Los transformistas de cuarta están sembrando loscampos jurídicos con minas que, tarde que temprano, darán cauce a verdaderas e indeseables consecuencias.
Edward Murphy ha sido mundialmente conocido como quien, en una frase, enunció una ley que reza “si algo puede salir mal, saldrá mal”, allá por mil novecientos cuarenta y nueve. Este principio emplea la palabra “puede” forma del verbo “poder”, que tiene la connotación de tener expedita la facultad o potencia de hacer algo; la facilidad, tiempo o lugar de que ese algo ocurra.
El que “algo pueda pasar” nos coloca en el campo más de la probabilidad que de la posibilidad. Mientras lo “posible” es lo que puede suceder, en general, lo “probable” es lo que objetivamente tiene razones suficientes para ocurrir.
Se están realizando reformas constitucionales y legales que, se suyo, por su intención, resultan altamente vendibles ante una sociedad ávida de buenas noticias y ausente de espíritu crítico ante un mercader de las emociones carismáticas, como es el señor López. Esta aceptación y simpatía inicial genera una obnubilación del pensamiento e impide, en esa mayoría, darse cuenta de las trampas que se esconden en párrafos, artículos, fracciones y enunciados de las normas que arroja el Poder Legislativo controlado, como desde hace décadas no se veía, por la influencia de un solo individuo.
El que López redima a México, tiene como costo, al decir de sus apóstoles, el sacrificio de las libertades, de los derechos humanos en todos sus ámbitos; es, a todas luces, una oblación que se impone a una población que, ante la esperanza de cambio, marcha gustosa aclamando a López, como si los corderos aclamaran al carnicero.
La bandera que levantan los acólitos cambistas se basa, esencialmente, en la autoproclamada honestidad de su líder; honestidad en la que, para ser cierta, parece que solo basta su palabra.
Así, se expiden leyes o se realizan reformas constitucionales o legales que dependen más de la buena voluntad de su ejecutor que de su cuidado técnico y sistemático desde una perspectiva jurídica. Se trata de normas que, plagadas de violaciones concretas, directas, evidentes, tanto a derechos humanos como a la más elemental lógica que da el sentido común. Ejemplos sobran, como son los marcos normativos de la guardia nacional, la extinción de dominio, las remuneraciones de los servidores públicos y, de manera inminente, la llamada reforma de las empresas fantasmas.
Difícil criticar las intenciones de estos temas; nadie cuestionaría la necesidad de implementar acciones en campos urgentes como la seguridad pública, la corrupción o los capitales del crimen organizado. Fácil hacerlo cuando se antepone el deseo de triunfo a cualquier precio, aun ante la disminución y aniquilamiento de los derechos humanos de los mexicanos, con tal de ganar gloria y satisfacción de ambiciones.
Se llega al absurdo de, incluso, voltear a ver la Ley de Seguridad Nacional por parte de los legisladores, para incorporar a la defraudación fiscal como un atentado contra la Nación, con todas las consecuencias que eso entraña, pues este ordenamiento está diseñado para otras temáticas muy distintas, amen de que los ciudadanos quedaremos expuestos a una serie de permisiones de la autoridad, como la intervención de comunicaciones e, incluso, la información anónima. ¿Llegará el ejército mexicano, garante de la seguridad nacional, a hacer una visita domiciliaria de auditoría?
Nos dicen los transformistas que debemos confiar, pues López es honesto y no caerá en abusos de las leyes que se expiden pero ¿y el día que López falte o siga en ese evidente deterioro que le acerca más a la dictadura?
La posibilidad depende de las leyes y la probabilidad de las personas.

