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Las gesticulaciones, la palmadita en la espalda y los abrazos han desaparecido de los hospitales. Ahora la frialdad de una careta, un traje o un crubrebocas son la nueva normalidad de contacto entre médico y paciente, médico y familiar o paciente y familiar.
Al momento de comunicar un deceso, sin pretenderlo, la persona cubierta de pies a cabeza y quien hace la notificación, provoca el momento más lúgubre y triste en una familia, no por ser grosero, sino por no poder demostrar de manera no verbal sus condolencias y empatía.
Elisa Castro Grespan, psicóloga de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Central de Especialidades “Ignacio Morones Prieto”, explica que el duelo es un proceso complejo, donde se presenta negación, ira, negociación/pacto, depresión y aceptación, fases que no tienen un orden secuencial establecido.
De acuerdo con un plan de trabajo aplicado en el nosocomio, en la negación la persona no es capaz de reconocer la enfermedad como un hecho real, por lo que el diagnóstico recibido se atribuye a errores médico.
Explicó la especialista que los españoles desarrollaron algunas guías al respecto, cuyo contenido a grandes rasgos prevé que el personal de salud sea el puente con los familiares, sin embargo, en el contexto mexicano, el adiós no solo es un entierro, sino una reunión familiar y convivencia que genera alivio para quien sigue con vida.
La ausencia del ritual plantea la posibilidad de un sentimiento de culpa en los deudos porque no le dieron su última voluntad al difunto, quien tal vez deseaba que lo sepultaran en su lugar de nacimiento o que no lo cremaran.
“No hay nada escrito de manera legal, pero las funerarias no permiten el acceso de cierto número de personas por la sana distancia y medidas de precaución, y eso está generando duelos complicados”, advierte.
En el caso de una persona con sintomatología respiratoria, que acude a un hospital para solicitar atención médica, la internan por la gravedad del diagnóstico y de ahí en adelante queda totalmente aislada, sobrellevando todo el proceso a solas.
“Estoy viendo desde una cama de hospital, cómo vienen y se acercan con trajes de astronauta (los médicos) como si estuvieras apestado”, asienta.
Frente a ese panorama, recurre a los conceptos de la comunicación humana establecidos en las teorías de la comunicación, es decir, la relevancia del lenguaje no verbal. Ejemplo de ello, es que alguien con cubrebocas salude a otra persona y ésta no lo reconozca.
Por lo tanto, refiere que si un médico o alguien más acude con la familia de la persona internada para darle una mala noticia, no habrá reconocimiento fácil, saber si hay seriedad o preocupación, porque no hay capacidad de leer a través de una careta, y mucho menos de una mascarilla.
Ante el recrudecimiento de barreras de la comunicación no verbal, alerta que ahora el proceso del duelo sea un nuevo reto para vivir en la sociedad. “No te puedo decir cómo va a impactar, pero sí que va a haber un antes y un después que va a marcar a la humanidad”, comenta.
La especialista en salud mental aduce que el duelo se ha modificado en el contexto actual, cuya condición, de no sobrellevarse de forma óptima, podría recaer en una problemática patológica.
Puntualiza que el proceso de aceptación puede extenderse hasta por un año, que es un plazo relativamente sano. En caso de ampliarse, la persona estaría en un duelo patológico, el cual no podrá determinarse en qué grado está, sino hasta cuando haya presencia de patologías mentales.
Personal de Salud, otras víctimas
Castro Grespan alerta que el personal de salud en las distintas instituciones está muy estresado, por las largas jornadas de trabajo, por tener que portar trajes especiales, por ver pacientes morir más recientemente por las personas que transitan en la vía pública sin ninguna preocupación.
“Hay quienes todavía piensan que esto es mentira, que es un manejo de información o un control mental. Hay quienes nos han dicho eso en el hospital”, concluye la especialista.







