Perspectiva negativa a la deuda soberana de México y revisión del T-MEC
En un escenario de creciente presión económica y geopolítica, la agencia calificadora S&P Global Ratings modificó la calificación soberana de México en "BBB" (manteniendo el grado de inversión), pero modificó su perspectiva de "estable" a "negativa". La decisión, dada a conocer por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, refleja la preocupación de los mercados internacionales por una consolidación fiscal lenta, un crecimiento moderado, una deuda pública que podría rondar el 54% del PIB para 2029, y el constante apoyo financiero a empresas del Estado como Pemex.
A este complejo panorama financiero se suma un horizonte comercial desafiante. La inminente revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha entrado en una fase compleja. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, advirtió que el proceso no tendrá un cierre rápido y que, en lugar de una extensión automática por 16 años, la relación comercial trilateral apunta a convertirse en un proceso de revisiones anuales constantes durante la próxima década, lo que mantendrá bajo escrutinio permanente las políticas del país.
A pesar de este contexto, el proceso de negociación técnica muestra avances satisfactorios en Washington en materia de reglas de origen y sustitución de importaciones asiáticas por insumos regionales. El objetivo central del gobierno mexicano es reducir la incertidumbre para la inversión y aprovechar la relocalización de empresas (nearshoring) en sectores estratégicos como semiconductores, tecnología y dispositivos médicos. Por su parte, la agenda comercial está fuertemente condicionada por factores extra comerciales: la seguridad fronteriza, la violencia ligada al narcotráfico y la certeza jurídica de la seguridad física de los bienes y las cadenas de suministro.
Para las autoridades, mantener los fundamentos macroeconómicos sólidos —incluyendo la autonomía del Banco de México— es la clave para sortear las presiones fiscales. Sin embargo, el éxito de la negociación del tratado y la disciplina en las finanzas públicas serán determinantes para que el país evite una rebaja en su calificación crediticia en los próximos dos años.
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Algunas estrategias clave para garantizar la continuidad del T-MEC frente a las próximas revisiones, México debe implementar una estrategia integral que combine tecnología, diplomacia y cumplimiento normativo: modernización tecnológica aduanera, corredores de carga seguros, sustitución regional de insumos asiáticos, diplomacia corporativa binacional, inteligencia financiera conjunta, resolución proactiva de disputas e institucionalización de procesos.
En un entorno global complejo, el destino económico de México se juega en una doble vía: la disciplina fiscal interna y la pacificación de su infraestructura. La advertencia de S&P Global Ratings no es un asunto menor; mantener el grado de inversión exige recortar de forma drástica el déficit público y frenar el rescate financiero a Pemex. Para consolidar los beneficios de la relocalización de empresas (nearshoring), el gobierno mexicano debe blindar jurídicamente el tratado para que las revisiones anuales se mantengan en un terreno estrictamente técnico y normativo, lejos de las pasiones políticas electorales. Este escenario obliga al país no solo a replantear la administración de sus recursos internos, sino también a demostrar que cuenta con las condiciones de seguridad indispensables para proteger las cadenas de suministro globales. Lejos de ser temas aislados, la disciplina fiscal y el Estado de derecho se han vuelto las dos caras de una misma moneda para la competitividad del país.
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