El mundo también está al revés. La visión sobre los efectos del cambio climático en todas las regiones del mundo es diametralmente distinta. En días recientes nos enteramos de que el Presidente de Brasil Jair Bolsonaro llamó “pirralha” a la valerosa Greta Thunberg, que según se explicó, es una palabra portuguesa despectiva que significa “mocosa”. Después fue atacada por Donald Trump, quien en Twitter escribió: “Ridículo. ¡Greta debe trabajar en el control de su ira y luego ir a ver una buena película antigua con un amigo! ¡Relájate Greta, relájate!”, ella respondió de forma magistral al usar en su biografía las mismas palabras: “Una adolescente que trabaja en el control de su ira. Actualmente relajándome y mirando una película antigua con un amigo”.
¿Qué hizo para que líderes mundiales de extrema derecha la criticaran de tal manera? Solamente decir la verdad. Esa verdad que molesta a muchos y que le origina a la chica sueca de 16 años, quien sufre el síndrome de Asperger, ser respetada y denostada. Pero ¿por qué matar al mensajero? Yo creo en el valor y la importancia actual de todas las voces que, como ella, están declarando la emergencia climática que vivimos; ese es el mensaje, independientemente de quien lo transmita. Reprocharle es simplemente darse un tiro en el pie.
Del pasado 2 al 13 de diciembre, tuvo lugar la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, COP25, bajo la Presidencia de Chile y celebrada en Madrid, España. Esta reunión se diseñó para lograr los pasos sucesivos y necesarios en el proceso de negociaciones sobre el cambio climático de las Naciones Unidas. Con la aplicación de las normas del Acuerdo de París en la COP24, celebrada en Polonia el año pasado, el objetivo principal era revisar los asuntos pendientes para la puesta en funcionamiento total del Acuerdo. Además, la conferencia serviría para aumentar los niveles de ambición para el 2020, año en el cual los países se han comprometido a entregar nuevos y actualizados planes nacionales de medidas para combatir el cambio climático, incluyendo en áreas tales como finanzas, transparencia en medidas contra el cambio climático, bosques y agricultura, tecnología, desarrollo de capacidades, pérdidas y daños, población indígena, ciudades, océanos e igualdad de género.
En dicha Conferencia de la ONU acudieron diversos países y las personalidades mas importantes exponiendo posturas sobre el calentamiento global. Greta acusó a los políticos de su inacción, señalando que: “Estamos al principio de una extinción masiva y lo único de lo que hablan es de dinero y de cuentos de hadas de eterno crecimiento económico”; el exvicepresidente de Estados Unidos y premio Nobel de la Paz, Al Gore, señaló que: “Si pudiéramos acelerar los progresos que estamos haciendo, tendríamos la posibilidad de solucionar la crisis climática en el sentido de evitar sus peores consecuencias; sin embargo, no estamos avanzando lo suficiente, ni de lejos”, quien agregó que en el caso de Estados Unidos, la decisión de permanecer o no en el Acuerdo de París “está en manos del electorado estadounidense”, que será convocado a las urnas en vísperas de la fecha en la que entraría plenamente en vigor la decisión de salir del acuerdo climático; y la ministra chilena de Medio Ambiente, presidenta de la COP25, Carolina Schmidt, reconoce que “Chile es uno de los más afectados, el cambio climático es injusto, los que han emitido menos emisiones son los que tienen los costos del clima cambiante”. Y los amigos de Extinction Rebellion (XR) realizaron en esa jornada acciones como “Paint the streets”, ejercicios de desobediencia civil y actos de arte como “La Marcha de los Mares Muertos” para lograr la atención de la sociedad ante este problema, además de participar en el evento paralelo llamado “Cumbre Social por el Clima” donde asisten más de 150 organizaciones.
No hubo conclusiones concretas en el COP25. Esperábamos que a nivel mundial se sellara una alianza entre el mundo del conocimiento y el de la toma de decisiones, pero simplemente no fue posible. Los países tienen una visión divergente acerca de algo que parece obvio, todos los problemas de los que debatimos habitualmente en la esfera pública, el cambio climático, es uno de los que más efectos va a tener sobre el conjunto de nuestras vidas. Pero es cierto que vivimos tiempos en que solo los irresponsables, pueden obviarlo.
Con práctica unanimidad, la ciencia advierte las nefastas consecuencias de esta crisis climática, basada en evidencias recogidas durante años de investigación y recomiendan que se debe actuar ya, diciendo la verdad; en el COP25 se confirmó un dato: “por cada grado de incremento medio de la temperatura del planeta que consigamos evitar estaremos salvando millones de vidas humanas”.
Esta cumbre era clave para incrementar el compromiso de reducción de emisiones de los países, para dotar de fondos suficientes a la transición que hay que acelerar, para regular cuestiones fundamentales como los mercados de emisiones, y para poner de relieve cómo muchos de los efectos del cambio climático se están sintiendo ya de forma especialmente grave sobre las poblaciones más vulnerables. Nuestro planeta necesita ahora, de todos, más ambición ecológica, más medios, más compromiso, más velocidad. Si hubiera que priorizar, comparto la postura de que hay dos compromisos ineludibles: uno con el conocimiento y el otro con la justicia. El primero debería sellar una alianza entre el mundo del conocimiento y el de la toma de decisiones políticas. Resultaría una temeridad que fuera de otra manera. El segundo supone asumir que la transición que hay que acelerar tiene que ser justa. De lo contrario, no será.
Me parece que el texto final de conclusiones de la COP 25 no dejó contento a nadie. Los escasos acuerdos pueden servir para cumplir los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero, empero deja hasta la Cumbre de Glasgow, en 2020, que los países presenten objetivos más ambiciosos en cuanto a reducción de CO2. El texto resultante fue genérico e insiste en la importancia de la acción climática que lleven a cabo los gobiernos y les invita a poner en marcha estrategias para limitar los efectos de la emergencia climática. Atendiendo el fondo de la problemática, aun no podemos decir que hay de los gobiernos un compromiso con el conocimiento y con la justicia ambiental.
Y ante este panorama, como habitante de este planeta, ¿cuál es su compromiso con las generaciones futuras?. Le propongo que de ahora en adelante nos fijemos e informemos de estos asuntos.
Delírium trémens.- En México la COP 25 pasó de noche. Cómo no iba a ser así, en un país donde el Gobierno Federal regresó a métodos arcaicos para obtención de energía, a nivel Estatal se “pichicatean” nuestros derechos humanos ambientales, y en los Municipios, las Direcciones de Ecología desconocen cuáles son sus funciones. Simple, sin Justicia Ambiental, no hay Justicia Social.
@luisglozano

