Su primera marcha feminista

Obligada a casarse como alternativa a la cárcel para su violador, María tiene hoy 70 años. De ese destino que ella no decidió, huyó años después. No quiere que ninguna mujer y menor de edad pase por lo que ella pasó, por eso hoy caminará con otras mujeres y por otras mujeres.

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Su primera marcha feminista

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María tenía 16 años, vivía en la delegación Álvaro Obregón de la Ciudad de México cuando conoció a un hombre, de 20 años que le empezó a seguir los pasos durante semanas, hasta que un día, ayudado por cuatro hombres, se la llevó a la fuerza y le dijo que si no tenía relaciones sexuales con él, lo tendría que hacer con sus cuatro cómplices. Así que terminó por acceder y el abusó de ella con su aparente consentimiento disfrazado de amenaza. 

En ese entonces, María se dedicaba al trabajo doméstico de tiempo completo con un matrimonio que procuró su formación académica, estudiaba una carrera técnica en comercial y sus materias favoritas eran contabilidad y cálculo. 

En su futuro inmediato no tenía contemplado casarse, mucho menos tener hijos, sin embargo quedó embarazada de ese hombre que sólo conocía de vista. Así con miedo acudió a su madre y ambas fueron a interponer una denuncia; lo detuvieron. 

El juez que atendió el caso expuso dos panoramas: cárcel o reparación del daño. Decidieron, sin consultarla que él se tenía que casar con ella para “limpiar su reputación y hacerse cargo del bebé”. 

Menor de edad, así se estipuló que se casaría con un desconocido que la amenazó, que abusó sexualmente de ella, que le truncó sus estudios, sus sueños, que le arrebató su vida. Además fue obligada a tener un hijo que no deseó.  

En los años sesenta surgieron movimientos sociales que provocaron la liberación y empoderamiento femenino, sin embargo ella vivía una realidad alterna en donde no tenía acceso a la información, donde no podía trabajar, ir a la escuela y mucho menos opinar y tomar decisiones. 

Su única opción fue asumir los roles de género impuestos por la sociedad: quedarse en su casa a esperar el sustento económico, tener hijos, lavar, cocinar y atender a un hombre que no conocía y al que le tenía miedo porque era borracho, agresivo, irresponsable, manipulador… y un violador. 

En ese contexto nació su primer hijo, al que amó desde el primer momento y por el que ha ganado varias batallas. Dos años después nació su primera hija y segunda de ese matrimonio al que fue forzada. Los niveles de violencia habían crecido exponencialmente. 

Tras varios intentos por escapar de esa realidad, en uno de sus comunes ataques de celos él la golpeó y para defenderse ella hizo lo mismo con él, sacó fuerzas desde sus entrañas. Los golpes y jaloneos llegaron hasta la estufa de petróleo que en ese momento estaba encendida, el cuarto de la vecindad en la que vivían empezó a incendiarse. 

Ese día entre las llamas del fuego ella descubrió por primera vez, que era valiente, que tenía opciones y que podía decidir lo que quería y lo que no para su vida. Aferrada a sus hijos huyó de cuatro años de violencia y miedo. 

La religión que ella práctica prohíbe el aborto, sin embargo, desde su experiencia considera que las mujeres deben tener la libertad de elegir sobre sus cuerpos, sobre sus sueños, sobre su futuro y no conformarse con la resignación.  

 “Si me hubieran preguntado hubiera preferido no tener un hijo… mi vida sería otra, hubiera seguido estudiando, hubiera tenido trabajo, hubiera tenido amigas, hubiera conocido más personas, más lugares… pero tampoco tendría la familia que tengo ahora, entonces entiendo que no se trata de mí, se trata de las mujeres que vienen, se trata de que ninguna mujer tenga hijos si no quiere”.   

María tiene 70 años y ya está preparada para ir por primera vez a una marcha feminista, la acompañarán sus hijas y algunas de sus nietas. La razón por la que va es porque considera que las mujeres tienen mucho que exigir y las autoridades una deuda impagable con ellas. 

“Nos están enseñando a despertar, los propios hijos nos enseñan a despertar porque ya viven en otra época, nunca es tarde para hacerlo… Y aunque no estoy de acuerdo en muchas cosas que se hacen las marchas o en su ideología, les aplaudo lo que están haciendo, porque no sólo lo hacen por ellas, lo hacen por todas y sólo así nos van a escuchar y harán justicia”.