Bolivia no es México

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Spoiler alert: Este texto no es sobre golpes de estado ni sobre asilos.

Hace unos días escuché a un Senador mexicano cuestionando el papel que había desempeñado la Organización de Estados Americanos frente al conflicto político en Bolivia. Ya recordará Usted la secuencia de eventos que vienen un poco más atrás de la elección del 20 de octubre. De manera concreta, hay que recordar que la Organización de Estados Americanos publicó el informe preliminar de su Análisis de Integridad Electoral correspondiente a las Elecciones Generales en el Estado Plurinacional de Bolivia –googlead, si os interesa-, donde se evidencian irregularidades graves que afectaron la integridad de la elección en aquel país. Hay que señalar que ese informe forma parte de una misión de observación electoral que fue producto de la firma de acuerdos entre la Secretaría General de la OEA y el Gobierno de Bolivia. Esta misión de observación y el análisis de integridad electoral no es un asunto nuevo, hace unos meses, por ejemplo, se publicó el Informe final de las elecciones en México del 2018 –googlead, si os interesa-. Dicho de otra forma, la OEA ya tiene muchos años haciendo este trabajo.

No me referiré a las modificaciones de orden constitucional que dieron la oportunidad a Evo Morales de aspirar a la reelección, ni tampoco a la participación de las fuerzas armadas de Bolivia en “sugerir” la renuncia al puesto. Tampoco es de mi interés participar en el debate de si México debe o no ser amigo de Evo Morales. La siguiente es información de integridad electoral, pura y dura. Mi propósito es compartirle la presentación de un conjunto de hallazgos que son revelados en el Informe de la OEA y que constituyen importantes lecciones sobre las cosas que tienen que cuidarse en una elección. Lo hemos dicho en otro momento: la estabilidad y la gobernabilidad en un país dependen en gran medida, de la posibilidad de que una sociedad cuente con procesos electorales íntegros, auténticos, bien llevados.

El informe preliminar de la OEA documenta hallazgos graves en la auditoría de 4 componentes: la autenticidad y confiabilidad de las actas de escrutinio, la custodia integral de todo el material electoral (actas, boletas, registros), el funcionamiento de los sistemas informáticos utilizados para los resultados preliminares y el cómputo oficial, y el flujo de la carga de datos de los resultados preliminares y finales. Vamos por partes:

El equipo auditor de la OEA encontró indicios de falsificación de actas y materiales utilizados en las mesas de votación. Como evidencia de ello se encontró que había actas que habían sido llenadas por una misma persona, que había actas donde el partido oficialista había obtenido el 100% de los votos, y que en algunas de las casillas también había asistido a votar el 100% de los electores registrados en el padrón.

En la custodia del material electoral se logró documentar que el 38% de una muestra de actas presentaban inconsistencias en el número de ciudadanos que votaron, es decir, que las actas reflejaban más votos que la cantidad de electores registrados. Hubo omisiones importantes para resguardar el material electoral y documentación sensible. Se incendiaron materiales electorales, se cambiaron sedes para el cómputo oficial sin previo aviso. Se descuidó el traslado del material electoral.

En lo referente a los sistemas informáticos –esta historia nos suena-, también hay inconsistencias gravísimas. El sistema de Transmisión de Resultados Electorales debe funcionar con una ruta auditada y protegida, en donde se evite la manipulación directa de las bases de datos. El Informe detalla graves vulneraciones a estos principios: la base de datos no se encontraba en ceros al inicio de la captura, se detectaron manipulaciones a los resultados, el flujo de actas provenía desde servidores que no formaban parte de la red auditada, se detectaron vulnerabilidades que permitían manipular las aplicaciones sin estrictos filtros de seguridad. Y en el TREP (equivalente a nuestro PREP en boliviano) el apagón del sistema (equivalente a nuestra caída del sistema) arrojó tendencias inexplicables en favor del partido oficialista una vez que se reestableció la captura y transmisión. Todo mal.

El Informe de la OEA no juzga ni califica una elección, sino que proporciona elementos que las autoridades deben considerar para la protección de la integridad de la misma. No me corresponde discutir el uso político que puede darse a estas evidencias, sino que me resulta más importante señalar que un informe de este tipo advierte las vulnerabilidades y problemas encontrados en la realización de una elección. En el caso de México, sabemos que se cuenta con un muy complejo –y costoso- modelo de organización electoral diseñado, precisamente, para ajustarse a los estándares de integridad electoral. 

A quien quiera interesarse por mejorar nuestro sistema electoral, le haría bien echar un vistazo a las cosas que se tienen que cuidar para que las elecciones salgan bien. Lo curioso del asunto es que no he visto relación alguna entre las reformas electorales propuestas y las evidencias de este tipo de informes. Los reformistas tienen otras preocupaciones políticas.  

La certeza de los procesos electorales puede tener altos costos financieros, pero el precio a pagar por la perturbación de la paz social es bastante mayor. Lo dijimos en otro momento: la democracia tiene valor, no tiene costo.

Twitter. @marcoivanvargas