Con total independencia de cuáles hayan sido los resultados de la reunión de la Conferencia Nacional de Gobernadores, que se tenía previsto dar a conocer ayer en horas de la tarde cuando esta columna ya está escrita y entregada, el evento tuvo una dimensión propiamente potosina. Se perfiló como un paso más en la construcción de una alianza político-electoral entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y el gobernador Juan Manuel Carreras, de cara a las elecciones del año próximo.
Desde el inicio de su gestión López Obrador ha mostrado buena química con Carreras, y en estas cuatro semanas que el mandatario potosino lleva al frente de la Conago el Presidente ha sido particularmente atento y condescendiente. Lo recibió de inmediato en Palacio, aceptó prontamente la invitación a la reunión de ayer y anunció que vendría acompañado de todo su gabinete, lo cual no es habitual.
Simultáneamente, la aparición el lunes de un video donde colaboradores de prominentes panistas se ven recibiendo bolsas llenas de dinero para supuestos sobornos de legisladores de ese partido, parece confirmar lo que en los círculos de la política nacional se discute desde hace algún tiempo: que en la perspectiva electoral 2021 al partido que realmente quiere derrotar y hundir AMLO es al de Acción Nacional. No tanto por la razón natural de que es el más competitivo sino también para cobrar viejos agravios.
Desde esa óptica, una alianza política con el gobernador priista potosino, no únicamente para resolver a favor de Morena la gubernatura sino para conseguir varias diputaciones federales -lo que más interesa a López Obrador para no perder su amplia mayoría en la Cámara de Diputados- hace sentido. No olvidemos que de los siete distritos electorales federales que hay en San Luis Potosí solamente en uno, el IV con cabecera en Ciudad Valles, triunfó el candidato morenista. Así, ganar uno, dos o tres más, es oro molido para el objetivo estratégico del AMLO. Y eso es algo en lo que, por supuesto, le puede ayudar su amigo el gobernador.
Una alianza electoral en toda forma, pública, por escrito y registrada ante la autoridad electoral, requiere la autorización del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. No está claro si Alejandro Alito Moreno se opondría, pero de ser así a Juan Manuel Carreras le queda el recurso del arreglo informal, bajo la mesa, que puede ser un poco menos eficaz pero funciona. Ya lo vimos en esta capital hace dos años.
Llegado el caso, ¿cuál podría ser el interés, la motivación profunda de Carreras para recorrer ese camino? Sin duda alguna, garantizarse un séptimo año sin sobresaltos (y octavo y noveno). Y nadie mejor para garantizárselo que el presidente de la República que estará en su cargo los tres años posteriores a que el potosino haya concluido su sexenio. Esa invaluable garantía vale aún si el sucesor de Juan Manuel, por cualquier razón que a usted se le ocurra, quisiera hacerle la vida de cuadritos. La ecuación no funciona a la inversa: si quien quisiera afearle el futuro a JMC es AMLO, por mucho que su sucesor en el gobierno estatal quisiera protegerlo poco o nada podría hacer frente a un Presidente tan poderoso.
En abono de esta hipótesis, se puede argumentar el notable desinterés de Carreras por fortalecer a su partido y a la par construir alguna precandidatura creíble. Ya no hay tiempo. El plazo fatal para el registro de las candidaturas a gobernador es del 21 al 27 de febrero próximo, o sea justamente dentro de seis meses. Pero antes, entre el 10 de noviembre y el 8 de enero los partidos deben desarrollar sus procesos internos de postulación, y ya para entonces debe estar claro quiénes son los finalistas. Para esto falta menos de tres meses.
Tengo para mí que desde que López Obrador ganó las elecciones, hace más de dos años, Carreras vislumbró la posibilidad de la alianza política que ahora parece en vías de concretarse, sobre todo habida cuenta de que el PRI no está en condiciones de dar la pelea en solitario. Y lo que todavía a principios de año aparecía como factible, una alianza con el PAN, ahora me parece totalmente inviable y a estas alturas indeseable. Lo primero, por cómo se han dado las cosas al interior del panismo potosino (trae media docena de precandidatos encarrerados que sería imposible desmontar sin pagar costos altísimos), y lo segundo por la ya referida intención de López Obrador de darle duro y a la cabeza al panismo nacional.
En el promedio de las encuestas serias, el PRI aparece con un 10 por ciento de intención de voto, suficiente para jugar un bien remunerado papel de partido bisagra. Es decir, el que garantice a otro su triunfo en las urnas. En ese mismo promedio, Morena y el PAN aparecen con una diferencia inferior a los puntos estimados del tricolor.
Por lo demás, tengo la impresión de que si en la eventualidad de la alianza López Obrador pusiera sobre la mesa el nombre de Esteban Moctezuma, el de Xavier Nava Palacios, el de Juan Ramiro Robledo, el de Leonel Serrato, el de Primo Dothé o el de Gabino Morales, Juan Manuel Carreras diría “¡encantado, me leyó usted el pensamiento!”.
