos, y no lo va a hacer por mucho tiempo" (luego platicó con el presidente Petro y todos felices... por ahora). Sobre México y su narcotráfico advirtió: "tenemos que hacer algo".
Menos se ve siquiera una pizca de moralidad en la defensa que Trump y los suyos han hecho del agente de Migración que asesinó en forma cobarde y a quemarropa de tres tiros a Renee Nicole Good (Macklin, de soltera), una mujer que no se detuvo en un retén. Calificaron a la mujer como "agitadora profesional", responsable de "terrorismo doméstico" y más.
En Estados Unidos se ha empezado a hablar más de la llamada "Teoría del loco", que según explica Carmen de Carlos en El Debate tiene ya rato poniéndose en práctica: «Cansado de la eterna guerra de Vietnam [Richard Nixon] le pidió a Henri Kissinger, por entonces asesor de Seguridad Nacional, que transmitiera a los norvietnamitas el siguiente mensaje: "Nixon es un loco capaz de hacer cualquier cosa. Así que mejor será llegar a un acuerdo antes de que enloquezca del todo". Michael Desch, profesor de la Relaciones Internacionales de la Universidad de Notre Dame, describe en la BBC: "Esa es la teoría del loco"». Es decir, según de Carlos, significa que el otro tome conciencia o asuma que el personaje que la encarna es capaz de hacer cualquier cosa: buena, mala, regular o un auténtico disparate. Tal cual.
La ciudadana estadunidense asesinada por la Migra estudiaba Literatura Creativa y fue galardonada por la Academia de Poetas Americanos 2020 cuando estudiaba la licenciatura en la Universidad Old Dominion por su poema "Sobre aprender a diseccionar fetos de cerdo.
Va un fragmento: «Las Biblias postbautismales, las arrancadas de las esquinas de las manos carnosas de los fanáticos / las simplificadas, fáciles de leer, parasitarias): // recuerdo más el olor a goma resbaladiza de las imágenes brillantes de los libros de texto de biología; me quemaban los pelos / dentro de las fosas nasales, / y la sal y la tinta que se me pegaron en las palmas».
Contra la violencia actual, el arma cargada de futuro (Gabriel Celaya dixit). Van algunos versos del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco (1896-1955): Nací en una revuelta, / y me voy por la puerta de un idilio, / viví una Revolución. [...] // De la montaña ideológica / quedó una frase de divinidad sustantiva: / el Hombre es una fuerza que ama».
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