Porra LGirls, el aliento femenino en las gradas

Desde adolescentes, estudiantes, profesionistas y hasta jefas de familia, son parte de la agrupación

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Porra LGirls, el aliento femenino en las gradas

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Gritan, alientan, saltan y lloran en las derrotas; desde adolescentes, estudiantes, profesionistas y hasta jefas de familia, son parte de las mujeres que integran LGirls, sección femenina de La Guerrilla, porra del Atlético de San Luis, que cada semana impulsan desde las gradas locales o visitantes al conjunto potosino. 

Mientras el árbitro silba el inicio del partido en el Alfonso Lastras Ramírez, las barristas respiran, toman aire y comienza la fiesta, esa que dura 90 minutos, donde hay mentadas de madre y lanzamiento de líquidos extraños desde las gradas. 

Pasan los minutos y no paran de cantar: “Vamos, vamos, vamos a ganar…que la hinchada está re loca y no va a parar…” y demás cánticos que ensordecen la acústica del coloso de Valle Dorado, hacen vibrar la cerveza contenida en los vasos de la afición y motivan a la escuadra ahora colchonera a correr por el balón, así vayan perdiendo tres goles a cero.

Después de la conclusión de cada encuentro cada una vuelve a su cotidianidad, ya sea en el hogar junto a su familia, en la universidad o la preparatoria con el proyecto semestral o pensando en la jornada de ocho horas diarias en la Zona Industrial. 

TODA UNA VIDA 

Angélica Cárdenas, una de las fundadoras de la hinchada femenina del futbol potosino contemporáneo, rememora que su movimiento barrístico inició hace poco más de 18 años, mediante una agrupación interna de “La Guerrilla”, denominada “Las Lolitas”, la cual solo tenía cinco miembros. 

Años después surgieron las “Aurinenas”, luego mutaron al “Frente Femenino” y finalmente, hasta hace poco más de 5 años surgieron como “LGirls”, agrupación que en la actualidad cuenta con más de 100 mujeres. 

Reconoce que las mujeres porristas se han visto inmiscuidas en sucesos violentos con otras aficiones, pues al momento de una gresca cada persona busca defenderse y termina por “dar”, sin embargo, “no está bien” y debe trabajarse por la erradicación de violencia en las barras en México.   

“Somos parte de la hinchada de La Guerrilla (…) Vienen desde las más chicas porque quienes la integran son mamás y llevan a sus hijas, las cuales también se identifican con el movimiento”, refiere la joven de 33 años, quien desde los 15 años sigue al conjunto local.

Al interior de “La Guerrilla”, matiza que hay una minoría de hombres misóginos y machistas, porque la mayor parte son respetuosos, atentos, cálidos y valoran la participación de las chicas. 

“Los que nos motiva porque es como un movimiento social. El hecho de venir a ver un partido de fútbol, lo cual se vuelve un estilo de vida que…ves a amigos de muchos años y existe una hermandad. Se vuelve tu segunda familia por todo el tiempo que llevas conviviendo”, valora en entrevista a las afueras del estadio “Alfonso Lastras Ramírez”. 

AMISTAD, PROFESIONALIZACIÓN, AMOR Y FAMILIA.

Karla Dávila, otra de las barristas con mayor antigüedad, relata que su infancia fue compleja, porque su familia era disfuncional, al grado de prácticamente se crio con su abuela, quien fue un eslabón relevante en su vida. 

Ante el panorama existencial de la adolescencia, refiere que comenzó a buscar un grupo de apoyo, encontrando en “La Guerrilla” la unión y hermandad necesaria para salir adelante, no solo en lo emocional, sino también en lo educativo y laboral.

Indica que hace nueve años conoció a su pareja, con quien procreó a Omar Alvarado, su pequeño de tres años de edad, quien ya trae tatuado el fútbol en la piel, pues cada 15 días acude al estadio y si es de visita la acompaña; Omar ya ha visitado 20 complejos deportivos. 

“Yo siempre les decía a los de la barra, porque los del barrio somos muy pobres. Yo siempre les decía que lo único que nos podía sacar adelante, es la educación y no por eso deberíamos dejar la barra. Yo equilibraba las dos cosas: viajaba cada 15 días, pero cumplía en la escuela”, enfatiza la joven que analiza estudiar un doctorado.

Lejos de los prejuicios negativos atribuidos a quienes integran la porra sanluisina, Karla es licenciada en Puericultura, tiene una maestría en Educación, inclusive todavía está por estudiar un doctorado, pero debido a la llegada de su hijo analiza cuándo podrá tomarlo.

“Empecé a viajar y yo soy de las (barristas) que conozco 40 estadios del país y he viajado más de 120 veces. Cada 15 días me voy de viaje, ahorita ya me voy con él (Omar Alvarado) y entonces todo empezó por la unidad”, rememora mientras mantiene cargado en brazos a su hijo, en la media cancha del coloso de Valle Dorado. 

POR LAS QUE YA NO ESTÁN. 

En un entorno de violencia generalizada hacia las mujeres en el país y el estado, durante el partido contra los Bravos de Ciudad Juárez las barristas portaron una playera blanca y un moño morado en el puño, como representación de todas las mujeres que por causas “extrañas” ya no están, no solo en el ámbito de lo barrístico.

Contrastan que “La Guerrilla” ha sido el “ojo del huracán” en distintos conflictos extra cancha, sin embargo, nunca es reconocida por sus labores sociales, por lo cual, la solidaridad mostrada con las mujeres en el citado partido, es un parteaguas para comenzar a modificar las percepciones negativas hacia la porra.