SIGUEN LOS EVENTOS DESAFORTUNADOS
Hace justo tres semanas, a raíz de una andanada mediática en su contra, parafraseando el título de una película de Jim Carrey comentamos que el diputado Ricardo Gallardo Cardona estaba padeciendo una serie de eventos desafortunados. Enumeramos cinco:
Uno, en junio la dirigencia nacional del PRD expulsó de las directivas estatal y municipal a los conspicuos gallardistas que las ocupaban desde hacía año y medio, y anunció la realización de auditorías a fondo sobre más de 25 millones de pesos que manejaron en ese lapso. Dos, el 8 y 10 de julio el conocido periodista chilango Raúl Rodríguez Cortés describió documentadamente una acusación por vía penal del SAT y la Procuraduría Fiscal de la Federación contra RGC por evasión de impuestos. Tres, el 24 de julio el dirigente nacional de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, declaró en Chiapas que la militancia de su partido no quería alianzas con el Partido Verde, al que pertenece Gallardo Cardona, cuya aspiración de ser gobernador potosino es imposible sin el respaldo morenista. Cuatro, el 27 de julio otro importante columnista de El Universal, Salvador García Soto, revela que la Unidad de Inteligencia Financiera investiga a RGC por los supuestos delitos de lavado de dinero y delincuencia organizada, pero lo más grave es que lo vincula con uno de los cárteles del narcotráfico, y Cinco, en esa misma fecha, la columna editorial de El Sol de México retoma el tema de la presunta evasión fiscal.
El mismo día que publicamos lo anterior, jueves 30 de julio, el periódico Reforma, en su columna institucional Templo Mayor, publicó lo siguiente: “El que seguramente trae la piel de gallina es el diputado federal potosino Ricardo El Pollo Gallardo, ante las versiones de que en la Fiscalía General de la República ya hay una denuncia en su contra por delincuencia organizada -¡qué raro!- y por operaciones -¡ni quién se lo pudiera imaginar!- con recursos de procedencia ilícita”. Y por ahí otros párrafos más en el mismo tono, que esta vez alcanzaron a su familia.
Bueno, hay razones para afirmar que la mala racha para el exalcalde soledense no ha terminado ni parece que vaya a terminar pronto. Luego de un respiro de tres semanas, la andanada volvió con bríos:
La Política Online (LPO) es un bien armado portal noticioso que surgió hace 15 años en Buenos Aires, Argentina. Desde el 2015 tiene una edición para México. Es decir, no es balín. El jueves 13 publicó una nota centrada en la versión de que a la diputada morenista Tatiana Clouthier le había sido ofrecida la Secretaría de Educación Pública, dado que su actual titular, Esteban Moctezuma Barragán, la abandonará para ser candidato a gobernador de San Luis Potosí. Pero lo peor (para Gallardo) viene luego:
“De manera pública Moctezuma negó que esté interesado en el gobierno estatal, lo cual no lo ha descartado entre las encuestadoras ni entre los diputados del Congreso potosino como una de las opciones de la 4T. Incluso, durante una cena a propósito de las finanzas educativas en el estado, el secretario recibió el respaldo de BMW Group, quienes le pidieron impedir una candidatura del diputado Ricardo Gallardo”. Continúa la nota: “Tras dejar el PRD, Gallardo ahora es diputado del Partido Verde, lo cual no ha borrado las acusaciones en su contra por violencia política y los conocidos escándalos de su familia en San Luis Potosí”. BMW, que es la segunda empresa más importante de la entidad, no ha negado la información.
Por otra parte, el ex director de El Universal Roberto Rock, publicó en su columna del martes pasado, a propósito de la visita del presidente López Obrador a San Luis Potosí, que “Están a la vista diversos precandidatos a la gubernatura. Sin embargo, existe una presencia oscura, con peso propio, que traza una línea de contagio entre sectores de la política y de los negocios potosinos con actividades ilícitas y en particular con el crimen organizado, en vertientes como el huachicol, el narcotráfico, empresas fantasmas y la saga de fraudes fiscales que ello implica”.
El texto de Rock está sustentado principal, pero no exclusivamente, en la columna previa de García Soto que mencionamos párrafos arriba. Comenta también que hay otros precandidatos de Morena a la gubernatura, como Esteban Moctezuma, Xavier Nava y Juan Ramiro Robledo.
Cierra su colaboración con un párrafo muy interesante: “Autoridades federales consultadas por este espacio no sólo lucen inquietas por el contagio del crimen con un sector de la política potosina. Por ello aludieron a otro personaje singular, apodado El Tecmol. Su nombre es José Luis Romero Calzada, exdiputado local, al que funcionarios judiciales y hacendarios consideran uno de los eslabones entre las bandas del robo de combustibles y empresarios gasolineros del estado. Hasta donde se pudo conocer, cuentas bancarias de El Tecmol y de su esposa se hallan congeladas”.
Fiel a su atropellado estilo, Gallardo Cardona respondió de inmediato con una breve carta en la que asegura que todo lo dicho por Roberto Rock es falso, que todo lo ha aclarado en su oportunidad, que su texto toma como fuente a otro columnista y que además el periodista recibió fuertes sumas de dinero de parte de Enrique Peña Nieto.
La respuesta de Rock es más breve aún y manifiesta un gélido desprecio: “Me atengo, como lo haré siempre, al respeto público que inspire la trayectoria de cada quien”.
Hasta el próximo jueves.

