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Guillermo Azanza, 65 años de marionetista

Por Estrella Govea

Marzo 27, 2025 03:00 a.m.

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La exposición dedicada a Guillermo Azanza, marionetista que celebra 65 años de trayectoria, será inaugurada este jueves 27 de marzo a las 19:00 horas en el Museo Francisco Cossío, dando inicio a una muestra que reúne algunas de las marionetas más icónicas de su colección, así como escenografías y objetos utilizados a lo largo de su carrera.

El trabajo de Azanza ha dejado una huella en la cultura potosina. Su presencia en festivales, eventos públicos y escenarios de todo el país ha convertido a sus marionetas en un referente del arte escénico de la ciudad. Desde su primera función en 1960, ha dedicado su vida a la manipulación de títeres y marionetas, creando historias en las que la música juega un papel esencial. Su labor no se ha limitado al entretenimiento, pues sus espectáculos han servido como herramienta de enseñanza y reflexión.

Las marionetas han sido, a lo largo de la historia, un medio para transmitir ideas, hacer crítica social y reforzar la identidad cultural. En México, su auge se dio en el siglo XIX con los hermanos Rosete Aranda, pero en San Luis Potosí, el nombre de Guillermo Azanza es clave en la historia de este arte. Su carrera comenzó a temprana edad, cuando con apenas diez años ofreció su primera función. A los quince, ya había realizado cientos de presentaciones anuales, consolidándose como un artista autodidacta con un estilo propio.

El acervo de Azanza incluye más de cien títeres de distintas partes del mundo, desde piezas tradicionales de Checoslovaquia, Birmania y China hasta creaciones propias. Su colección de escenografías y utilería refleja la evolución de su trabajo y la riqueza visual de sus montajes. Esta exposición permitirá recorrer seis décadas de historia, en las que el marionetista ha llevado sus espectáculos a diversos escenarios, formando parte de proyectos de investigación, preservación y divulgación de este arte.

A lo largo de su trayectoria, ha recibido reconocimientos como el otorgado por el Museo Nacional de la Máscara en 1991 y los homenajes en el Festival Nacional de Títeres de Monterrey y el Festival Mireya Cueto. Su legado ha trascendido generaciones, con el apoyo de su familia en la producción de nuevos espectáculos y la conservación de su acervo.