Sucesión potosina

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Como suele ocurrir luego del penúltimo informe de un gobernante, de inmediato se sueltan especulaciones acerca de quién podría sucederlo. Es el caso de Juan Manuel Carreras y la lista de aspirantes a ocupar su (en)cargo empieza a volverse amplia, sea porque salten a la palestra personajes con más posibilidades reales, sea porque otros se apunten para apalancarse de algo en el rejuego sucesorio. Y aunque hay partidos políticos que ya definieron sus métodos electivos, sigue siendo complicado vislumbrar por dónde se ha de inclinar la balanza. Sin embargo, es posible plantear que hay partidos que ya tienen prácticamente resuelto quién será su abanderado a la gubernatura, y en otros casos es posible ubicar cuál es el mejor perfil que puede representarlos.

De los partidos que ya han resuelto quien será su candidato está el Partido de la Revolución Democrática con Xavier Nava Palacios. El alcalde capitalino ha tendido puentes con el actual grupo dirigente de este partido, “Nueva Izquierda”, encabezado por Jesús Ortega y Jesús Zambrano, a través de la corriente denominada “Galileos”, encabezada a su vez por Guadalupe Acosta Naranjo. El otro partido que también ya resolvió a su candidato es el Partido Verde Ecologista de México con Ricardo Gallardo Cardona. Sin embargo, las posibilidades de éxito electoral de ambos no se reducen a esos partidos, por lo que han tenido que orientar sus esfuerzos a tratar de formar alianzas con otras fuerzas partidistas mayores como PAN y Morena.

En cuanto a partidos en los que sea posible identificar a un perfil ya bien posicionado está el Partido Revolucionario Institucional, donde hace tiempo se ha consolidado el ingeniero Joel Ramírez Díaz, actual secretario de educación. Con una larga trayectoria como dirigente partidista y servidor público, es hoy en día ubicado como la carta fuerte del PRI, no sólo por ese historial, sino por su capacidad organizativa y por la identidad que guarda con la base militante priísta, sin que esto último sea obstáculo de ser percibido como confiable fuera de su partido por su capacidad de conciliación y compromiso institucional. Ha señalado que esperará los tiempos y definiciones de su partido, por lo que “ni se encarta ni se descarta”.

En cuanto a PAN y Morena hay muchos tiradores apuntados. En el PAN la lista se puede reducir a no más de dos con posibilidades reales y su gran reto es la conservación de la unidad político-partidista. Morena como partido en el poder a nivel federal se mantiene como la opción fuerte a vencer, pero tendrá que decantar, también, una larga lista de aspirantes que se han apuntado y ese proceso dependerá en buena medida de cómo se acomoden las fuerzas internas después de que sea declarada su nueva dirigencia nacional. En cuanto a los demás partidos que conforman lo que se conoce como “la chiquillada”, salvo alguna sorpresa de última hora, estarán haciendo alianzas con los partidos más grandes y eso dependerá también de quienes resulten agraciados candidatos.

Pero, más allá de los partidos políticos con su estructura operativa, voto duro, plataforma política, burocracia organizativa, etcétera, será fundamental la imagen que proyecte cada uno de los candidatos a gobernar la entidad potosina. Sin duda, la ciudadanía estará atenta a sus trayectorias y capacidades, en el entendido de que un compromiso serio y viable, no demagógico ni electorero, es la mejor garantía para depositar su confianza en las urnas en favor de alguno de ellos. Es la sucesión gubernamental potosina y ya se verá, más temprano que tarde, cómo se va (des)tejiendo la hebra.